La generación de electricidad con carbón en Europa cayó un quinto en la primera mitad de este año, y casi todos los países que queman carbón redujeron su uso.
Europa Occidental registró caídas especialmente drásticas en la producción de hasta el 79 % en Irlanda, según el centro de estudios sobre clima Sandbag. Además, hubo momentos en los que la generación fue nula o casi nula en numerosos países. Por ejemplo, el Reino Unido desconectó sus centrales de carbón durante quince días en mayo, por primera vez.
En términos absolutos, Alemania registró la mayor caída, ya que redujo de forma considerable tanto el carbón duro como su lignito, más contaminante. Sin embargo, sigue siendo responsable de más de un tercio de la generación con carbón en la UE en lo que va de año, según muestra la investigación.
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El auge de las renovables
Los recursos renovables están ocupando lentamente el lugar del carbón, con un aumento de la energía solar y eólica en toda la UE. Sin embargo, el uso del gas, otro combustible fósil, ha aumentado a medida que el carbón desaparece y la fijación de precios del carbono modifica los incentivos.
La caída del uso del carbón ha sido mucho menor en los países de Europa oriental, que han adoptado menos alternativas ecológicas. Y en algunos casos, como Eslovenia y Bulgaria, la generación con carbón incluso aumentó. Muchos países, entre ellos Polonia, la República Checa, Rumanía, Bulgaria y Grecia, siguen dependiendo en gran medida del lignito.
Lo malo y lo sucio
La tendencia a un menor uso del carbón sitúa a la UE en camino de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero un 1,5 % interanual. Pero la eliminación progresiva del carbón sigue siendo bastante lenta: en 2019 solo se han cerrado unas pocas centrales, sobre todo en el Reino Unido y Alemania. Además, el carbón seguirá representando el 12 % de las emisiones de gases de efecto invernadero de la UE este año.
A nivel mundial, el carbón representa casi dos quintos de la electricidad generada, según la Agencia Internacional de la Energía. También es fundamental en las industrias del hierro y el acero. Y, aunque su uso ha disminuido en algunas regiones, como Estados Unidos y Europa, la demanda sigue aumentando en China e India.








