Capitalismo de las partes interesadas es una serie de vídeos y pódcast que explora cómo transformar las economías para que estén al servicio de las personas y el planeta.
En el primer episodio analizamos el controvertido indicador del PIB y nos preguntamos si hay una forma mejor de medir el éxito económico.
El episodio presenta las reflexiones de Diane Coyle, profesora de políticas públicas de la Universidad de Cambridge, y Girol Karacaoglu, director de la Escuela de Gobierno de la Universidad Victoria y ex economista jefe del Tesoro de Nueva Zelanda.
Todo el mundo mira el producto interno bruto, el PIB, para medir el éxito económico. Pero es un indicador anticuado que pasa por alto los ingresos reales de las personas y todo aquello que no tiene un valor monetario fácil de calcular, como el entorno natural.
¿Cómo podemos medir nuestras economías de una forma que no incentive la destrucción del medioambiente, que ofrezca una mejor idea de cómo les va a las personas y que quizá incluso vaya más allá de la riqueza monetaria para incluir aspectos como el bienestar personal y hasta la felicidad?
En este primer episodio de Capitalismo de las partes interesadas, los presentadores Natalie Pierce y Peter Vanham preguntan qué falla en el PIB y cómo podríamos medir mejor el éxito económico.
Puede ver la conversación en el vídeo de arriba o escuchar aquí la versión en pódcast. Desplácese hacia abajo para leer la transcripción completa.
El PIB: explicación de los datos
Durante años, se ha utilizado el producto interno bruto como indicador de la prosperidad económica. Sin embargo, no refleja cómo les va a las personas ni indica el estado de las comunidades o nuestro impacto en el medioambiente. Esta animación pone las cifras en contexto.
Más allá del PIB: transcripción completa
Natalie Pierce: Bienvenidos a Capitalismo de las partes interesadas, un programa del Foro Económico Mundial que explora cómo lograr que las economías contribuyan al progreso y estén al servicio de las personas y el planeta. Soy Natalie Pierce. Me acompaña el coautor del libro Capitalismo de las partes interesadas, que explora qué ha fallado en el capitalismo y qué se puede hacer para corregirlo.
Peter Vanham: Es un verdadero placer estar aquí contigo y, sin duda, hablar de este libro que escribí junto con Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial. Lleva 50 años reflexionando sobre cómo puede funcionar el capitalismo, no solo en el interés a corto plazo de los accionistas, sino en beneficio de todas las partes interesadas de una empresa, incluidos sus empleados, las comunidades donde opera y, por supuesto, el planeta en su conjunto.
Natalie Pierce: Veamos cómo se desarrollará este programa. En cada episodio exploraremos un problema relacionado con el capitalismo y la globalización, planteado en tu libro.
Peter Vanham: Después hablaremos con dos expertos. El primero explicará con más detalle los problemas relacionados con ese tema. El segundo hablará de las posibles soluciones.
Natalie Pierce: Al final de cada episodio haremos un «análisis pospartido» para ver si hemos encontrado respuestas o soluciones, o cuál podría ser el siguiente paso.
Peter Vanham: El tema de hoy es «más allá del PIB»: por qué quizá ya no sea adecuado ese número mágico que los países utilizaban para medir su éxito económico.
Natalie Pierce: Peter, en pocas palabras, ¿qué ha fallado en el PIB?
Peter Vanham: Veamos el panorama mundial. Analicemos qué ocurrió con el PIB entre 1970 y 2019. En términos nominales, observamos una auténtica explosión en los últimos 50 años: [el PIB mundial se multiplicó por] 30.
Pero eso no nos da el panorama completo. Hay que ajustar por la inflación. En términos económicos, debemos fijarnos en el «PIB real». El segundo ajuste necesario es por el crecimiento demográfico. Así que debemos observar el «PIB real per cápita». Si lo hacemos, vemos que esa cifra solo se duplicó. No está mal, pero es mucho menos que el aumento de 30 veces que vimos al principio. Y recordemos que existe algo llamado «ingreso mediano». Se refiere a los ingresos reales de las personas. Si observamos esa cifra en Estados Unidos, por ejemplo, la mayor economía del mundo, vemos que solo aumentó un 40 %: menos de un 1 % al año.

Todo este crecimiento se produjo a expensas del planeta. Si observamos nuestra «biocapacidad», es decir, la capacidad del planeta para regenerar lo que consumimos el año pasado, vemos que en 1970 estaba más o menos en equilibrio con nuestra huella ecológica. Pero con el paso de los años empezamos a generar lo que se conoce como «déficit ecológico». Para 2019, ya consumíamos el doble de lo que el planeta podía regenerar. ¿Dos planetas? Solo hay uno. Está claro que se trata de una situación insostenible. Los ingresos no aumentan demasiado y consumimos muchos más recursos del planeta de los que puede regenerar. Esos son los problemas del PIB.

