Numerosas amenazas podrían acabar con los seres humanos —entre ellas, el cambio climático, la guerra nuclear y las enfermedades—. Pero, cuando nosotros (y todos los demás animales del planeta ) nos extingamos, un organismo diminuto y asombroso seguirá vivo: el tardígrado.
A los tardígrados, también llamados osos de agua o lechones de musgo, suelen medir unos 0,5 milímetros y pueden sobrevivir en una asombrosa variedad de condiciones ambientales.
Como señalan los investigadores que realizaron un estudio reciente sobre estas criaturas minúsculas, los tardígrados pueden vivir unos minutos a temperaturas de hasta -450 grados Fahrenheit o de hasta 302 grados. Pueden resistir durante décadas a temperaturas de -4 grados. (En comparación, los seres humanos no aguantarían más de 10 horas con un frío así).
Para el nuevo estudio, publicado el viernes en la revista Scientific Reports, tres científicos de la Universidad de Oxford investigaron los fenómenos astrofísicos que podrían ser lo bastante catastróficos como para aniquilar toda la vida en la Tierra.
Como los tardígrados son la especie más resistente de nuestro planeta, los investigadores los utilizaron como referencia.
Aniquilar la vida
Los científicos concluyeron que la forma más sencilla de acabar con todos los seres vivos de la Tierra sería hacer hervir todos nuestros océanos. Para que eso ocurriera, el planeta tendría que recibir una energía de 5.6 x 10^26 julios, según sus cálculos: aproximadamente el equivalente a un millón de años de producción total de energía humana al ritmo actual.
Hipotéticamente, tres tipos de catástrofe podrían provocar esto: una supernova, un estallido de rayos gamma y el impacto de un gran asteroide.
Según sus cálculos, para que un asteroide depositara en nuestro planeta suficiente energía como para hacer hervir los océanos, tendría que ser enorme (pesar 1.7 x 10^18 kilogramos). Solo conocemos 17 cuerpos de nuestro sistema solar con una masa cercana; uno de ellos es Plutón, y ninguno tiene una órbita que coincida con la de la Tierra. Por eso, ese escenario es muy improbable.
Los estallidos de rayos gamma son explosiones misteriosas que concentran cantidades increíbles de energía en chorros estrechos. Los científicos descubrieron que, para matar a los tardígrados en la Tierra, un estallido de este tipo tendría que originarse a menos de 42 años luz y dirigir el haz directamente hacia nosotros, una situación también extremadamente improbable.
Las supernovas son explosiones estelares enormes que producen calor más que suficiente para hacer hervir los océanos de la Tierra. Pero, para que una parte considerable de ese calor llegara a la Tierra, la supernova tendría que estar bastante cerca en términos cósmicos.
La estrella más cercana a la Tierra (aparte de nuestro Sol) se llama Próxima Centauri y está demasiado lejos: una supernova allí solo elevaría 0,1 grados Celsius la temperatura de nuestros océanos. Además, Próxima Centauri no es el tipo de estrella que pueda convertirse en supernova.
Como los tres fenómenos son tan improbables, concluyen los investigadores, los tardígrados probablemente permanecerán en la Tierra durante unos mil millones de años, hasta que nuestro Sol se vuelva tan brillante y caliente que ya no pueda existir agua líquida en la Tierra.
Las capacidades de los tardígrados
Los tardígrados se consideran extremófilos, término que designa a organismos descubiertos en entornos que los científicos creían incapaces de albergar vida. Han vuelto a la vida después de haber estado congelados durante 30 años en musgo antártico. También se ha demostrado que pueden sobrevivir en el espacio.

Dos de los autores del nuevo estudio explicaron la extraordinaria resistencia de estas criaturas microscópicas en un artículo reciente para The Conversation.
«Aumenten la presión atmosférica a más de 1.000 veces la de la superficie terrestre o redúzcanla hasta alcanzar el vacío del espacio, y siguen adelante», escribieron los investigadores. «Pueden sobrevivir hasta 30 años sin comida ni agua. Incluso soportan miles de grays (dosis estándar) de radiación. (Diez grays serían una dosis letal para la mayoría de los seres humanos)».
Hay más de 1.000 especies distintas de tardígrados, que viven en todo tipo de entornos por todo el planeta. La principal razón de su resistencia es que pueden entrar en un estado de criptobiosis, muy parecido a la muerte. En ese estado, la actividad metabólica de los organismos se reduce a niveles indetectables. Sus cuerpos se contraen y pierden toda el agua salvo el 3 por ciento. En esencia, se deshidratan por completo.
Los científicos siguen investigando la criptobiosis, que algunos han llamado un «tercer estado entre la vida y la muerte», así como otros aspectos de la biología de los tardígrados.
Cuando los investigadores secuenciaron el genoma de estas criaturas en 2015, descubrieron que casi una sexta parte del ADN de los tardígrados procedía de organismos ajenos (frente a solo el 1% en la mayoría de los animales). Creen que esto ocurre porque el ADN de los tardígrados se rompe en pequeños fragmentos cuando sufren un estrés intenso, como una sequedad extrema. Cuando las células empiezan a rehidratarse, sus membranas y el núcleo que alberga el ADN se vuelven temporalmente permeables, lo que permite el paso de otras moléculas grandes.
Al rehidratarse, reparan su propio ADN y absorben ADN ajeno, un proceso que les proporciona un mosaico de genes de otras especies.
En 2016, científicos de la Universidad de Tokio también descubrieron una nueva proteína en los tardígrados que los protege de la radiación nociva.
Estas capacidades han puesto en entredicho la comprensión científica del proceso de evolución y han aportado pistas sobre cómo podríamos aumentar la supervivencia humana.
Aplicaciones en la búsqueda de vida extraterrestre
El objetivo principal del nuevo estudio no era destacar lo extraordinarios que son los tardígrados. Los investigadores de Oxford querían averiguar qué probabilidades hay de que la vida sobreviva en un planeta parecido a la Tierra después de surgir.
Los autores sugieren que, si el surgimiento de vida en otros planetas parecidos a la Tierra da lugar a organismos tan resistentes como los tardígrados, es probable que la vida siga existiendo en esos planetas.
Esto da motivos para tener esperanza en la búsqueda de vida extraterrestre, pues significa que, si la vida llegó a establecerse en planetas similares al nuestro, probablemente todavía haya supervivientes que algún día podríamos encontrar.
Sin embargo, esta buena noticia tiene varias salvedades. Los investigadores no tuvieron en cuenta los efectos de procesos de retroalimentación como el cambio climático grave; por tanto, hay escenarios hipotéticos en los que la catástrofe inicial podría ser relativamente leve, pero sus efectos se acumularían con el tiempo.
También suponen que la vida en otros planetas parecidos a la Tierra es similar a la que existe aquí.
Aun así, los investigadores señalan que, aunque la especie humana pueda ser relativamente frágil, la vida en su conjunto es «increíblemente resistente».
«No comprendemos del todo los mecanismos por los que comenzó la vida, pero, una vez que existe en un planeta parecido a la Tierra, la eliminación completa de toda forma de vida (salvo por la evolución de la estrella anfitriona) es muy improbable», concluyen en el estudio.





