Estas start-ups tecnológicas están cambiando lo que significa cultivar

A visitor looks at ears of wheat grown by the hydroponic method without soil at the Mission Mars exhibition by the Newton Park interactive museum of science together with the children's technopark Quantorium in the Siberian city of Krasnoyarsk, Russia October 26, 2017. REUTERS/Ilya Naymushin - RC1E38B14860
The future of farming?Image: REUTERS/Ilya Naymushin
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Alimentar a una población que crece rápidamente sin agotar los finitos recursos de la Tierra, es uno de los principales desafíos del siglo XXI.

Estos cuatro emprendedores - quienes han sido seleccionados como los Pioneros Tecnológicos del Foro Económico Mundial de 2019 - tienen una visión para transformar la forma en que cultivamos con el fin de ayudar a alimentar al mundo.

Minigranjas en estacionamientos subterráneos

En un antiguo estacionamiento del centro de Pekín, bandejas y más bandejas de lechos de cultivo están apiladas unas sobre otras.

Se trata de una minigranja, en pleno corazón de la ciudad, que abastece a los hoteles cercanos con lechuga, apio, hierbas, col rizada y otras verduras de hoja verde.

“Ya no es imposible cultivar alimentos donde la gente trabaja y vive”, afirma Stuart Oda, cofundador de la start-up agrícola Alesca Life en 2013, refiriéndose a la cantidad de infraestructura urbana en desuso disponible, entre ella viejos contenedores de transporte marítimo.

Los LED proporcionan la luz y los nutrientes minerales se añaden al agua en lugar de al suelo. Los dispositivos conectados a internet monitorean la humedad, los niveles de acidez y la cantidad de oxígeno disuelto en el agua, lo que permite ajustar estas variables para aumentar los rendimientos.

“Nuestro sistema nos permite automatizar todos los principales puntos de error humano que podrían provocar una pérdida de cultivo”, afirma Oda.

Stuart Oda muestra sus granjas en contenedores al ministro de Seguridad Alimentaria de los Emiratos Árabes UnidosImage: Stuart Oda

La proximidad de las minigranjas a los clientes significa que los productos son frescos y reduce el transporte y el embalaje.

Alesca Life ha firmado un acuerdo para distribuir 1.000 granjas en contenedores en Oriente Medio, África, China y Norteamérica.

La decisión de Oda de lanzar su empresa se vio motivada por el cambio que observaba a su alrededor en China, entre ellos la rápida urbanización, el crecimiento de la población y la degradación de las tierras de las granjas tradicionales.

“Hay una verdadera sensación de urgencia para hacer frente a estos desafíos y quiero dedicar todos mis años productivos, incluidos mi pasión y mi juventud, a abordarlos”, afirma.

2. Encontrar un mercado para las frutas y verduras feas

Christine Moseley ha sido testigo de primera mano del enorme desperdicio de alimentos.

Durante la cosecha de lechuga romana, Moseley observó cómo el 25% de cada planta se colocaba en envases uniformes, mientras que el resto se desechaba.

“Entonces supe que teníamos un sistema alimentario roto. Fue mi momento ‘ajá’ y juré que no pararía hasta encontrar la forma de que ese producto se utilizara para el consumo”, le dijo a Forbes.

Fue entonces cuando decidió crear Full Harvest, una plataforma B2B para vender, en lugar de desperdiciar, frutas y verduras poco atractivas o no deseadas.

Aproximadamente un tercio de los alimentos producidos en el mundo para consumo humano cada año —unos 1.300 millones de toneladas— se pierde o desperdicia, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

Solo en Estados Unidos, cada año se desperdician 9.000 millones de kilos de productos ‘feos’ y excedentarios simplemente por las normas estéticas de los supermercados.

Los supermercados a menudo solo compran productos perfectosImage: Reuters/Ngwyen Huy Khan

Full Harvest conecta a empresas alimentarias con compañías de transporte por carretera y granjas para que puedan aprovechar los productos imperfectos y excedentarios.

