Pese a ocupar solo el 2 % de la superficie terrestre, las ciudades son importantes contribuyentes a las emisiones de gases de efecto invernadero.
Según un nuevo estudio, 25 megaciudades generan el 52 % de las emisiones urbanas de gases de efecto invernadero.
Aunque las ciudades asiáticas emiten la mayor cantidad de gases de efecto invernadero, las ciudades de Europa, Australia y Estados Unidos registraron emisiones per cápita significativamente más altas.
De las 167 ciudades estudiadas, 113 han fijado distintos tipos de objetivos de reducción de emisiones de GEI, pero solo 40 se han propuesto objetivos de neutralidad de carbono.
Una nueva investigación publicada por la editorial de acceso abierto Frontiers inventaría las emisiones de gases de efecto invernadero de 167 ciudades distribuidas por todo el mundo. El estudio muestra que solo 25 megaciudades generan el 52 % de las emisiones de gases de efecto invernadero de las ciudades estudiadas. Las ciudades asiáticas emiten la mayor cantidad de gases de efecto invernadero (GEI), y la mayoría de las ciudades de los países desarrollados registraron emisiones per cápita de GEI significativamente más altas que las de los países en desarrollo. Los autores proponen tres recomendaciones clave de política.
En 2015, 170 países de todo el mundo adoptaron el Acuerdo de París, con el objetivo de limitar el aumento de la temperatura media mundial a 1,5 °C. Tras el acuerdo, muchos países y ciudades propusieron objetivos de mitigación de gases de efecto invernadero. Sin embargo, el Informe sobre la brecha de emisiones del PNUMA 2020 muestra que, sin medidas drásticas y estrictas para mitigar la crisis climática, seguimos encaminados a un aumento de la temperatura de más de 3 °C para finales del siglo XXI.
Un nuevo estudio publicado en la revista Frontiers in Sustainable Cities presenta el primer balance global de los gases de efecto invernadero (GEI) emitidos por las principales ciudades del mundo. El objetivo fue investigar y supervisar la eficacia de las políticas históricas de reducción de GEI aplicadas por 167 ciudades distribuidas por todo el mundo, que se encuentran en distintas etapas de desarrollo.
Aunque solo ocupan el 2 % de la superficie terrestre, las ciudades son grandes contribuyentes a la crisis climática. Sin embargo, los objetivos actuales de mitigación de GEI en las zonas urbanas no son suficientes para alcanzar los objetivos mundiales de cambio climático para finales de este siglo. «Actualmente, más del 50 % de la población mundial reside en ciudades. Se informa de que las ciudades son responsables de más del 70 % de las emisiones de gases de efecto invernadero, y comparten una gran responsabilidad en la descarbonización de la economía mundial. Los métodos de inventario actuales que utilizan las ciudades varían a nivel mundial, lo que dificulta evaluar y comparar el progreso de la mitigación de emisiones a lo largo del tiempo y en distintos espacios», afirma el coautor, el Dr. Shaoqing Chen, de la Universidad Sun Yat-sen, China.
Emisiones de gases de efecto invernadero: principales conclusiones
1. Las 25 ciudades principales representaron el 52 % del total de las emisiones urbanas de gases de efecto invernadero.
2. Las ciudades de Europa, Australia y Estados Unidos registraron emisiones per cápita significativamente más altas que las ciudades de zonas en desarrollo.
3. La energía estacionaria y el transporte fueron las dos principales fuentes de emisiones.
4. De las 42 ciudades que contaban con datos de series temporales trazables, 30 redujeron las emisiones anuales de GEI durante el período de estudio, aunque en varias ciudades las emisiones aumentaron.
5. 113 de las 167 ciudades han fijado distintos tipos de objetivos de reducción de emisiones de GEI, mientras que 40 se han propuesto objetivos de neutralidad de carbono.