Natalie Pierce: Gracias, Peter. Ha llegado el momento de llamar a nuestro primer testigo experto. Peter, ¿a quién has encontrado en tus viajes para que nos cuente más sobre las deficiencias del PIB?
Peter Vanham: Diane Coyle. Es profesora de políticas públicas en la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, y también fue asesora del Tesoro británico. Entre otras cosas, es autora de PIB: una historia breve y afectuosa. También dirige una iniciativa llamada Más allá del PIB.
Peter Vanham: Has calificado el PIB de «indicador de tiempos de guerra». ¿Podrías explicarnos qué quieres decir?
Diane Coyle: La iniciativa de entender la economía en su conjunto y encontrar alguna medida agregada de la renta y la producción nacionales se remonta en realidad a la Gran Depresión de los años treinta. Pero fue la guerra la que impulsó el desarrollo de lo que acabaría convirtiéndose en el PIB que conocemos tan bien. Los gobiernos de Estados Unidos y el Reino Unido querían saber cuánto podían producir para el esfuerzo bélico y qué sacrificios tendría que hacer la población civil en materia de consumo y ahorro. Después de la guerra, las Naciones Unidas normalizaron este enfoque mediante un proceso para desarrollar un marco estadístico completo conocido como «sistema de cuentas nacionales»; el PIB es una de sus partes. Se supone que todos los países deben hacerlo de la misma manera, para que podamos compararlos entre sí y a lo largo del tiempo, y entender en qué medida se está produciendo un progreso económico,
Natalie Pierce: Los pioneros de este indicador expresaron sus dudas sobre el PIB. ¿Podrías contarnos más?
Diane Coyle: Desde el principio hubo intensos debates sobre qué debía incluirse y qué no, porque ¿cómo definimos lo que entendemos por economía? Se decidió no incluir la mayor parte del trabajo informal realizado en el hogar. En muchos países, buena parte de este trabajo recae en las mujeres: tareas como cuidar a los niños, limpiar y cocinar. Tampoco se incluyen muchos de los servicios que obtenemos de la naturaleza. Durante las décadas de 1960 y 1970, los ecologistas señalaron las consecuencias negativas de no tener en cuenta el coste que la actividad económica actual imponía a la naturaleza. Esos debates han sido constantes, y creo que la razón por la que hoy cobra tanto impulso la iniciativa Más allá del PIB es que hemos comprendido la brecha entre esa definición, creada a principios de la década de 1940. Entendemos que, literalmente, no hemos tenido en cuenta algunas consecuencias muy importantes de nuestra actividad.
El PIB y el medioambiente
Natalie Pierce: ¿Qué es la iniciativa Más allá del PIB?
Diane Coyle: La describiría como una coalición de responsables políticos, economistas y activistas que trabajan para desarrollar mejores indicadores del progreso de nuestra sociedad. El debate sobre cómo deberíamos medir la economía viene de lejos y, a mi parecer, especialmente por el impacto de la pandemia durante el último año, estamos en un punto de inflexión en el que esta iniciativa podría empezar a transformar realmente la forma en que se toman las decisiones empresariales y políticas.
Natalie Pierce: Diane, en tu libro mencionas que un árbol en pie no aporta nada al PIB hasta que se tala y se consume. ¿El PIB fomenta la destrucción del medioambiente?
Diane Coyle: Lamentablemente, a menudo sí, porque los aumentos a corto plazo del gasto en comercializar servicios y bienes basados en recursos naturales, o los propios recursos, han contribuido al crecimiento del PIB. Como consecuencia, no se ha pensado en el largo plazo y, por tanto, en la sostenibilidad. Del mismo modo que cualquier empresa tendría una cuenta de pérdidas y ganancias en su balance, nosotros también necesitamos una. Debemos poder entender las consecuencias a largo plazo de las actividades actuales sobre las reservas de activos naturales para lograr un crecimiento sostenible.
Peter Vanham: También escribiste que antes las contribuciones del sector financiero no se incluían en el PIB y que ahora sí. ¿Podrías contarnos un poco más sobre los motivos y cómo se hicieron esos ajustes?
Diane Coyle: Estás señalando la importancia de entender que se trata de una definición creada por las personas sobre lo que consideramos importante. El sector financiero es un gran ejemplo, porque su definición en las estadísticas ha cambiado varias veces en las décadas transcurridas desde la Segunda Guerra Mundial. Todos esos cambios han aumentado su contribución aparente al PIB. En la última serie de revisiones se utiliza actualmente lo que se denomina «servicios de intermediación financiera medidos indirectamente»; esto mide, en cierto modo, el precio que reciben, pero también el riesgo que asumen. Sin embargo, estas cuestiones nos llevan a la pregunta fundamental: ¿hasta qué punto mide bien el PIB lo que realmente nos importa, que es el bienestar económico? La iniciativa Más allá del PIB está planteando ahora preguntas bastante profundas sobre qué nos importa.
