Finlandia estrena una línea de moda ecológica: prendas hechas de árboles

A road cuts through a forest during a rainy day on the island of Senja, north of the Arctic Circle in Norway September 29, 2014.REUTERS/Yannis Behrakis (NORWAY - Tags: ENVIRONMENT TRAVEL TPX IMAGES OF THE DAY) - GM1EA9U0EL901
The average lifetime of an item of clothing in the UK is estimated at just 2.2 years and it’s thought that up to $177 million of clothes end up in landfill each year.Image: REUTERS/Yannis Behrakis
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Les guste o no, la ropa que llevan la realeza y las primeras damas a veces acapara más titulares que las causas que apoyan; basta pensar en el vestido de novia de Meghan Markle y en la chaqueta de Melania Trump con el mensaje «Realmente no me importa».

Sin embargo, un vestido que lució recientemente Jenni Haukio, esposa del presidente finlandés, ha recibido atención por los motivos adecuados.

En una recepción para conmemorar el Día de la Independencia del país, la primera dama de Finlandia lució un vestido de noche sostenible hecho con abedules finlandeses.

El presidente de Finlandia, Sauli Niinistö, y su esposa, Jenni HaukioImage: Reuters/Lehtikuva

El vestido se diseñó con la innovadora tecnología Ioncell desarrollada por la Universidad Aalto y la Universidad de Helsinki, que podría revolucionar la forma en que fabricamos y reciclamos la ropa.

Ioncell utiliza diversos materiales, como madera, periódicos reciclados, cartón y algodón usado, para fabricar un tejido cuyo impacto ambiental es menor que el de los procesos empleados para producir algodón y viscosa. También se puede reciclar.

«El tejido fabricado con Ioncell es suave al tacto. Tiene un brillo precioso y cae con elegancia. Y, lo más importante, es una opción ambientalmente sostenible», afirmó Pirjo Kääriäinen, profesora de práctica de la Universidad Aalto.

Fabricar prendas duraderas y reciclables a partir de madera permite reducir las emisiones de carbono, ya que el carbono permanece almacenado durante la vida útil de la fibra. Además, los bosques de Finlandia se gestionan de forma sostenible: cada año, el crecimiento supera a la tala, y no necesitan riego.

Ioncell produce fibras textiles a base de celulosa, como la viscosa, pero, a diferencia de la producción de viscosa, el proceso utiliza un líquido iónico seguro y no tóxico en lugar de sustancias químicas agresivas, que pueden acabar contaminando las fuentes de agua locales.

Las fibras también son biodegradables y, al descomponerse o al lavarlas, no liberan microplásticos nocivos al medioambiente.

La tecnología aún está en fase de investigación, pero el objetivo es contar con una línea piloto de producción de Ioncell para 2020.

El problema de la moda rápida

Un estudio de Deloitte reveló que casi la mitad (49 %) de los millennials estadounidenses encuestados afirmaron que tendrían en cuenta la sostenibilidad y la ética antes de comprar; les siguió el 38 % de los millennials chinos.

Image: Deloitte

Pero, aunque los consumidores hagan compras éticas, quizá no conserven la ropa durante mucho tiempo. Por ejemplo, se estima que la vida útil media de una prenda en el Reino Unido es de apenas 2,2 años, y se calcula que hasta 177 millones de dólares en ropa acaban cada año en vertederos, según la organización benéfica Wrap.

Actualmente, el algodón representa alrededor de la mitad de todos los textiles producidos y proporciona empleo a casi el 7 % de la fuerza laboral de los países en desarrollo. Es el cultivo no alimentario más rentable del mundo, pero los métodos empleados para producirlo no son sostenibles.

Según WWF, se necesitan 20 000 litros de agua para producir el algodón suficiente para una sola camiseta y un par de vaqueros (1 kg de algodón).

Los tintes químicos y los blanqueadores también contaminan los cursos de agua y se filtran al medioambiente en general. Sin embargo, la industria de la moda está haciendo esfuerzos por mejorar sus prácticas. Un informe de Greenpeace muestra que 80 marcas de moda que se habían comprometido a adoptar sistemas de producción más respetuosos con el medioambiente habían avanzado considerablemente hacia sus objetivos.

A medida que empiezan a cambiar las actitudes de los consumidores, la gente es cada vez más consciente del impacto ambiental de sus decisiones y de la necesidad de reducir, reutilizar y reciclar.

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