Los mayores contaminadores
En primer lugar, los autores realizaron inventarios de emisiones de gases de efecto invernadero a nivel sectorial de las 167 ciudades, desde áreas metropolitanas como Durban (Sudáfrica) hasta ciudades como Milán (Italia). Después, analizaron y compararon los avances en la reducción de carbono de las ciudades a partir de los inventarios de emisiones registrados en distintos años (de 2012 a 2016). Por último, evaluaron los objetivos de mitigación de carbono de las ciudades a corto, medio y largo plazo. Las ciudades se seleccionaron en 53 países (de América del Norte y del Sur, Europa, Asia, África y Oceanía) y se eligieron en función de su representatividad en cuanto a tamaño urbano y distribución regional. El grado de desarrollo se determinó según si pertenecían a países desarrollados o en desarrollo, de acuerdo con los criterios de clasificación de la ONU.
Los resultados muestran que tanto los países desarrollados como los países en desarrollo cuentan con ciudades con altas emisiones totales de gases de efecto invernadero, pero que las megaciudades de Asia (como Shanghái en China y Tokio en Japón) son emisoras especialmente importantes. El inventario de emisiones per cápita mostró que las ciudades de Europa, Estados Unidos y Australia registraron emisiones significativamente más altas que la mayoría de las ciudades de los países en desarrollo. China, clasificada aquí como país en desarrollo, también tenía varias ciudades en las que las emisiones per cápita equivalían a las de los países desarrollados. Cabe señalar que muchos países desarrollados externalizan cadenas de producción con alto contenido de carbono a China, lo que incrementa las emisiones relacionadas con las exportaciones de este último.
Los investigadores también identificaron algunas de las fuentes más importantes de emisiones de gases de efecto invernadero. «Desglosar las emisiones por sector puede indicarnos qué medidas deben priorizarse para reducir las emisiones procedentes de edificios, el transporte, los procesos industriales y otras fuentes», afirma Chen. La energía estacionaria, que incluye las emisiones procedentes de la combustión de combustibles y del uso de electricidad en edificios residenciales e institucionales, edificios comerciales y edificios industriales, representó entre el 60 y el 80 % de las emisiones totales en las ciudades de América del Norte y Europa. En un tercio de las ciudades, más del 30 % de las emisiones totales de gases de efecto invernadero procedían del transporte por carretera. Por su parte, menos del 15 % de las emisiones totales procedían de los ferrocarriles, las vías navegables y la aviación.
Por último, los resultados muestran que los niveles de aumento y disminución de las emisiones variaron entre las ciudades durante el período de estudio. En 30 ciudades se registró una clara disminución de las emisiones entre 2012 y 2016. Las cuatro ciudades con mayor reducción per cápita fueron Oslo, Houston, Seattle y Bogotá. Las cuatro ciudades con mayor aumento de las emisiones per cápita fueron Río de Janeiro, Curitiba, Johannesburgo y Venecia.
Recomendaciones de política
De las 167 ciudades, 113 han fijado distintos tipos de objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, mientras que 40 se han propuesto objetivos de neutralidad de carbono. Sin embargo, este estudio se suma a otros muchos informes e investigaciones que muestran que aún estamos muy lejos de alcanzar los objetivos fijados en el Acuerdo de París.
Chen y sus colegas formulan tres recomendaciones clave de política. En primer lugar, «deben identificarse los sectores clave emisores y establecerse como objetivo para diseñar estrategias de mitigación más eficaces. Por ejemplo, deben evaluarse las diferencias en el papel que desempeñan para las ciudades el uso de energía estacionaria, el transporte, el uso de energía doméstica y los tratamientos de residuos».
En segundo lugar, también es necesario desarrollar inventarios de emisiones de gases de efecto invernadero metodológicamente coherentes a nivel mundial, para hacer un seguimiento de la eficacia de las políticas de reducción de GEI urbanas. Por último: «Las ciudades deberían fijar objetivos de mitigación más ambiciosos y fácilmente trazables. En determinada etapa, la intensidad de carbono es un indicador útil que muestra la descarbonización de la economía y proporciona mayor flexibilidad a las ciudades de crecimiento económico rápido y aumento de las emisiones. Pero, a largo plazo, pasar de los objetivos de mitigación de intensidad a objetivos de mitigación absolutos es esencial para alcanzar la neutralidad de carbono a nivel mundial en 2050».