Peter Vanham: Entonces, ¿podría el ingreso mediano ser una forma más adecuada de describir cómo les va realmente a las personas, ya que es una medida con la que más gente puede identificarse que con el PIB?
Diane Coyle: En muchos países se ha abierto una brecha entre el aumento del PIB y el aumento de los ingresos que las personas reciben por su trabajo. A la vez, han aumentado los beneficios, cada vez más concentrados en manos de un número cada vez menor de empresas. Algo ha fallado en ese mecanismo de distribución de la prosperidad. El PIB ya no mide el aumento de la prosperidad como lo hacía hasta quizá hace 10 o 15 años. Por eso, observar los ingresos medianos de los hogares ofrece una idea mucho mejor de cómo le va a la persona típica de un país determinado y de si ve que su vida mejora.
Natalie Pierce: Diane, ¿cuál es la idea principal que deberían llevarse quienes nos escuchan hoy?
Diane Coyle: La idea principal es que no aceptemos ninguna estadística como palabra sagrada. Son ideas. Lo que debemos hacer es pensar qué ideas importan, qué objetivos importan y, por tanto, qué deberíamos medir. Esa es la conversación en la que todos debemos participar ahora.
Natalie Pierce: Gracias, Diane. Has expuesto de forma convincente los argumentos contra el PIB y has presentado algunas formas alternativas de medir el progreso económico. Puedes conocer mejor el trabajo de Diane en el sitio web del Instituto Bennett de Políticas Públicas.
Nuestro segundo testigo experto ha ido más allá del PIB y ha encontrado una forma alternativa de medir la economía. En este próximo segmento exploraremos soluciones. Peter, ¿adónde deberíamos mirar en el mundo?
Peter Vanham: Tendríamos que viajar bastante lejos. De hecho, hasta Nueva Zelanda, donde están probando indicadores nuevos y diferentes del PIB. Escuchemos primero a Jacinda Ardern, primera ministra de Nueva Zelanda, durante la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos, en 2019.
Jacinda Ardern: En Nueva Zelanda, proyectamos un crecimiento aproximado del 3 %; el desempleo está en el 3,9 % según las medidas tradicionales y tenemos superávit presupuestario. La gente nos miraría y diría: «Les va bastante bien». Pero tenemos tasas alarmantes de personas sin hogar y una de las tasas de suicidio juvenil más altas de la OCDE. Por eso, nuestro plan consiste en abordar el bienestar social de nuestro país, no solo el económico, mediante el trabajo que hacemos sobre el bienestar y un marco de niveles de vida.
Peter Vanham: Esa era Jacinda Ardern hablando del Marco de Niveles de Vida. Hoy nos acompaña en directo desde Nueva Zelanda uno de los arquitectos de este marco: el profesor Girol Karacaoglu. Es director de la Escuela de Gobierno de la Universidad Victoria de Wellington y ex economista jefe del Tesoro de Nueva Zelanda. Allí desarrolló este marco. ¿Podrías contarnos qué es el Marco de Niveles de Vida y cómo surgió?
Indicadores para una vida mejor
Girol Karacaoglu: El marco se basa en gran medida en los indicadores de la OCDE para una vida mejor o ¿Cómo va la vida? que reconocen que los ingresos y el empleo contribuyen de manera muy importante al bienestar de las personas, pero también reconocen, sobre la base de abundantes pruebas empíricas de todo el mundo, que a las personas les importan otras cosas, como las relaciones sociales. El Marco de Bienestar intenta traducir esto en políticas públicas que busquen mejorar tanto las fuentes materiales como las no materiales del bienestar, incluidas las relaciones sociales y la calidad del medioambiente.
Natalie Pierce: Según el marco, ¿cómo le va a Nueva Zelanda?
Girol Karacaoglu: Los datos recientes muestran que los resultados y el desempeño de Nueva Zelanda son muy dispares. En algunos ámbitos, como los ingresos per cápita y la asequibilidad de la vivienda, nos va muy mal. En cambio, la esperanza de vida, las relaciones sociales y la seguridad son relativamente altas, y la contaminación es baja. El capital natural está sometido a una enorme presión: la biodiversidad está empeorando. Pero el capital social, incluida la confianza en el gobierno, es bastante alto. Así que el panorama es desigual.
Natalie Pierce: ¿Y cómo lo recibe la población de Nueva Zelanda?
Girol Karacaoglu: Casi todo el sector público, tanto el gobierno central como los gobiernos regionales y locales, formula ahora propuestas de políticas e inversiones en torno al Marco de Bienestar y Niveles de Vida. Además, los gobiernos regionales y locales realizan sus ejercicios de planificación a largo plazo preguntando a la gente qué le importa e intentando reflejarlo.
