Los líderes empresariales piden una recuperación económica sostenible tras la COVID-19.
Desde edificios más respetuosos con el medio ambiente hasta infraestructuras resilientes, Raimund Bleischwitz, titular de la Cátedra de Recursos Globales Sostenibles de UCL, expone cinco propuestas para reconstruir de forma más ecológica.
Con una recesión en el horizonte, es hora de elaborar un buen plan de recuperación. No tiene sentido simplemente reinventar un modelo económico obsoleto, y una investigación reciente de economistas y expertos en salud ha puesto de relieve cómo, en cambio, una “recuperación verde” podría beneficiar no solo al clima, sino también a la salud humana y la prosperidad.
De hecho, muchos líderes empresariales ya piden medidas para revertir la pérdida de naturaleza, un objetivo de cero emisiones netas de carbono reforzado y una mayor economía circular. Si una misión de este tipo ha de tener éxito, necesitará algunos logros rápidos para generar apoyo y participación entre la ciudadanía y los inversores afines. Por ello, estas son cinco propuestas que podrían impulsar una recuperación verde tras la COVID-19:
1. Mejores edificios
La población ha estado confinada durante semanas y meses y está harta de permanecer encerrada en sus hogares. Una recuperación verde debería empezar aquí. Esto implica rehabilitaciones masivas para mejorar el aislamiento, sustituir las ventanas, reducir las fugas de aire, mejorar los sistemas de calefacción (y refrigeración) y sustituir los combustibles de carbón, gas y petróleo por energías renovables como la eólica y la solar.
Podríamos aprovechar mejor el espacio de las cubiertas para nuevas viviendas, la energía solar, el almacenamiento de agua, la jardinería y mucho más. Existen algunos problemas con estas cubiertas verdes: riesgos de contaminantes atmosféricos, aumento de la humedad y riesgos biológicos emergentes. Pero hacerlo bien y a tiempo generará muchos empleos.
2. Mejor acceso a alimentos saludables
La inseguridad alimentaria ha aumentado y la obesidad ha sido un factor agravante en las muertes por COVID-19. Las dietas saludables son medidas preventivas comprobadas que favorecen el sistema inmunitario y mejoran la forma física y la resistencia.
Para animar a la población a consumir más frutas, verduras y cereales, el gobierno podría considerar reducir el tipo del IVA para los alimentos ecológicos y para los proveedores de productos saludables. Para hacer más atractivos estos alimentos, también podría establecer una forma de etiquetado de «semáforo» que muestre el respaldo de las ONG y confirme unas buenas condiciones de producción. La creación de programas y organizaciones centrados en la innovación en el suministro y en la lucha contra el desperdicio crearía empleo y haría que las cadenas de suministro de alimentos sean más resistentes a cualquier crisis recurrente.
3. Movilidad inteligente
Existe el riesgo de que el transporte vuelva simplemente a la anterior normalidad de atascos y contaminación atmosférica. Si la recuperación económica ha de ser verde, será esencial mantener esquemas de trabajo flexibles con menos desplazamientos, incluso después de que la mayoría de los lugares de trabajo reabran.
Una investigación de académicos del Centro británico de Investigación sobre Soluciones para la Demanda Energética sugiere que la mejor opción para reducir la huella de carbono es disminuir el uso del automóvil y avanzar hacia la «movilidad inteligente». Esto implica programas de viajes compartidos, de uso compartido de coches y bicicletas, y un transporte público bien desarrollado.
Ha llegado el momento de recuperar nuestras ciudades de los automóviles. Cualquier recuperación verde debería incluir una gran aceleración de las infraestructuras para la bicicleta, con autopistas ciclistas interconectadas, estaciones de aparcamiento seguras, esquemas de alquiler inteligentes, infraestructuras de recarga para bicicletas y patinetes eléctricos, y más zonas peatonales. Las aplicaciones de movilidad inteligente pueden ayudar a las personas a combinar distintos modos de transporte. Ciudades como Copenhague y Ámsterdam han demostrado que todo esto es perfectamente posible.
4. Hacer verdes nuestros barrios y ciudades
Mantener y mejorar los espacios verdes urbanos debería convertirse ahora en una prioridad máxima. Iniciativas como el proyecto de Nesta Rethinking Parks o el Future Parks Accelerator del Heritage Fund están diseñadas para encontrar formas de gestionar y financiar parques y espacios abiertos en ciudades y pueblos enteros.
Particulares y empresas podrían renovar zonas degradadas y recrear la vida pública, con el apoyo de las autoridades locales y de un programa gubernamental de recuperación verde. Hacer todo esto ayudará a ajustar la planificación del desarrollo, desplazando las prioridades hacia la sostenibilidad a largo plazo.
5. Infraestructuras más resilientes
A pesar de los 2,5 billones de dólares al año que ya se invierten en proyectos de infraestructura en todo el mundo, se necesita más inversión para garantizar el acceso a la vivienda, la movilidad, los servicios y los espacios verdes para todos en la nueva anormalidad.
Tomemos el agua, por ejemplo. Una recuperación verde podría impulsarse construyendo una nueva generación de depósitos de agua descentralizados, compartidos entre propietarios de apartamentos vecinos. Esto sería mejor para el medio ambiente, ya que se conservaría el agua de lluvia, que podría utilizarse para la jardinería y la limpieza exterior de los hogares. Mientras tanto, las iniciativas denominadas “ciudad esponja” pueden reducir el riesgo de inundaciones urbanas aumentando los espacios verdes, restaurando humedales y utilizando materiales de construcción nuevos y permeables que absorban el agua de lluvia y retrasen la escorrentía.
Las acciones anteriores complementarían los esfuerzos por transformar el sistema energético para alejarlo de los combustibles fósiles y avanzar hacia un sistema basado en la generación renovable, con “microrredes” descentralizadas y la capacidad de afrontar un aumento repentino de la demanda de vehículos eléctricos.





