La falta de sostenibilidad del cuero animal se ha convertido en un tema candente para la industria de la moda, y ha puesto en el centro de atención alternativas naturales más respetuosas con el medio ambiente.
La principal ventaja es la eficiencia del cultivo de hongos: no requieren luz, convierten los residuos en materiales útiles y almacenan carbono al acumularlo en el hongo.
Pasar de una sola espora a un producto acabado de “cuero de hongos” lleva un par de semanas, frente a los años necesarios para criar una vaca hasta la madurez.
Hace siete milenios desde su invención, el cuero sigue siendo uno de los materiales naturales más duraderos y versátiles. Sin embargo, algunos consumidores cuestionan las repercusiones éticas y sostenibilidad ambiental del uso de productos obtenidos de animales.
Este cambio en las normas sociales es la principal razón por la que estamos viendo una oleada de sustitutos sintéticos que llegan al mercado.
Las alternativas al cuero producidas a partir de polímeros sintéticos obtienen mejores resultados en términos de sostenibilidad ambiental y han logrado una considerable cuota de mercado en los últimos años.
Pero estos materiales se enfrentan a los mismos problemas de eliminación que cualquier plástico sintético. Por ello, el mercado del cuero ha empezado a mirar hacia otras innovaciones. Por extraño que pueda parecer, el último aspirante es el humilde hongo.
La investigación de mis colegas y la mía, publicada hoy en Nature Sustainability, analiza la historia, los procesos de fabricación, el coste, la sostenibilidad y las propiedades materiales de los sustitutos renovables del cuero derivados de hongos, comparándolos con los cueros animales y sintéticos.
En realidad, ¿qué tan insostenible es el cuero animal?
Lo sostenible que es el cuero depende del punto de vista. Como utiliza pieles de animales, normalmente de vacas, la producción de cuero está correlacionada con la cría de animales. Además, su fabricación requiere sustancias químicas tóxicas para el medio ambiente.
Los problemas de sostenibilidad del sector ganadero son bien conocidos. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, este sector es responsable de alrededor del 14 % de todas las emisiones de gases de efecto invernadero derivadas de la actividad humana. La cría de ganado vacuno, por sí sola, representa alrededor del 65 % de esas emisiones.
Aun así, cabe señalar que el principal producto de la cría de ganado es la carne, no el cuero. Las pieles de vaca representan solo entre el 5 y el 10 % del valor de mercado de una vaca y alrededor del 7 % de su peso.
Tampoco existe una correlación demostrada entre la demanda de carne roja y la de cuero. Por tanto, una reducción de la demanda de cuero podría no tener ningún efecto sobre el número de animales sacrificados para obtener carne.
No obstante, el curtido del cuero sigue siendo intensivo en energía y recursos, y genera gran cantidad de lodos residuales durante el proceso.
Esto hace que el cuero tenga un mayor impacto ambiental que otros productos animales mínimamente procesados, como la sangre, las cabezas y los órganos (que pueden venderse como productos cárnicos o como alimento para animales).
De la espora a la esterilla
Las tecnologías de cuero derivado de hongos fueron patentadas por primera vez por las empresas estadounidenses MycoWorks y Ecovative Design hace unos cinco años.
Estas tecnologías aprovechan la estructura de raíz de los hongos, denominada micelio, que contiene el mismo polímero que se encuentra en los caparazones de los cangrejos.
Cuando las raíces de los hongos crecen sobre aserrín o residuos agrícolas, forman una esterilla gruesa que luego puede tratarse para asemejarse al cuero.
Como lo que se utiliza son las raíces y no los hongos, este proceso biológico natural puede llevarse a cabo en cualquier lugar. No requiere luz, convierte los residuos en materiales útiles y almacena carbono al acumularlo en el hongo en crecimiento.
Pasar de una sola espora a un producto acabado de “cuero de hongos” (o “cuero de micelio”) lleva un par de semanas, frente a los años necesarios para criar una vaca hasta la madurez.
Normalmente se utilizan ácidos suaves, alcoholes y tintes para modificar el material fúngico, que luego se comprime, seca y estampa en relieve.
El proceso es bastante sencillo y puede llevarse a cabo con equipos y recursos mínimos por parte de artesanos. También puede escalarse industrialmente para la producción en masa. El producto final tiene el aspecto y la textura del cuero animal y presenta una durabilidad similar.
Los hongos al servicio del progreso
Es importante recordar que, pese a años de desarrollo, esta tecnología todavía se encuentra en su infancia. La producción de cuero tradicional se ha perfeccionado durante miles de años.
Es inevitable que surjan algunos problemas iniciales al adoptar el cuero fúngico. Y, pese a su biodegradabilidad y a su fabricación de bajo consumo energético, este producto por sí solo no bastará para resolver la crisis de sostenibilidad.
Existen preocupaciones medioambientales más amplias sobre la cría de animales y la proliferación de plásticos, ambas independientes de la producción de cuero.
No obstante, utilizar la creatividad para aprovechar nuevas tecnologías solo puede ser un paso en la dirección correcta. A medida que el mundo avanza gradualmente hacia un estilo de vida sostenible, quizá ver avances en un ámbito inspire esperanza en los demás.
¿Lo llevaré puesto pronto?
Se espera que los productos comerciales fabricados con cuero derivado de hongos salgan pronto a la venta; así que la verdadera pregunta es si costará un ojo de la cara.
Los prototipos se presentaron el año pasado en EE. UU., Italia e Indonesia, en productos como relojes, monederos, bolsos y zapatos.
Y, aunque estos artículos de recaudación de fondos eran algo caros (un bolso de diseño se vendía por US$500), las estimaciones de costes de fabricación indican que el material podría resultar económicamente competitivo frente al cuero tradicional una vez fabricado a mayor escala.
Las señales son prometedoras. MycoWorks recaudó US$17 millones en capital riesgo el año pasado.
En última instancia, no hay ninguna buena razón para que las alternativas de cuero fúngico no puedan acabar sustituyendo al cuero animal en muchos productos de consumo.
Así que la próxima vez que pase junto a los champiñones del supermercado, tómese un momento para conocerlos. Pronto podría verlos mucho más a menudo.









