La colonización europea de América podría haber provocado un enfriamiento global, según nuevas investigaciones

An indigenous Mapuche blows a Trutruca, a musical instrument, during a rally through downtown Santiago October 15, 2012. This year marks the 520th anniversary of Christopher Columbus' arrival to the Americas. Most indigenous people in Latin America consider it the day Columbus brought slavery, disease, colonisation and genocide from Europe to the Americas, according to them. REUTERS/Cristobal Saavedra (CHILE - Tags: POLITICS SOCIETY CIVIL UNREST) - GM1E8AG08F501
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Mientras Europa vivía los primeros años del Renacimiento, había imperios en América que sustentaban a más de 60 millones de personas. Pero el primer contacto europeo, en 1492, llevó enfermedades a América que devastaron a la población nativa. El consiguiente colapso de la agricultura en América fue tan importante que incluso pudo haber enfriado el clima mundial.

El número de personas que vivían en América del Norte, Central y del Sur cuando llegó Colón es una pregunta que los investigadores llevan décadas intentando responder. A diferencia de lo que ocurre en Europa y China, no se conservan registros del tamaño de las sociedades indígenas de América anteriores a 1492. Para reconstruir las cifras de población, los investigadores se basan en los primeros relatos de testigos europeos y, en los registros posteriores al establecimiento del dominio colonial, en los pagos de tributos conocidos como «encomiendas». Este sistema tributario solo se estableció después de que las epidemias europeas asolaran América, por lo que no nos dice nada sobre el tamaño de las poblaciones precoloniales.

Es probable que los primeros relatos de los colonos europeos sobrestimaran el tamaño de los asentamientos y de la población para promocionar las riquezas de las tierras recién descubiertas ante sus patrocinadores feudales en Europa. Pero al rechazar esas afirmaciones y centrarse, en cambio, en los registros coloniales, a principios del siglo XX se publicaron estimaciones de población extremadamente bajas que contabilizaban a la población después de que las enfermedades la hubieran diezmado.

Por otro lado, las suposiciones permisivas —por ejemplo, sobre la proporción de la población indígena obligada a pagar tributos o las tasas de mortalidad— dieron lugar a estimaciones extraordinariamente altas.

Nuestro nuevo estudio aclara el tamaño de las poblaciones precolombinas y su impacto en el entorno. Al combinar todas las estimaciones publicadas de las poblaciones de América, calculamos que en 1492 la población indígena probablemente era de 60 millones de personas. A modo de comparación, la población de Europa en aquella época era de entre 70 y 88 millones de personas y ocupaba menos de la mitad de la superficie.

La Gran Mortandad

La numerosa población precolombina se sustentaba mediante la agricultura: hay abundantes pruebas arqueológicas de la agricultura de tala y quema, campos en terrazas, grandes montículos de tierra y huertos domésticos.

Al saber cuánta tierra agrícola se necesita para sustentar a una persona, se pueden calcular las cifras de población a partir de la superficie que se sabe que estaba destinada al uso humano. Calculamos que, cuando llegó Colón, se cultivaban o se destinaban a otros usos humanos 62 millones de hectáreas, alrededor del 10 % de la superficie de América. A modo de comparación, en aquella época los seres humanos utilizaban el 23 % de las tierras de Europa y el 20 % de las de China.

Esto cambió en las décadas posteriores a la llegada de los europeos a la isla de La Española en 1497 —hoy Haití y la República Dominicana— y al territorio continental en 1517. Los europeos llevaron peste bubónica, gripe, sarampión y viruela a través del Atlántico, con consecuencias devastadoras para las poblaciones indígenas.

Nuestra mejor estimación, basada en datos, calcula que para comienzos del siglo XVII habían muerto 56 millones de personas: el 90 % de la población indígena precolombina y alrededor del 10 % de la población mundial de entonces. Esto convierte a la «Gran Mortandad» en el episodio de mortalidad humana más grande en proporción a la población mundial y lo sitúa en segundo lugar en cifras absolutas, solo por detrás de la Segunda Guerra Mundial, en la que murieron 80 millones de personas —el 3 % de la población mundial de entonces.

Una mortalidad del 90 % en América después del contacto es una cifra extraordinaria, superior a la de epidemias similares, como la peste negra en Europa —que provocó la pérdida del 30 % de la población europea—. Una explicación es que varias oleadas de epidemias afectaron a sistemas inmunitarios indígenas que habían evolucionado aislados de las poblaciones euroasiáticas y africanas durante 13.000 años.

En aquella época, los pueblos originarios de América nunca habían estado en contacto con los patógenos que llevaron los colonos, lo que dio lugar a las llamadas epidemias de «suelo virgen». Quienes no morían de viruela, morían en la siguiente oleada de gripe. Y quienes sobrevivían a esta sucumbían al sarampión. La guerra, el hambre y las atrocidades coloniales hicieron el resto durante la Gran Mortandad.

Consecuencias mundiales

Esta tragedia humana dejó muy pocos trabajadores para cuidar los campos y los bosques. Sin intervención humana, los paisajes que antes se gestionaban volvieron a su estado natural y absorbieron carbono de la atmósfera. La regeneración del hábitat natural fue tan extensa que retiró suficiente CO₂ de la atmósfera para enfriar el planeta.

Las temperaturas más bajas desencadenaron procesos de retroalimentación en el ciclo del carbono que eliminaron aún más CO₂ de la atmósfera, por ejemplo, al reducir las emisiones de CO₂ del suelo. Esto explica el descenso del CO₂ en 1610 observado en los núcleos de hielo antárticos y resuelve el enigma de por qué todo el planeta se enfrió brevemente en el siglo XVII. Durante este periodo, los inviernos severos y los veranos fríos provocaron hambrunas y rebeliones desde Europa hasta Japón.

Image: Robert A. Rohde/Wikipedia, CC BY-SA

El mundo moderno comenzó con una catástrofe de proporciones casi inimaginables. Sin embargo, fue entonces cuando América se vinculó por primera vez con el resto del mundo, lo que marcó el inicio de una nueva era.

Ahora sabemos más sobre la magnitud de las poblaciones americanas anteriores a la llegada de los europeos y sobre la Gran Mortandad que acabó con tantas vidas. Las acciones humanas de aquella época provocaron una reducción del CO₂ atmosférico que enfrió el planeta mucho antes de que a la civilización humana le preocupara la idea del cambio climático.

Sin embargo, un acontecimiento tan dramático apenas contribuiría a frenar el ritmo del calentamiento global actual. La reforestación sin precedentes en América redujo en 5 partes por millón el CO₂ de la atmósfera, lo que hoy equivale a solo tres años de emisiones de combustibles fósiles.

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