En los últimos 75 años, el capitalismo de inversión de libre mercado ha sacado de la pobreza a decenas de millones de estadounidenses y, junto con la democracia y el Estado de derecho, nos ha permitido disfrutar de un aumento sin precedentes de la prosperidad y la calidad de vida. Hoy afrontamos un desafío histórico: el cambio climático, como demuestran las pérdidas humanas y la destrucción masiva de bienes e infraestructuras causadas por los huracanes Harvey, Irma y Maria. El capitalismo de inversión también puede ayudarnos a superar este desafío.
Cada vez más inversores institucionales creen que el cambio climático representa un riesgo grave para la prosperidad mundial. También lo creen las personas y los asignadores de activos que confían su dinero a los inversores institucionales para que lo inviertan. A diferencia de la crisis financiera de 2008, que surgió de repente, la crisis climática es una tormenta que se avecina y se desarrolla a lo largo de décadas, con consecuencias irreversibles, graves y globales.
Los mayores fondos de pensiones y los inversores institucionales en acciones poseen una gran parte del mercado bursátil y están expuestos a riesgos sistémicos derivados del cambio climático severo. Exigir a los directivos que divulguen su huella ambiental de forma coherente y conforme a estándares sectoriales puede reducir este riesgo sistémico sin efectos adversos.
Aunque existen numerosos marcos para informar sobre sostenibilidad, el Sustainability Accounting Standards Board (SASB) está concebido específicamente para respaldar la toma de decisiones de los inversores mediante información comparable y cuantificada en las presentaciones ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos. Al reconocer que la sostenibilidad es una cuestión internacional, el SASB se ha asociado recientemente con el Climate Disclosure Standards Board (CDSB) para armonizarse con las recomendaciones del Grupo de Trabajo del G20 sobre Divulgación de Información Financiera Relacionada con el Clima (TCFD). Al exigir que los consejos de administración y los directivos de las empresas divulguen métricas estandarizadas por el SASB/CDSB, los inversores pueden impulsar una ola de informes sobre sostenibilidad y, con ello, cambiar la trayectoria de las emisiones de CO2 de Estados Unidos y mostrar al mundo el poder de nuestro sistema de libre mercado.
Los estudios demuestran que las empresas que toman medidas para operar de forma más sostenible superan a sus pares en rentabilidad para los accionistas. En un estudio reciente de Henley Business School, los investigadores examinaron la relación entre la divulgación de emisiones de carbono y el desempeño financiero de empresas del Reino Unido. Descubrieron que el mero acto de divulgar información mejora el comportamiento del precio de las acciones y que existe «una relación positiva significativa entre la divulgación corporativa de carbono y el desempeño financiero corporativo».
En otro estudio, investigadores de Harvard analizaron el impacto financiero futuro de las inversiones en sostenibilidad materiales e inmateriales. Mediante el marco de materialidad del SASB, determinaron que las empresas con buenas calificaciones en cuestiones materiales de sostenibilidad superan a sus pares con calificaciones inferiores. En concreto, descubrieron que las empresas con mejor desempeño lograron un alfa anualizado estimado de +4,83 %, mientras que las empresas que no realizaron inversiones tuvieron un alfa anualizado estimado de −2,20 %.
En octubre, Boston Consulting Group publicó un informe que coincidía: «los inversores recompensaron a las empresas con mejor desempeño en temas ESG específicos con múltiplos de valoración entre un 3 % y un 19 % superiores… a los de las empresas con desempeño mediano». Además, descubrieron que los márgenes de las empresas con mejor desempeño eran hasta un 12,4 % más altos. Es irrelevante que esto se deba a una correlación (los equipos directivos que comprenden la necesidad de operar de forma sostenible son mejores gestores en general) o a una causalidad (gracias a sus mejores esfuerzos de sostenibilidad, estos directivos crean valor de marca y fidelidad de los clientes, lo que les permite obtener mejores resultados financieros); hay pruebas convincentes de que divulgar información sobre sostenibilidad puede ayudar a los inversores a tomar mejores decisiones.
Los posibles beneficios son enormes. Las emisiones de CO2 pueden reducirse considerablemente si los consejos de administración y los directivos se comprometen con la sostenibilidad. Si todas las empresas pertinentes que pudieran adoptar iniciativas contra el cambio climático e informar sobre sus avances en sostenibilidad lo hicieran, el resultado sería una reducción de las emisiones de CO2 de aproximadamente 10.000 millones de toneladas para 2030, es decir, cerca de la mitad de la diferencia entre la proyección de 61.000 millones de toneladas del escenario «sin cambios» y el objetivo de 42.000 millones de toneladas del escenario de dos grados de la COP 21. Cuando los consejos de administración y los directivos divulgan información como el consumo total de energía, el uso de energías renovables y el reciclaje de residuos de fabricación, los equipos directivos de empresas rivales del sector procuran mejorar sus métricas para competir. El coste de medir y divulgar es insignificante en comparación con el cambio de comportamiento que esta información desencadenará.
La divulgación es la solución
Los inversores están insatisfechos con la situación actual. Las iniciativas corporativas existentes para informar sobre sostenibilidad y divulgar información son deliberadamente opacas y ofrecen información prácticamente inútil para los inversores exigentes. Aunque el 75 % de los temas de divulgación del SASB relacionados con el clima se mencionan en las presentaciones ante la SEC, no se informan de manera útil. Un total del 82 % de las empresas del S&P 500 publicó informes de sostenibilidad en 2016. Sin embargo, de las que informaron, el 76 % no divulgó ninguna métrica y el 53 % utilizó un lenguaje insípido y estereotipado que no aportaba información. La mayoría del 24 % que sí divulgó métricas proporcionó datos que no eran comparables entre empresas del mismo sector. Los informes plagados de lugares comunes nunca conducirán al progreso.
Los grandes asignadores de activos de fondos de pensiones deberían preguntar a sus gestores de renta variable cómo evalúan la sostenibilidad al seleccionar inversiones en acciones. ¿Es la sostenibilidad solo una frase en su sitio web o un proceso analítico cuantificado, respaldado por métricas transparentes y estandarizadas? Los gestores de renta variable deberían hacer oír su voz.
El Grupo de Trabajo sobre Divulgación de Información Financiera Relacionada con el Clima, presidido por Michael Bloomberg, tiene una agenda mucho más ambiciosa. Propone que las empresas informen del posible impacto del entorno cambiante en ellas, utilizando análisis de escenarios futuros y otras metodologías que aún no se han acordado. Aunque esta vía es encomiable, podrían pasar entre tres y cinco años antes de que se establezcan normas y se alcance un consenso. Proponemos que las empresas divulguen hoy su impacto en el medio ambiente, algo que puede hacerse con un alto nivel de calidad utilizando las herramientas existentes del SASB/CDPB, a partir de 2018.
Si el capitalismo de inversión no lo hace, nadie lo hará. Al actuar conjuntamente, los inversores capitalistas pueden motivar a los consejos de administración y a los equipos directivos a divulgar información sobre sostenibilidad. Después, que decida el mercado. Lo que se mide se puede gestionar. Hay una vieja expresión en los mercados de valores: «la divulgación es la solución». Quizá nunca haya sido más cierta que en lo que respecta a la divulgación de información sobre sostenibilidad y el cambio climático.