Esto no solo aprovecha bien los alimentos, sino que también evita el desperdicio de agua y limita las emisiones de dióxido de carbono de la agricultura.

3. Prevenir el desperdicio con la imagen hiperespectral de la NASA

La imagen hiperespectral capta información de partes del espectro electromagnético que el ojo humano no puede ver. Esto significa que puede comprobar la frescura de los alimentos —desde filetes de ternera hasta aguacates— sin siquiera tocarlos.

La tecnología, desarrollada por primera vez por la NASA para la obtención de imágenes aéreas, detecta la calidad interna y la composición química de los productos alimentarios.

ImpactVision utiliza después técnicas de aprendizaje automático para evaluar la calidad del producto, lo que proporciona a las empresas alimentarias información en tiempo real sobre sus existencias.

En el caso del aguacate, por ejemplo, las imágenes pueden determinar la madurez de la fruta y rechazar las que estén podridas. Los sistemas anteriores dependían del muestreo y, después, del desperdicio de frutas.

“Mediante imágenes avanzadas y aprendizaje automático, ayudamos a las empresas alimentarias a conocer la calidad de sus productos de forma no invasiva, proporcionando datos continuos en tiempo real”, afirma Rachael Gan, directora financiera de ImpactVision.

“Esto permite tomar decisiones optimizadas durante el procesamiento, lo que a su vez reduce el desperdicio.”

¿Puede saber qué aguacate está maduro sin tocarlo?Image: REUTERS/Siphiwe Sibeko

ImpactVision trabaja actualmente con varios productores de alimentos y supermercados líderes en Estados Unidos y cree que los datos que recopila tienen el poder de transformar las cadenas de suministro de alimentos de la misma manera que el GPS transformó la navegación.

A medida que el control de calidad alimentario se digitaliza, esta nueva técnica también podría ayudar a detectar la contaminación y evitar costosas retiradas de alimentos en el futuro.

4. Semillas más productivas

“Las semillas son los héroes de la agricultura moderna. Si mejoramos las semillas, determinamos cuánta tierra, cuánta agua y cuántos fertilizantes se utilizarán”, afirma Ponsi Trivisvavet, director ejecutivo de Inari Agriculture. “Podemos resolver estos grandes problemas ambientales volviendo a la causa raíz: la semilla.”

Image: FAO

Inari opera una fundición de semillas donde se editan los genes de las plantas: algunos genes pueden eliminarse, otros insertarse y otros ajustarse finamente. “Todo lo que hacemos probablemente ocurriría de forma natural durante los próximos 1.000 años aproximadamente”, afirma Trivisvavet. “Solo estamos acelerando ese proceso.”

Se realizaron simultáneamente tres cambios en las semillas de tomate para aumentar el tamaño de las ramas, incrementar el número de flores y ampliar el tamaño del fruto. Esto supuso un aumento de la productividad de más del 90%, algo que nunca antes había ocurrido en la historia del desarrollo de cultivos, según Trivisvavet.

La misma tecnología se utiliza en la soja, donde se editan los genes de la semilla para aumentar el número de vainas por nudo y el número de semillas por vaina.

La fundición de semillas de Inari utiliza un diseño computacional de cultivos impulsado por IA para comprender los genomas de los cultivos y cómo interactúan entre sí.

“La edición genética en sí es más fácil que identificar dónde deben realizarse los cambios”, afirma Trivisvavet. “La IA nos dice dónde deben realizarse los cambios.”

Entre las áreas en las que se trabaja figura hacer que los cultivos sean más resistentes a la sequía y menos dependientes de los fertilizantes.

“Estamos trabajando en cómo alimentar al mundo sin esquilmar el planeta”, afirma Trivisvavet.

“Si podemos cultivar alimentos con menos insumos, podremos devolver tierras a la naturaleza y aligerar la huella ecológica de la agricultura.”

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