«Un atisbo de esperanza»: avistan hasta 150 rorcuales comunes alimentándose frente a la Antártida

Fin whales are the second largest whales on the planet.
Fin whales are the second largest whales on the planet.Image: Unsplash/Abigail Lynn
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  • Una nueva investigación ha demostrado el éxito de la prohibición de la caza comercial de ballenas de 1982, ya que se ha documentado a rorcuales comunes alimentándose en masa frente a la isla Elefante de la Antártida.

  • Tras quedar reducidos al 1 o 2 % de su población original en el siglo XX, los investigadores observaron más de 100 grupos distintos de rorcuales comunes en 2018 y 2019.

  • Esta recuperación es una buena noticia para la especie, su ecosistema y el clima.

Rorcuales comunes alimentándose en el mar de Weddell, cerca de la isla Elefante, al norte de la península Antártica Occidental.Image: Instituto Alfred Wegener

En 1982, la Comisión Ballenera Internacional (CBI) votó a favor de prohibir la práctica de la caza comercial de ballenas que había llevado a varias especies al borde de la extinción, según informó entonces The New York Times.

Ahora, un nuevo estudio publicado el jueves en Scientific Reports muestra cómo esa decisión ha dado frutos. El estudio informó de la primera observación documentada científicamente de rorcuales comunes alimentándose en masa frente a la isla Elefante de la Antártida.

«[Si] se aplican medidas de gestión y conservación, hay posibilidades de que las especies se recuperen», afirmó a The New York Times la autora principal del estudio y ecóloga de mamíferos marinos de la Universidad de Hamburgo, la Dra. Helena Herr.

Los rorcuales comunes —las segundas ballenas más grandes del planeta— fueron antaño abundantes en el océano Austral. En 1892, el naturalista William Speirs Bruce escribió sobre lo que había visto en una expedición a la Antártida. «Se veían los lomos y los chorros de las ballenas a intervalos muy cortos, bastante cerca del barco y de horizonte a horizonte», dijo, según el estudio.

Sin embargo, aquellas escenas pasaron a ser cosa del pasado cuando la caza comercial de ballenas se disparó durante el siglo XX y diezmó la población de rorcuales comunes.

«Quedaron reducidos al 1 o 2 % de su población original», dijo Herr, según informó The Guardian. «Hablamos de un par de miles de animales para toda la zona del hemisferio sur».

Ahora, sin embargo, las ballenas se están recuperando. Herr y su equipo de investigación realizaron dos expediciones a la Antártida en 2018 y 2019 y observaron más de 100 grupos distintos de rorcuales comunes. Según The New York Times, en 100 casos los grupos estaban formados por entre una y cuatro ballenas. Pero los investigadores registraron ocho ocasiones en las que el número de ballenas llegó a 150.

«Nunca había visto tantas ballenas en un mismo lugar y me fascinó por completo ver alimentarse a estos enormes grupos», declaró en un comunicado de prensa del AWI la coautora del estudio y bióloga, la profesora Bettina Meyer, del Instituto Alfred Wegener, Centro Helmholtz de Investigación Polar y Marina (AWI), la Universidad de Oldenburg y el Instituto Helmholtz para la Biodiversidad Marina Funcional.

Según informó The Guardian, cineastas de naturaleza de la BBC filmaron desde drones las agrupaciones de ballenas.

«El agua a nuestro alrededor estaba hirviendo, porque los animales salían a la superficie todo el tiempo», contó Herr a The Guardian sobre la alimentación.

Aunque los investigadores desconocen el número total de rorcuales comunes en la Antártida, los avistamientos reiterados de grandes agrupaciones son una buena señal, dijo Meyer al AWI. Y la recuperación de las ballenas no es solo una buena noticia para la especie, sino también para su ecosistema y el clima. Esto se debe a que, cuando las ballenas se alimentan de kril, devuelven al océano el hierro contenido en estos animales, explicó The New York Times. Esto, a su vez, favorece el crecimiento del fitoplancton, que absorbe dióxido de carbono y constituye la base de la red trófica marina.

«En tiempos de cambio climático, pérdida de biodiversidad y extinción de especies, la recuperación de una gran población de ballenas no es solo un atisbo de esperanza; también es probable que estimule la producción primaria en el océano Austral, aumentando la absorción de CO2 y la capacidad de sumidero de carbono», escribieron los autores del estudio.

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