Estos son los costes medioambientales de la moda rápida

A woman enters a shop having a sale in central Prague January 12, 2011. REUTERS/David W Cerny (CZECH REPUBLIC - Tags: BUSINESS)
Sales shopping seems a harmless way of buying clothes, but there are wider consequences to consider.Image: REUTERS/David W Cerny
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Es difícil apreciar nuestra ropa y seguir llevándola durante más tiempo cuando nos enfrentamos a una tentadora oferta de novedades en las tiendas. Pero antes de salir a las rebajas de enero en busca de ofertas irresistibles, pensemos en el impacto de la moda rápida en el medioambiente.

La moda rápida se centra en la rapidez y los bajos costes para ofrecer colecciones nuevas con frecuencia, inspiradas en los diseños de las pasarelas o los estilos de las celebridades. Sin embargo, es especialmente perjudicial para el medioambiente, ya que la presión por reducir los costes y el tiempo que transcurre desde el diseño hasta la llegada del producto a las tiendas hace más probable que se recorten las medidas medioambientales. Entre las críticas a la moda rápida figuran su impacto medioambiental negativo, la contaminación del agua, el uso de sustancias químicas tóxicas y el aumento de los residuos textiles.

Image: Foro Económico Mundial

Los colores vivos, los estampados y los acabados de los tejidos son características atractivas de las prendas de moda, pero muchos de ellos se consiguen con sustancias químicas tóxicas. El teñido textil es el segundo mayorcontaminante del agua limpia a escala mundial, después de la agricultura. La reciente campaña Detox de Greenpeace ha sido fundamental para presionar a las marcas de moda a tomar medidas para eliminar las sustancias químicas tóxicas de sus cadenas de suministro, después de analizar productos de varias marcas y confirmar la presencia de sustancias químicas peligrosas. Muchas de ellas están prohibidas o estrictamente reguladas en distintos países porque son tóxicas, bioacumulativas (es decir, la sustancia se acumula en un organismo más rápido de lo que este puede excretarla o metabolizarla), alteran las hormonas y son cancerígenas.

El poliéster es la fibra más popular utilizada en la moda. Pero cuando las prendas de poliéster se lavan en lavadoras domésticas, desprenden microfibras que contribuyen al aumento de los niveles de plástico en nuestros océanos. Estas microfibras son minúsculas y pueden atravesar fácilmente las plantas de tratamiento de aguas residuales y llegar a nuestros cursos de agua; pero, como no son biodegradables, representan una grave amenaza para la vida acuática. Pequeñas criaturas como el plancton ingieren las microfibras, que luego ascienden por la cadena alimentaria hasta llegar a los peces y mariscos que consumen los seres humanos.

El documental titulado The True Cost, que mostró el impacto devastador del uso de sustancias químicas tóxicas en la agricultura algodonera, contó, entre otros casos, la muerte por tumor cerebral de un agricultor de algodón estadounidense y los graves defectos congénitos de los hijos de agricultores de algodón indios. El cultivo del algodón requiere grandes cantidades de agua y pesticidas para evitar la pérdida de las cosechas, lo que puede ser problemático en los países en desarrollo que quizá carezcan de inversiones suficientes y corran riesgo de sequía.

La mayor parte del algodón que se cultiva en el mundo está modificado genéticamente para resistir la plaga del gusano bellotero, lo que mejora el rendimiento y reduce el uso de pesticidas. Sin embargo, esto también puede causar problemas más adelante, como la aparición de «supermalezas» resistentes a los pesticidas habituales. A menudo es necesario tratarlas con pesticidas más tóxicos, perjudiciales para el ganado y los seres humanos.

Crece el interés por el algodón orgánico. En 2016, H&M e Inditex, la empresa matriz de Zara, figuraban entre los cinco mayores consumidores de algodón orgánico del mundo por volumen. Sin embargo, el uso total de algodón orgánico representa menos del 1 % de la cosecha anual total de algodón del mundo.

La avidez por las novedades

Los residuos textiles son una consecuencia no deseada de la moda rápida: cada vez más personas compran más ropa y la conservan menos tiempo que antes. La expansión internacional de los comercios de moda rápida agrava el problema a escala mundial. Los armarios de los países desarrollados están saturados, así que, para vender más productos, los comercios deben tentar a los compradores con novedades constantes y convencerlos de que las prendas que ya tienen han pasado de moda.

El aumento de los ingresos disponibles a lo largo de las últimas generaciones ha reducido la necesidad de «aprovechar y remendar», pues a menudo resulta más barato y cómodo comprar algo nuevo que reparar una prenda. El ritmo de vida ajetreado deja a muchas personas con menos tiempo que a las generaciones anteriores y, con la pérdida paulatina de las habilidades de costura y remiendo, hay menos incentivos para reparar la ropa. La aparición de moda en los supermercados, que se puede comprar junto con la compra semanal, y la frecuencia de las rebajas de temporada hacen que la ropa parezca «desechable», algo que antes no ocurría.

Crece el interés por avanzar hacia un modelo más circular de producción textil que reutilice los materiales siempre que sea posible; sin embargo, las tasas actuales de reciclaje textil son muy bajas. A pesar de la larga trayectoria de la red nacional de tiendas benéficas y del creciente número de puntos de reciclaje en las tiendas de las principales calles comerciales del Reino Unido, tres cuartas partes de los británicos tiran la ropa que ya no quieren, en lugar de donarla o reciclarla.

Qué pueden hacer los compradores

Entonces, ¿pueden los consumidores reducir el coste medioambiental de la moda rápida cuando salen de compras? Elegir un tejido ecológico es complicado, porque todos los tipos de fibra tienen ventajas e inconvenientes. Las prendas etiquetadas como confeccionadas con fibras naturales no son necesariamente mejores que las sintéticas, ya que la elección de la fibra es solo una parte de un panorama complejo. Las fibras aún deben hilarse, tejerse o tricotarse, teñirse, acabarse, coserse y transportarse, procesos que tienen distintos impactos medioambientales.

Por ejemplo, elegir tejidos orgánicos es mejor que elegir tejidos no orgánicos en cuanto a las sustancias químicas empleadas para cultivar las fibras, pero el algodón orgánico sigue requiriendo grandes cantidades de agua y el impacto de teñirlo es mayor que el de teñir poliéster.

El contenido reciclado suele ser la mejor opción, pues reduce la presión sobre los recursos vírgenes y aborda el creciente problema de la gestión de residuos. Por ejemplo, Patagonia fue la primera marca de ropa para actividades al aire libre en fabricar forro polar de poliéster a partir de botellas de plástico. En 2017 decidió racionalizar sus líneas de camisetas y, desde la primavera de 2018, ofrecerá solo dos opciones de tejido: algodón 100 % orgánico o una mezcla de algodón reciclado y poliéster reciclado. Así reconoce que incluso el algodón orgánico tiene un impacto medioambiental negativo.

La iniciativa Love Your Clothes de la organización benéfica WRAP ofrece información a los consumidores sobre cada etapa del proceso de compra: desde comprar de forma más inteligente hasta cuidar y reparar las prendas, reutilizarlas de forma creativa o personalizarlas y, por último, desecharlas de manera responsable. En definitiva, lo mejor que podemos hacer es mantener nuestra ropa en uso durante más tiempo y comprar menos prendas nuevas.

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