El nivel del mar alrededor de la ciudad de Lautoka, la segunda zona urbana más grande de Fiji, aumenta 6 milímetros al año. Los habitantes de la aldea de Taiperia, un asentamiento informal en las afueras de la ciudad, se preparan para inundaciones más frecuentes. Vivir entre la tierra y el mar es cada vez más peligroso, ya que muchos residentes de Taiperia carecen de medios para adaptarse adecuadamente al aumento del nivel del mar. Intentan protegerse de la erosión costera colocando neumáticos a lo largo de la costa para evitar que las olas más altas arrastren la arena. Pero este enfoque fragmentario no ofrecerá seguridad duradera. Lugares como Taiperia necesitan medidas adicionales para adaptarse al cambio climático.
Los ayuntamientos de Fiji, responsables de la planificación urbana, ayudan a los asentamientos vulnerables reforzando tanto la infraestructura natural como la construida. La infraestructura natural aprovecha los beneficios de ecosistemas como los manglares, mientras que la infraestructura construida se refiere a estructuras hechas por el ser humano, como los muros de contención costeros. Al combinar ambos enfoques, las comunidades suelen tener más posibilidades de fortalecer su resiliencia. El WRI facilitó recientemente una capacitación para urbanistas de Fiji con el fin de impulsar el debate sobre opciones de infraestructura natural y sobre cómo pueden funcionar conjuntamente las soluciones naturales y las construidas.

De ahí surgieron cuatro estrategias:
1. Plantar manglares para proteger a las comunidades del aumento del nivel del mar
El Ayuntamiento de la ciudad de Lautoka ayuda a los habitantes de Taiperia a proteger y plantar más manglares, árboles y arbustos que crecen en las costas tropicales. Los manglares mitigan algunos efectos del aumento del nivel del mar al reducir la altura de las olas que llegan a la costa en un promedio del 31 %. Estos bosques pueden reducir la velocidad del viento, que afecta a las zonas costeras durante los ciclones. Los manglares también combaten la erosión al retener sedimentos, lo que permite que se depositen y formen suelo nuevo. Estos beneficios tienen un costo relativamente bajo para los gobiernos y las comunidades.

2. Combinar muros de contención costeros y manglares para reforzar la protección contra las tormentas
La aldea de Namoli, otro asentamiento informal cerca de Taiperia, utiliza infraestructura natural y construida. La aldea tiene manglares al este y al oeste, y está construyendo un muro de contención costero frente al asentamiento, también con ayuda del Ayuntamiento de la ciudad de Lautoka. Está previsto que el muro, que tendrá una longitud de 440 metros, esté terminado en 2019. Los muros de contención costeros, por lo general grandes estructuras de hormigón, pueden estabilizar terrenos sujetos a la erosión y proteger de las marejadas ciclónicas las carreteras y los asentamientos costeros.
Invertir en ambos tipos de infraestructura permite abordar algunas de las compensaciones que implica cada opción. Aunque los manglares cuestan poco, pueden tardar décadas en crecer. Es posible que las zonas vulnerables no puedan esperar. Los muros de contención ofrecen protección inmediata, pero pueden ser más costosos. Al construir un muro y plantar manglares a la vez, la aldea de Namoli acabará beneficiándose de ambas soluciones.

3. Reconstruir para resistir ciclones intensos
El aumento del nivel del mar no es el único efecto del cambio climático que preocupa a los habitantes de Fiji. También les inquieta la creciente amenaza de los ciclones. En la ciudad de Lautoka y otras zonas del país, los techos de chapa, frágiles y oxidados, no protegen adecuadamente a sus habitantes. En 2016, el ciclón Winston devastó Fiji, destruyó cientos de viviendas y dejó sin suministro eléctrico al 80 % de la población. La tormenta también destruyó cultivos de caña de azúcar, lo que perturbó gravemente los medios de vida de los habitantes de Fiji y la economía.
Una solución ha sido construir asentamientos completamente nuevos para las personas vulnerables a los ciclones y las inundaciones. La aldea de Koroipita está situada tierra adentro, en una zona verde y montañosa de Lautoka. Las casas azules y amarillas, dispuestas en hileras ordenadas por el asentamiento, siguen siendo de chapa, pero están diseñadas para resistir mejor los vientos fuertes. Durante el ciclón Winston, los habitantes de Koroipita salieron mucho mejor parados que los de los asentamientos más cercanos a la costa. De las 230 casas de la aldea, ninguna sufrió daños importantes.

4. Mejorar el saneamiento para hacer frente a las inundaciones
El cambio climático plantea un riesgo menos evidente, pero aun así grave, para la salud de los habitantes. Los asentamientos informales de Lautoka suelen carecer de saneamiento adecuado. Las lluvias más intensas provocadas por el cambio climático han aumentado las inundaciones y los residuos que obstruyen las calles de la ciudad, lo que a su vez puede propagar enfermedades como la leptospirosis y el dengue.
Las inundaciones en Lautoka se han agravado no solo por el cambio climático, sino también por la tala aguas arriba, ya que los árboles y las zonas boscosas suelen absorber el exceso de lluvia. Además, las aguas residuales que salen de la ciudad hacia las aguas costeras destruyen los arrecifes de coral. Al igual que los manglares, los arrecifes sanos protegen la costa de las olas.

Los habitantes de las aldeas de Taiperia y Namoli, que viven en zonas costeras bajas, son quienes más sufren debido al flujo descendente del agua. Estas aldeas carecen de sistemas de drenaje y alcantarillado. El Ayuntamiento de la ciudad de Lautoka está abordando la gestión de residuos en ambas comunidades mediante la construcción de letrinas y una mayor concienciación sobre la recogida de basura. Las letrinas mejoran directamente la salud de las personas y también refuerzan la resiliencia de las comunidades al proteger de la contaminación infraestructuras naturales como los arrecifes. Reducir la deforestación aguas arriba ayudaría aún más a la ciudad, pero los bosques quedan fuera de su jurisdicción. Protegerlos requiere ayuda de fuera de la ciudad de Lautoka.
Combinar distintas opciones para fortalecer la resiliencia climática
Los esfuerzos de la ciudad de Lautoka demuestran que desarrollar resiliencia frente al cambio climático exige que las comunidades recurran tanto a la infraestructura natural como a la construida. En algunas comunidades, los manglares pueden ser suficientes; otras, como la aldea de Namoli, también necesitan muros de contención costeros. En otras circunstancias, edificios mejorados como los de Koroipita pueden salvar vidas. También hay lugares donde la infraestructura construida, como las instalaciones de saneamiento, protegerá los ecosistemas que, a su vez, protegen a las personas.
La elección de la combinación adecuada de soluciones de adaptación depende de varios factores. Junto con los residentes, los gobiernos municipales deben considerar qué aspectos del cambio climático —desde el aumento del nivel del mar hasta las tormentas— tendrán el mayor impacto. Las orientaciones y las herramientas emergentes pueden ayudar a los especialistas en adaptación y planificación urbana a determinar si convienen las soluciones naturales o las construidas. Las ciudades también deben determinar qué fuentes de financiación hay disponibles, ya sean gobiernos federales, el sector privado o entidades internacionales como el Fondo de Adaptación. Asimismo, los gobiernos municipales deben colaborar con los residentes para establecer normas claras que determinen quién es responsable de proteger los ecosistemas y quién debe construir y mantener la infraestructura hecha por el ser humano. Al inspirarse en ejemplos como el de la ciudad de Lautoka y tener en cuenta los factores locales, las ciudades pueden garantizar que incluso sus comunidades más vulnerables sean más resilientes al cambio climático.





