El 3 de marzo se celebra el Día Mundial de la Vida Silvestre, y el tema de este año es Bosques y medios de vida: cuidar a las personas y el planeta.
Hasta 350 millones de personas que viven en los bosques o cerca de ellos dependen de sus servicios ecosistémicos para satisfacer sus necesidades más básicas.
Casi la mitad de todos los medicamentos contra el cáncer se basan en un ingrediente de origen natural.
Entre 2014 y 2018, cada año se perdió una superficie forestal equivalente al tamaño del Reino Unido.
Los bosques de la Tierra se cuentan entre los hábitats más ricos y biodiversos que tenemos.
No solo son importantes sumideros de carbono, sino que hasta 350 millones de personas que viven en ellos o cerca de ellos dependen de sus ecosistemas para cubrir una serie de necesidades básicas, desde alimentos y refugio hasta energía y medicinas.
El 3 de marzo se celebra el Día Mundial de la Vida Silvestre, y el tema de este año es Bosques y medios de vida: cuidar a las personas y el planeta. El tema se centra en la biodiversidad forestal: las múltiples formas de vida de un bosque y sus funciones ecológicas. La celebración de este año es un recordatorio del impacto crítico que los bosques tienen en nuestras vidas.
Con esto en mente, estos son cinco datos sobre las funciones que desempeñan los bosques para preservar la salud de las personas y del planeta.
1. La pérdida de bosques primarios continúa
A nivel mundial, según un informe de la Declaración de Nueva York sobre los Bosques (NYDF). Y datos de Global Forest Watch indican que en 2019 se perdió una superficie de bosque tropical primario equivalente a un campo de fútbol cada 6 segundos. Los mismos datos muestran que la pérdida de bosque primario fue un 2,8 % mayor en 2019 que en 2018, y se ha mantenido elevada durante las últimas dos décadas.
2. El suelo es clave para bosques sanos, y para un planeta sano
Basta con una cucharadita de suelo sano para albergar más organismos vivos que personas hay en el planeta. Estos organismos microscópicos son los componentes básicos que permiten que los enormes árboles y todo lo demás dentro de los ecosistemas forestales prosperen. Sin un suelo sano, la vida tendría dificultades. Además, hay más carbono en los suelos forestales de Gran Bretaña que en los propios árboles, de modo que si cuidamos el suelo, este ayudará a cuidar los bosques. Así, los bosques pueden ser una herramienta importante para reducir el carbono atmosférico y una vía para mitigar el cambio climático.
3. El efecto del desierto verde y la complejidad forestal
Los ecosistemas forestales son diversos y complejos: simplemente plantar árboles no crea automáticamente biomas forestales sanos. De hecho, los nuevos bosques pueden convertirse en desiertos verdes, con bajos niveles de biodiversidad, según un estudio de 2010 realizado por dos académicos estadounidenses. Esos expertos hallaron que plantar árboles en tierras degradadas probablemente tiene un efecto positivo mayor sobre la biodiversidad, especialmente si se utilizan especies arbóreas autóctonas. En los bosques existentes, pastizales y matorrales, es probable que estos beneficios sean menos pronunciados.
4. Problemas crecientes de emisiones
Las pérdidas anuales mundiales de árboles tropicales entre 2014 y 2018 han sido responsables de 4,7 gigatoneladas de emisiones de CO2 al año, según el informe NYDF. Esto equivale a más que todas las emisiones de CO2 de los Estados miembros de la Unión Europea en 2017.
Pero no solo los bosques tropicales deberían captar nuestra atención. Los manglares y las turberas también se están perdiendo a medida que la tierra se destina a la agricultura. Junto con los efectos de la agricultura en las zonas de bosque tropical, esta destrucción contribuye con alrededor del 13 % de las emisiones totales de CO2 de origen humano y agrava los efectos del cambio climático, según el informe Nature Risk Rising: Why the Crisis Engulfing Nature Matters for Business and the Economy del Foro Económico Mundial.
5. El botiquín de la naturaleza
Actualmente, 107 especies amazónicas están en peligro por la pérdida continua de biodiversidad. Entre ellas figuran varias que son importantes para la industria farmacéutica, como el árbol de la cinchona, fuente del fármaco antipalúdico quinina. En el centro de un número considerable de avances clave en las terapias farmacológicas se encuentra una dependencia continua del mundo natural. Esto se aprecia especialmente en el campo del tratamiento del cáncer, donde el 75 % de los fármacos antitumorales aprobados no son sintéticos. Más precisamente, casi la mitad (48,6 %) son productos naturales o se derivaron directamente de fuentes naturales.






