Desde los bosques nubosos de Costa Rica hasta los desiertos del sur de África, la naturaleza inspira asombro y nos ofrece una valiosa perspectiva frente a las exigencias cotidianas. También nos proporciona servicios básicos: agua dulce, aire limpio, alimentos nutritivos y refugio. Pero eso no es todo.
Estas son cuatro razones por las que la naturaleza es más valiosa de lo que quizá pensabas al principio. El denominador común es la innovación. El valor de las industrias que se describen a continuación asciende a billones de dólares. El valor de aplicar algunas de estas soluciones para proteger mejor el planeta es incalculable.
Tecnología que imita los ecosistemas
A través de la evolución, la naturaleza ha resuelto problemas durante miles de millones de años, mucho más tiempo que los seres humanos. Los sistemas naturales están bien adaptados a su entorno. Estudiar de cerca cómo funcionan puede ayudar a resolver algunos de los desafíos que afrontamos hoy. Por ejemplo, podemos estudiar la lógica de enjambre de las hormigas, que nunca chocan entre sí mientras recogen hojas en el suelo del bosque, para desarrollar un algoritmo para vehículos autónomos.

Llevémoslo un paso más allá. ¿Y si construyéramos una ciudad que funcionara como un ecosistema? Los pavimentos porosos evacúan el agua de lluvia, mientras que los árboles bioluminiscentes iluminan edificios construidos con hormigón autorreparable. Los coches eléctricos, impulsados por energía renovable, circulan por parques donde la contaminación es capturada por aspiradoras de esmog para garantizar que haya aire limpio para todos. Estas innovaciones ya existen. Estas ciudades podrían hacerse realidad.
Materiales inspirados en la naturaleza
¿Y si pudiéramos cultivar nuestras propias casas usando hongos? ¿Y si el plástico se desintegrara en semanas en vez de décadas? La biología puede aprovecharse para crear productos no tóxicos, fiables durante su vida útil y que se desintegren sin dejar rastro después de usarlos.
Además de fabricar productos con materiales naturales, también se podrían crear materiales nuevos inspirados en los que se encuentran en la naturaleza. Por ejemplo, la estructura física y la química de la superficie del ala de una mariposa amazónica llamada Morpho podrían inspirar el desarrollo de superficies autolimpiables, sensores industriales y etiquetas de seguridad fotónicas. Y esa es solo una mariposa entre los 10 millones estimados de animales, plantas e insectos que habitan la selva. Este mismo ecosistema está amenazado por la tala ilegal, la caza furtiva y el cambio climático.
Aprovechar la naturaleza para la salud
Los estudios han demostrado que los manglares ayudan a proteger las zonas costeras expuestas de los fenómenos meteorológicos adversos. A medida que cambia el clima, estos activos naturales serán inestimables para protegernos de la subida del nivel del mar y las tormentas de gran intensidad.

Pero la naturaleza no vive solo al aire libre. Como especie, nuestros cuerpos han evolucionado para mejorar nuestra salud y funcionamiento. Gracias a las innovaciones biotecnológicas, estamos ampliando el alcance y acelerando el desarrollo de algunas de estas aplicaciones. ¿Y si el desayuno de la mañana te informara sobre tu estado de salud actual o detectara un cáncer en sus primeras etapas? ¿Y si pudieras cultivar un par de pulmones nuevos?
La mejora de las capacidades humanas está entrando en una nueva era de posibilidades y dilemas éticos. Está claro que las soluciones inherentes a la naturaleza tienen el poder de transformar radicalmente la vida tal como la conocemos.
Transición hacia una economía limpia
El propio concepto de energía renovable se inspira en los procesos naturales —el sol, el viento y el agua— y depende de ellos. Aprovechando la naturaleza, podemos generar energía que se renueva de forma perpetua. Pero la naturaleza puede llevarnos aún más lejos. Por ejemplo, la misma lógica de enjambre de las hormigas mencionada antes podría aplicarse a las redes eléctricas inteligentes para ayudar a gestionar el flujo de energía con mayor eficiencia y reducir la demanda eléctrica máxima.
Y ahora, la piedra filosofal de la investigación energética: ¿y si pudiéramos replicar la fotosíntesis para capturar dióxido de carbono y emitir hidrógeno y agua? Hace poco, investigadores de Virginia Tech diseñaron una supramolécula que hace precisamente eso. Este descubrimiento podría inaugurar una nueva era de economía limpia inspirada en la naturaleza.
Estos procesos naturales también podrían aplicarse a toda una economía. Un estudio sobre cómo circulan las calorías por los arrecifes de coral demuestra que los sistemas naturales maximizan la energía y minimizan los residuos. No ocurre lo mismo en nuestra economía actual, donde habrá más plástico que peces en los océanos para 2050 si no cambiamos nuestros hábitos. ¿Podríamos desarrollar un nuevo enfoque sistémico inspirado en la naturaleza que replantee cómo extraemos, fabricamos y desechamos bienes y servicios?
El planeta puede ayudarnos a rediseñar nuestros sistemas económicos y los productos que fabricamos y consumimos de formas novedosas. Al mismo tiempo, con el inicio de la Cuarta Revolución Industrial, la tecnología puede transformar nuestra manera de pensar en la protección del planeta. Podemos crear alianzas de datos masivos para supervisar y hacer cumplir mejor la normativa medioambiental. Podemos reducir el tráfico ilegal de fauna silvestre mediante sensores remotos y dispositivos de seguimiento. La cadena de bloques podría utilizarse para registrar innovaciones de la naturaleza y vender esta propiedad intelectual al mejor postor, garantizando a la vez que los ingresos se destinen a conservar los entornos de los que proceden esas innovaciones.
Estamos en el umbral de una bioeconomía inclusiva. Ahora hacen falta alianzas estratégicas para transformar nuestros modelos operativos y, de ese modo, proteger la naturaleza que nos inspira.





