Las revoluciones industriales anteriores dañaron el medioambiente. ¿Puede la actual repararlo?

A view is seen from the Amazon Tall Tower Observatory (ATTO) in Sao Sebastiao do Uatuma in the middle of the Amazon forest in Amazonas state January 10, 2015. The Amazon Tall Tower Observatory is a project of Brazil's National Institute of Amazonian Research and Germany's Max Planck Institute and will be equipped with high-tech instruments and an observatory to monitor relationships between the jungle and the atmosphere from next July. According to the institutes, ATTO will gather data on heat, water, carbon gas, winds, cloud formation and weather patterns. Picture taken on January 10, 2015. REUTERS/Bruno Kelly (BRAZIL - Tags: ENVIRONMENT SCIENCE TECHNOLOGY) - RTR4LA9K
Image: REUTERS/Bruno Kelly
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Vivimos en un mundo cuya forma ha sido definida en gran medida por los industriales, pero que cada vez más transforman los tecnólogos. Las innovaciones son cada vez más rápidas y eficientes, la tecnología está cada vez más interconectada y empezamos a ver una fusión de nuestros ámbitos digital y físico. Esta es la Cuarta Revolución Industrial.

Para la mayoría de las personas, las tres primeras revoluciones industriales simplemente ocurrieron. Tuvieron poca voz o influencia. Ahora, en los albores de la Cuarta Revolución Industrial, parece un buen momento para preguntarnos si estamos repitiendo los errores del pasado y permitiendo que esta revolución nos suceda, o si la estamos moldeando deliberadamente para crear el futuro que queremos.

No se trata solo de una cuestión filosófica, sino también pragmática. Las innovaciones en ámbitos como la inteligencia artificial, la biología sintética y el internet de las cosas rediseñarán muchas áreas de nuestra vida. Se ha prestado mucha atención a cómo transformarán y cambiarán los empleos disponibles, nuestros sistemas de transporte y la forma en que producimos y consumimos bienes y servicios.

También podría transformar nuestra relación con el mundo natural.

Las tres primeras revoluciones industriales dieron lugar a muchos de nuestros problemas medioambientales actuales. Niveles peligrosos de contaminación atmosférica para el 92 % de la población mundial, el cambio climático, el agotamiento de las poblaciones de peces, las toxinas en ríos y suelos, la acumulación desbordante de residuos en la tierra y en el océano, y la deforestación pueden atribuirse a la industrialización.

Ahora tenemos una oportunidad única para aprovechar la Cuarta Revolución Industrial y contribuir a resolver los problemas medioambientales y rediseñar la forma en que gestionamos nuestro medioambiente global compartido.

¿Innovación para el planeta Tierra?

Un informe de PwC publicado en enero identificó una lista de las 10 principales tecnologías capaces de abordar los desafíos de la Tierra.

Ya están surgiendo ejemplos concretos de cómo estas tecnologías pueden ayudar a resolver nuestros problemas medioambientales. Energy-Blockchain Labs e IBM han creado una plataforma basada en blockchain para gestionar activos ecológicos como los créditos de carbono, que utiliza el mercado en China. Algunos han sugerido que, algún día, la tecnología blockchain podría permitir crear un mercado mundial de carbono donde las personas con una huella de carbono baja puedan vender sus derechos de emisión a quienes más contaminan.

Se están utilizando drones para ayudar a vigilar los cambios en los entornos locales, rastrear a cazadores furtivos y madereros ilegales, mejorar las técnicas agrícolas, apoyar el mantenimiento de las energías renovables y contribuir a las labores de recuperación tras desastres naturales. A medida que los drones se conecten cada vez más con macrodatos y sistemas automatizados de gestión (desde el riego hasta los edificios y la producción de energía), crecerán aún más sus posibles beneficios medioambientales.

La tecnología satelital avanzada también está transformando la observación de la Tierra y la gestión medioambiental. En los últimos tres meses, Google Earth no solo renovó su aspecto, sino que el satélite GOES 16 de la NASA también envió sus primeras imágenes a la Tierra, y la empresa emergente Planet Labs (que recientemente adquirió la unidad de imágenes satelitales de Google) lanzó 88 nanosatélites que, en conjunto, ofrecerán cada día una imagen completa de la Tierra con una resolución de unos 5 metros. Mientras tanto, el satélite más reciente de Digital Globe puede proporcionar imágenes con una resolución de 30 cm cada 4-5 días.

A medida que aumenten la resolución y la frecuencia de las imágenes, y se integren con nuevos sistemas de IA, teledetección y macrodatos, podremos vigilar mejor todo tipo de fenómenos, desde los cambios en el uso del suelo, la disponibilidad de aguas subterráneas y los desplazamientos de la fauna silvestre hasta la eficiencia de los sistemas de tráfico. Aplicaciones y plataformas como Global Fishing Watch y Global Forest Watch también permiten que cualquier persona con un teléfono inteligente en el bolsillo forme parte del sistema mundial de gestión medioambiental. El cielo es el límite, literalmente.

