Las presiones sobre el sistema energético mundial no tienen precedentes. La demanda está impulsada por una población en crecimiento y el crecimiento económico, pero el suministro energético mundial sigue dependiendo de los combustibles fósiles, que generan dos tercios de las emisiones mundiales.
Según el reciente informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), las emisiones derivadas de la actividad humana deberán alcanzar un nivel neto cero para 2050 a fin de limitar el calentamiento global.
Pero el año pasado, las emisiones mundiales de CO₂ relacionadas con la energía aumentaron hasta alcanzar su nivel más alto de la historia.
A esto se suma un panorama geopolítico cambiante, en el que se ha ralentizado la transición hacia un sistema energético inclusivo, sostenible, asequible y seguro.
El informe del Foro Económico Mundial Fomentar una transición energética eficaz 2019 afirma: «Tres años después del hito mundial que supuso el compromiso político alcanzado mediante el Acuerdo de París, esta falta de avances permite evaluar con realismo si los esfuerzos en curso son adecuados y cuál es la magnitud del desafío».
Como sombrío recordatorio de lo que está en juego si seguimos como hasta ahora, la revista científica Nature trazó cuatro escenarios para el futuro de la energía.
1. Gran pacto verde
En este escenario, existe un acuerdo mundial sobre la necesidad de actuar con rapidez frente al cambio climático, con un «Fondo Verde para el Clima» concebido para ayudar al mundo a abandonar los combustibles fósiles y adoptar alternativas con bajas emisiones de carbono. Para 2030, las empresas de tecnología verde dominan el sector.
Las tensiones geopolíticas son bajas porque todos los países comparten los beneficios de la descarbonización, mientras que los Estados con grandes industrias de petróleo y gas reciben compensaciones para facilitar una transición energética fluida y sostenible.
2. Avance tecnológico decisivo
En este escenario, marcado por tensiones políticas, el mundo se divide en dos tras un gran avance tecnológico, en lo que los autores describen como «una guerra fría de tecnologías limpias».
La competencia entre países se intensifica en la carrera por las energías renovables, que sí mitigan el cambio climático y desplazan a los combustibles fósiles. Sin embargo, algunas regiones salen perdiendo al quedar completamente excluidas de estas nuevas tecnologías.
3. Nacionalismo contaminante
En el peor escenario, sin duda, las políticas que anteponen a la propia nación arraigan en todo el mundo. Los países dependen de su propia producción energética, incluidos los combustibles fósiles, lo que frena los avances hacia la descarbonización.
La influencia de las organizaciones internacionales disminuye a medida que los países discrepan, lo que, en la práctica, acaba con el Acuerdo de París sobre el cambio climático. El calentamiento global continúa y provoca conflictos por los recursos compartidos.
4. Seguir como hasta ahora
En este escenario de «continuidad sin cambios», los combustibles fósiles siguen siendo dominantes y la transición energética avanza demasiado despacio para contribuir a combatir el cambio climático.
«Para minimizar los conflictos y maximizar la equidad, las decisiones políticas de los Estados durante la próxima década serán cruciales», escribieron los autores del estudio, Andreas Goldthau, Kirsten Westphal y otros, en Nature.
«Los investigadores y quienes toman decisiones deberían ampliar su enfoque y examinar las implicaciones de estas vías alternativas hacia la descarbonización: cuestiones que van mucho más allá de la tecnología.
«Allanar el camino requerirá acuerdos multilaterales, financiación generosa y cooperación».





