La brecha entre la ambición y la ejecución en materia de naturaleza nunca ha sido tan evidente, mientras los líderes se preparan para reunirse en Ereván con motivo de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Biodiversidad.
Los ecosistemas sanos sustentan las economías, pero sin colaboración entre los sectores público y privado, los gobiernos tendrán dificultades para alcanzar los objetivos mundiales en materia de naturaleza.
Las empresas del Sur Global ofrecen un modelo para convertir las ambiciones en materia de biodiversidad en acción, y estas iniciativas deben replicarse y ampliarse.
Mientras los gobiernos se preparan para reunirse en la capital armenia, Ereván, con motivo de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Biodiversidad de 2026 (COP17), la brecha entre la ambición y la ejecución en materia de naturaleza nunca ha sido tan evidente. El Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal exhorta a las empresas a contribuir a detener e invertir la pérdida de naturaleza para 2030, pero demasiados países aún consideran a las compañías como partes interesadas a las que consultar, y no como socias en la ejecución.
Esto supone un problema tanto para la naturaleza como para la economía. Los ecosistemas sanos sustentan la productividad, las cadenas de suministro, la inversión y la resiliencia a largo plazo. Sin una participación significativa del sector privado, los gobiernos no solo tendrán pocas probabilidades de alcanzar sus objetivos de biodiversidad, sino que también corren el riesgo de debilitar los cimientos económicos de los que dependen sus sociedades. Para los ministros de Finanzas y los directores ejecutivos por igual, lo que está en juego es importante: unos ecosistemas más débiles encarecen los costes, alteran las cadenas de suministro y aumentan las primas de riesgo.
Sin embargo, en todo el Sur Global está surgiendo un modelo diferente. A través de iniciativas respaldadas por Business for Nature, los gobiernos y las empresas están diseñando conjuntamente hojas de ruta, políticas y métricas que traducen los compromisos en materia de biodiversidad en acciones prácticas.
Cómo puede contribuir la empresa a convertir los compromisos en materia de biodiversidad en acción
La lección de nuestro trabajo es clara: los gobiernos tienen muchas más probabilidades de alcanzar los objetivos de biodiversidad cuando tratan a las empresas como socias en la ejecución, a las que deben involucrar, apoyar y exigir responsabilidades. Destacan tres conclusiones:
Crear alianzas con un propósito
Elaborar hojas de ruta que las empresas puedan aplicar
Crear sistemas que recompensen la ambición
1. Crear alianzas con un propósito
La colaboración eficaz entre los sectores público y privado depende menos del número de empresas implicadas que de si se involucra a las empresas adecuadas mediante un proceso estructurado. Bien planteado, ese proceso genera desde el principio confianza, ambición y responsabilidad.
En Chile, el Ministerio del Medio Ambiente se asoció con Acción Empresas, una de las principales redes empresariales del país, lo que permite al gobierno involucrar a empresas ambiciosas y pasar con rapidez del diálogo a la acción en materia de biodiversidad y naturaleza.
En Nigeria, las empresas fueron sometidas a un riguroso proceso de selección basado en sus compromisos con la naturaleza antes de incorporarse a los grupos asesores, mientras que en Malasia los representantes empresariales se seleccionaron entre sectores con impactos y dependencias significativas respecto de la naturaleza, entre ellos las plantaciones, las finanzas, el transporte marítimo, la minería y las infraestructuras.
La experiencia demuestra que los gobiernos necesitan mecanismos que incorporen a las empresas ambiciosas al diseño de políticas desde el principio, en lugar de depender de consultas amplias pero no estructuradas.
2. Elaborar hojas de ruta que las empresas puedan aplicar
El diálogo por sí solo no impulsa la ejecución. Las empresas necesitan una hoja de ruta clara que traduzca las ambiciones nacionales en expectativas prácticas y señale hacia dónde se dirige la política.
El plan de acción empresarial de Chile respalda directamente la Meta 15 del Marco Mundial de Biodiversidad, que alienta a las empresas a evaluar y divulgar sus riesgos, impactos y dependencias respecto de la naturaleza. Elaborado conjuntamente por 20 empresas y seis ministerios de la Administración, establece las medidas normativas, de información y de gobernanza necesarias para apoyar la ejecución y ofrece a las empresas una mayor claridad sobre las expectativas futuras.
La Hoja de ruta para acelerar la acción en favor de la biodiversidad de Malasia establece expectativas con plazos definidos en los sectores de alto impacto, incluidos los objetivos de certificación sostenible y los planes de acción en favor de la biodiversidad. Este tipo de objetivos compartidos ayuda a las empresas a planificar con antelación, reduce la incertidumbre para quienes actúan primero y fomenta una acción ambiciosa sin generar desventajas competitivas.
Indonesia ofrece otra lección. Al alinear los compromisos en materia de biodiversidad, silvicultura y clima dentro de un marco único, ofrece a las empresas una comprensión más clara de cómo la acción en favor de la naturaleza contribuye a varios objetivos nacionales a la vez.
3. Crear sistemas que recompensen la ambición
La acción empresarial voluntaria por sí sola no basta para ampliar la acción necesaria para detener e invertir la pérdida de naturaleza. Los gobiernos deben crear las condiciones para el éxito.
Varios países ya están sentando las bases de futuros marcos normativos, al tiempo que ayudan a las empresas a prepararse para lo que viene. Para las compañías, participar en el diseño de políticas es tanto una estrategia de gestión de riesgos como una oportunidad para anticiparse al cambio, invertir con confianza y reforzar su competitividad.
El desarrollo de capacidades es un elemento clave de ese proceso. Colombia y Sudáfrica han invertido en programas que ayudan a las empresas a comprender su relación con la naturaleza y a elaborar estrategias alineadas con los objetivos nacionales de biodiversidad. Estas iniciativas abordan un tema común: no puede esperarse que las empresas actúen si carecen de las herramientas y los conocimientos necesarios para hacerlo.
Los gobiernos también deben recurrir a una combinación más amplia de instrumentos de política. Los incentivos fiscales y financieros deben recompensar la acción adecuada. La contratación pública, las finanzas, los regímenes de certificación y la regulación por fases pueden contribuir a proteger y restaurar la naturaleza y a reforzar la resiliencia en toda la economía.
Convertir los compromisos en materia de naturaleza y biodiversidad en acción
Mientras los gobiernos hacen balance de sus avances en la COP17, el reto ya no consiste únicamente en fijar objetivos de biodiversidad, sino en crear las alianzas productivas necesarias para alcanzarlos.
Las experiencias del Sur Global demuestran que las empresas pueden ser socias poderosas e imprescindibles cuando los gobiernos estructuran la colaboración para impulsar la ambición y le dan seguimiento con hojas de ruta claras para la acción.
Los países que no involucren al sector privado corren el riesgo de ralentizar los avances hacia sus objetivos de biodiversidad. Quienes sí lo hagan podrán acelerar la ejecución y, al mismo tiempo, reforzar la resiliencia y la competitividad de sus economías.
Los gobiernos no necesitan partir de cero. Los ejemplos prácticos del Sur Global ya ofrecen un modelo para convertir las ambiciones en materia de biodiversidad en acción. La tarea ahora consiste en replicar y ampliar lo que funciona.