Peter Vanham: ¿Qué ventajas tiene pensar en términos de reservas de capital en lugar del valor de la producción anual?
Girol Karacaoglu: Son importantes porque ponen de relieve que, si bien debemos generar flujos para mantener y proporcionar prosperidad actual a quienes viven hoy, preservar adecuadamente esas reservas de capital también nos permite ofrecer bienestar a las generaciones futuras. Uno de los grandes temas de las políticas públicas de Nueva Zelanda hoy es el bienestar intergeneracional. En otras palabras, ¿cómo podemos garantizar el bienestar de la población en general y, al mismo tiempo, preservar las reservas de capital para que las generaciones futuras también puedan disfrutarlo?
Peter Vanham: Entonces, ¿cómo sabemos si estos indicadores dan resultado?
Girol Karacaoglu: Lo que nos obliga a hacer —y es algo muy presente y activo en Nueva Zelanda— es pensar en las políticas públicas como conjuntos de medidas que se complementan entre sí. Un paquete de políticas que se centre tanto en mejorar el bienestar de una persona mediante la salud mental como en incentivar un cambio en la producción y el consumo hacia tecnologías más verdes y limpias cumpliría ambos objetivos.
Natalie Pierce: Si pudieras compartir una idea de esta conversación con tus estudiantes, ¿cuál sería?
Girol Karacaoglu: Existe una interrelación entre las formas de vida individuales y los resultados sociales y comunitarios en su conjunto. Por eso, los animaría a pensar siempre, hagan lo que hagan: «¿Ayuda a la sociedad? ¿Es bueno para el medioambiente? ¿Me proporciona un buen nivel de bienestar material? ¿Y permite que todos tengan derecho a expresarse y contribuir?». Si viven así, la sociedad también se beneficiará, tanto hoy como a lo largo de las generaciones.
Natalie Pierce: Gracias, Girol Karacaoglu por acompañarnos. Tu libro, Te quiero: políticas públicas para el bienestar intergeneracional, ya está disponible.
Natalie Pierce: Peter, nos planteaste el problema: el PIB ya no es adecuado para su propósito. ¿Qué has oído hoy que te haga tener más esperanza en una forma distinta de avanzar?
Peter Vanham: Me gustó esa primera idea que escuchamos: la solución rápida de observar los ingresos medianos de los hogares en lugar del PIB agregado. Creo que los ingresos te dicen mucho mejor cómo les va a las personas en una economía que ese PIB tan tosco, que en realidad no dice mucho. Esa fue la primera idea que me pareció muy útil.
Natalie Pierce: El PIB puede servir para medir una economía, pero no describe la situación de las personas; los ingresos son un indicador mejor y tienen un significado real para ellas. Sin embargo, el profesor Karacaoglu también nos dijo que los ingresos pueden seguir siendo una cifra agregada perjudicial para el medioambiente o el equilibrio entre la vida laboral y personal.
Peter Vanham: También me pareció útil la idea de considerar la riqueza como una reserva de capital y no solo como un flujo, porque, efectivamente, ayuda a ver estas cosas como algo que recibimos de nuestros padres y abuelos, de todas las generaciones anteriores, y que debemos dejar a quienes vengan después. Así que creo que otro aspecto es considerar la riqueza, el capital y todo lo que realmente produce valor más desde la perspectiva de las reservas que de los flujos.
Natalie Pierce: Estoy totalmente de acuerdo. Creo que, para el profesor Karacaoglu, ese énfasis en el bienestar intergeneracional fue algo que, como persona joven, obviamente me llegó mucho. También me gustó mucho lo que dijo Diane sobre el PIB como concepto: no es más que eso; puede transformarse, modificarse y reinventarse por completo.
Peter Vanham: Habló de la idea de que antes observábamos el PIB como un indicador de tiempos de guerra y, por eso, por ejemplo, no incluíamos las tareas domésticas no remuneradas, aunque todos sabemos que tienen mucho valor. Creo que en una economía en tiempos de paz quizá deberíamos darles más valor incluyéndolas también en esa cifra que es el PIB.
Natalie Pierce: Sí, no se trata del PIB o su PIB y. Y Jacinda Ardern también hizo hincapié en algunos de esos otros indicadores. Se nos ha acabado el tiempo. Gracias a Peter y a nuestros invitados, Diane Coyle y Girol Karacaoglu.
Peter Vanham: Volveremos pronto con otro episodio de Stakeholder Capitalism, y esta vez analizaremos a los empleados y cómo se les trata. También preguntaremos si quizá deberíamos reevaluar el papel de los sindicatos.
Natalie Pierce: Acompáñennos en el próximo episodio de Stakeholder Capitalism. Hasta la próxima.
Para ver la serie completa, visiten la página de Stakeholder Capitalism.
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