Gran parte del pescado que se vende en los supermercados de Europa procede de países en desarrollo que pueden exportar más del 90 % de sus capturas.
Sustituir la carne por pescado para ayudar a combatir el cambio climático puede agravar el hambre en África, desde donde se exporta cada vez más pescado a países ricos, en lugar de aportar vitaminas esenciales a la población local desnutrida, han advertido expertos.
Algunos consumidores de países ricos están dejando de consumir carne en favor de otras fuentes de proteínas, como las lentejas y el pescado, para reducir la cantidad de gases de efecto invernadero que calientan el planeta y que emite la ganadería intensiva.
Sin embargo, pescados populares como las sardinas y la caballa proceden de países africanos que exportan la mayor parte de sus capturas, ricas en nutrientes, en vez de venderlas a su propia población, según un artículo publicado en la revista Nature.
Un cambio en la dieta «contribuiría a ... empeorar la seguridad alimentaria y nutricional de personas ya vulnerables en lugares como África occidental, Asia y el Pacífico», dijo Christina Hicks, autora principal del artículo.
La industria pesquera mundial tiene un valor de 166.000 millones de dólares, y gran parte del pescado que se vende en los supermercados de Europa y China procede de países en desarrollo como Namibia y Kiribati, que pueden exportar más del 90 % de sus capturas.
El estudio concluyó que en gran parte de los trópicos, especialmente en el África subsahariana, algunas de las especies de pescado más nutritivas, como las anchoas, se encuentran en países cuyos ciudadanos sufren carencias de vitaminas y minerales esenciales.
Sin embargo, «la pesca extranjera, la pesca ilegal, las subvenciones, los precios y el comercio desvían nutrientes muy necesarios de quienes los necesitan», dijo Hicks, profesora de la Universidad de Lancaster, en el Reino Unido.
Según expertos, más de 2.000 millones de personas en todo el mundo sufren carencias de micronutrientes como hierro, zinc y vitamina A, esenciales para el funcionamiento del cuerpo humano.
Se estima que en Namibia casi toda la población no consume suficiente vitamina A, mientras que en Mauritania ocurre lo mismo con casi la mitad de sus habitantes.
Hicks dijo que incluso una pequeña parte de las capturas de sus aguas podría contribuir en gran medida a combatir las enfermedades relacionadas con la malnutrición que afectan a millones de personas que viven a menos de 100 km (60 millas) del mar.
Hicks dijo que una posible solución sería reformar las políticas pesqueras internacionales para que los gobiernos locales exijan a las empresas destinar una pequeña parte de sus capturas a programas para niños desnutridos.
Por ejemplo, en Mauritania la pesca extranjera representa más del 70 % de las capturas; gran parte corresponde a especies muy nutritivas, pero se procesa en el país para utilizarse en la acuicultura en el extranjero, dijo.
Hicks dijo que los países podrían replicar proyectos en marcha en Bangladesh y Uganda, donde las cabezas, espinas y colas de pescado que las fábricas suelen desechar se convierten en harina de pescado que puede añadirse a las comidas para aumentar su valor nutricional.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, el consumo mundial de pescado ha alcanzado un máximo histórico de 20,2 kg (44,5 lb) por persona.