Image: NOAA

¿Qué podría salir mal?

Las oportunidades son emocionantes y enormes, pero los riesgos derivados de una mala gestión también son considerables.

En un mundo donde los datos son el nuevo petróleo, una de las preguntas más importantes será quién es dueño de los datos y quién los gestiona. Por ejemplo, ¿a quién pertenecen los datos capturados por drones o satélites: a la empresa que lanzó el satélite, a quien fabricó los sensores, a quien controla la base de datos, a la persona propietaria de la aplicación telefónica desde la que el usuario accede a la información, al organismo gubernamental que financió parte del proyecto o al agricultor que lanzó el dron sobre sus tierras?

¿Se pueden «democratizar» los datos medioambientales para que no pertenezcan a nadie y estén disponibles para todos? ¿Existen modelos viables de financiación y funcionamiento que lo hagan posible? ¿Podemos siquiera ponernos de acuerdo sobre qué constituye «datos medioambientales»? Son preguntas complejas.

Un segundo riesgo es que se utilicen las nuevas tecnologías para acelerar el daño a nuestro medioambiente en vez de repararlo. Los sensores inteligentes, las imágenes satelitales mejoradas, el análisis de macrodatos y los barcos no tripulados podrían utilizarse para acelerar la velocidad y la escala de la pesca ilegal, que ya representa el robo de unos 26 millones de toneladas, o 23.000 millones de dólares al año. No se trata solo de peces, sino también de personas. Se calcula que alrededor de 1.000 millones de personas dependen del pescado como fuente esencial de proteínas en su dieta, mientras que alrededor de 200 millones trabajan directa o indirectamente en las industrias pesqueras y de productos del mar.

Por último, los centros de desarrollo tecnológico como Silicon Valley corren el riesgo de convertirse en burbujas aisladas, donde los principales motores de la investigación y el desarrollo tecnológico sean los mercados o la propia tecnología. En otras palabras, los desarrolladores intentan ganar dinero o quieren ampliar los límites de lo posible simplemente porque pueden. Al igual que en las revoluciones industriales anteriores, los modelos de financiación suelen reforzar estos motores y dejan poco margen para desarrollar tecnologías de interés público. Irónicamente, internet fue en sí misma la tecnología de interés público por excelencia: un auténtico «revulsivo» que dio origen a modelos de negocio, servicios e industrias completamente nuevos, además de mejorar la productividad y la eficiencia.

Un nuevo sistema operativo para el medioambiente

Para gestionar estos riesgos y aprovechar con éxito las innovaciones de la cuarta revolución industrial en beneficio del medioambiente, necesitamos un enfoque nuevo, más inclusivo y deliberado.

Los expertos en medioambiente comprenden los problemas. Los desarrolladores tecnológicos conocen a fondo lo que es tecnológicamente posible. Por su parte, los financiadores, los gobiernos y la sociedad civil definirán el «entorno propicio» que puede determinar el éxito o el fracaso de estas innovaciones. Algunas innovaciones beneficiosas para el medioambiente tendrán un gran atractivo comercial; otras redundarán en el interés público y resultarán ser bienes públicos (como internet). Necesitamos enfoques de financiación, incubadoras, aceleradoras y mentalidades que permitan prosperar a diversos modelos.

El diseño y la construcción de este nuevo sistema no pueden dejarse en manos de un solo grupo, pues correría el riesgo de quedar distorsionado por sus sesgos, lo que podría frenar el progreso o hacer que sus beneficios llegaran solo a unos pocos.

El Foro Económico Mundial, en colaboración con el Stanford Woods Institute for the Environment, PwC y la Fundación Mava, ha puesto en marcha una nueva iniciativa para cubrir esta brecha. Invitamos a las partes interesadas a contribuir a esta conversación y ayudar a crear un nuevo sistema operativo para el medioambiente.

Organizamos una serie de diálogos (presenciales y en línea), elaboramos una serie de informes de análisis que relacionan las innovaciones de la Cuarta Revolución Industrial (desde la fase de idea hasta las etapas avanzadas) con los principales problemas medioambientales del mundo, y ofrecemos nuestro nuevo Centre for the Fourth Industrial Revolution en San Francisco como punto de encuentro para las partes interesadas que quieran dar forma a este futuro de manera deliberada y no accidental.

Como parte de la iniciativa, también estamos creando una plataforma de aceleración donde estas conversaciones puedan convertirse en colaboraciones concretas e inclusivas que ayuden a ampliar las innovaciones y garanticen que la Cuarta Revolución Industrial beneficie a nuestro planeta y a sus habitantes, no solo a los robots.

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