El G7 debe liderar la consecución de los objetivos oceánicos para 2020

Nations, organizations, businesses and citizens are rallying around marine challenges like never before
Nations, organizations, businesses and citizens are rallying around marine challenges like never beforeImage: REUTERS/Goran Tomasevic
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Siete de los jefes de Estado más poderosos del mundo se reúnen en Quebec. Afortunadamente, Canadá, el país anfitrión, ha puesto la protección del océano en el centro de sus debates. Creo que esta reunión podría ser un momento decisivo en nuestra carrera por alcanzar para 2020 las metas oceánicas fundamentales del Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS). Solo quedan dos años.

Mi mensaje a los líderes del G7 en el Día Mundial de los Océanos: esta es su oportunidad. Si envían una señal contundente sobre el océano, acelerarán las soluciones a los desafíos más apremiantes de nuestro planeta: el cambio climático, la seguridad alimentaria, la estabilidad económica y la contaminación. Impulsarán al sector privado y a otros actores no estatales a innovar, invertir, crear empleo y ampliar las iniciativas existentes.

Las condiciones están dadas para que triunfe nuestra misión de recuperar el océano. Nunca antes tantos países, organizaciones, empresas y ciudadanos se habían unido en torno a los desafíos marinos. Desde la contaminación marina por plásticos hasta la protección del Ártico y la conservación de los arrecifes de coral, el océano nunca había tenido tanta presencia en los medios. El impulso sigue creciendo. La conciencia mundial se ha movilizado, pero esto no ha ocurrido de repente. Es el resultado de décadas de sensibilización por parte de científicos, activistas y aliados del océano en todas partes. Si dejamos pasar este momento y esta constelación de oportunidades, traicionaremos no solo a nuestro océano, que lleva tanto tiempo sufriendo, sino también a la voluntad colectiva de la humanidad. La gente ya se ha pronunciado: quiere salvar el océano.

Soy optimista: tendremos éxito y, para 2030, habremos sanado nuestra relación a veces tóxica con los mares y la habremos transformado en una relación de respeto y equilibrio. Mi confianza nace del hecho de que contamos con un plan integral, acordado universalmente: el Objetivo de Desarrollo Sostenible 14, «Vida submarina», y sus diez metas específicas. Gracias a este marco mundial, he sido testigo de un auge sin precedentes de iniciativas durante los últimos 12 meses, desde que lanzamos un llamamiento a la acción en las Naciones Unidas con motivo del Día Mundial de los Océanos de 2017. En todo el mundo hay innumerables soluciones que están marcando la diferencia. Es necesario acelerarlas y ampliarlas, y hacerlo pronto. Ahí es donde el G7 puede ayudar.

Cuatro de las metas del ODS 14 deben cumplirse para 2020. Estas deberían ser prioritarias en las conversaciones del G7. Dos de ellas se refieren a la pesca: el compromiso de recuperar las poblaciones de peces hasta niveles sostenibles poniendo fin a la sobrepesca, a la pesca INDNR (ilegal, no declarada y no reglamentada) y a las prácticas pesqueras destructivas; y el compromiso de prohibir las subvenciones que contribuyen a estas formas perjudiciales de pesca. Las principales naciones pesqueras del G7 pueden determinar si alcanzamos o no estas metas.

Pueden fijar y cumplir una ambiciosa meta mínima del G7 para reducir la sobrepesca en sus aguas nacionales. Pueden crear alianzas con países en desarrollo e invertir en ellas para acelerar la transferencia de tecnologías de vigilancia y control marinos a las zonas que corren mayor riesgo de pesca INDNR; también pueden adoptar una postura firme contra las subvenciones pesqueras perjudiciales, tanto ahora como en la OMC en 2019. Destinar hasta 30.000 millones de dólares cada año a subvencionar la pesca perjudicial es tirar el dinero bueno detrás del malo, al mantener una pesca destructiva que, de otro modo, no sería rentable. Ha llegado el momento de cortar el grifo.

Las otras dos metas para 2020 se centran plenamente en la conservación marina: gestionar y proteger de forma sostenible los ecosistemas marinos y costeros, fortalecer su resiliencia y tomar medidas para restaurarlos; y conservar al menos el 10 % de las zonas costeras y marinas. Gracias a la creación de enormes nuevas áreas marinas protegidas (AMP) por parte del Reino Unido, Estados Unidos, Chile, México y otros países, en los últimos 12 meses se han añadido otros 6,6 millones de kilómetros cuadrados a la red mundial de AMP. Esta ahora cubre el 7,26 % del océano. Los países del G7 que van rezagados en este objetivo podrían compensar la diferencia y darnos una victoria clara que celebrar en 2020.

El G7 ejerce un enorme poder político y económico. Espero que escuche a sus ciudadanos y científicos y reafirme sus compromisos con el ODS 14. Espero que se comprometa con iniciativas e inversiones capaces de convertir las múltiples ondas que recorren el mundo en una gigantesca ola de acción para alcanzar los objetivos oceánicos de 2020. Porque, tanto si proceden de una pequeña isla del Pacífico Sur, como yo, como de una vasta tierra del norte, como nuestros anfitriones del G7, no hay un futuro seguro y sostenible sin un océano saludable. Todos tenemos el deber —y, sin duda, también lo tienen las naciones más poderosas y ricas del mundo— de cumplir nuestras promesas a la mitad azul de nuestro planeta.

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