La extinción de los elefantes de bosque agravaría el cambio climático. Así lo indica un nuevo estudio publicado en Nature Geoscience, que relaciona la alimentación de los elefantes con un aumento de la cantidad de carbono que los bosques son capaces de almacenar.
La mala noticia es que los elefantes de bosque africanos, parientes más pequeños y vulnerables del mejor conocido elefante de sabana africano, se están extinguiendo rápidamente. Si permitimos que su exterminio continúe, también agravaremos el cambio climático. La buena noticia es que, si protegemos y conservamos a estos elefantes, al mismo tiempo combatiremos el cambio climático.
Los elefantes son animales fascinantes, y los llevo estudiando más de 15 años. Son inteligentes, sensibles y muy sociales. Pero su rasgo más notable es, sin duda, su tamaño. Desde el punto de vista evolutivo, los elefantes apostaron por alcanzar un tamaño tan grande que disuadiera a depredadores como leones y tigres.
A cambio, se convirtieron en esclavos de su apetito. Los elefantes necesitan enormes cantidades de alimento a diario, algo así como entre el 5 y el 10 % de su masa corporal. Una hembra típica de tres toneladas puede comer 200 kg de material vegetal en un solo día. Su familia puede necesitar consumir más de una tonelada de alimento al día.
No es fácil encontrar tanta comida, sobre todo en las selvas tropicales, donde las plantas presentan altas concentraciones de defensas químicas (toxinas) para evitar ser comidas. Los elefantes pasan la mayor parte de su vida comiendo y buscando alimento. Podemos considerarlos «máquinas de comer». Los elefantes de bosque africanos sienten una predilección especial por los brinzales, los árboles jóvenes y las plantas que crecen por primera vez en los claros recién abiertos del bosque. Estas plantas de «sucesión temprana» están especializadas en crecer rápidamente tras una perturbación y invierten menos en defensas químicas. Los árboles de sucesión temprana también tienen una densidad de madera menor que las especies arbóreas de sucesión tardía, de crecimiento lento.
Los modales de los elefantes al comer también son notables. Se alimentan partiendo tallos y ramas, arrancando lianas, desenraizando plantas enteras, arrancando hojas de las ramitas, etc. Es fácil percibir su presencia por el desorden que dejan tras de sí.
Cómo las perturbaciones causadas por los elefantes afectan a las reservas de carbono
La principal novedad del nuevo estudio, realizado por el ecólogo Fabio Berzaghi y sus colegas, es que incluyen, por primera vez, el efecto de las perturbaciones causadas por la alimentación de los elefantes en un modelo informáticoque simula los procesos demográficos en los ecosistemas forestales. Descubrieron que la «perturbación provocada por los elefantes» (todo ese comer desordenado) hace que los bosques tengan menos árboles, pero de mayor tamaño. Los elefantes eliminan los árboles pequeños de sucesión temprana (es decir, de baja densidad de madera), favoreciendo el predominio de los árboles de sucesión tardía (de alta densidad de madera), lo que finalmente conduce a aumentos a largo plazo de la biomasa total. Berzaghi y sus colegas lograron validar las predicciones de su modelo con datos de parcelas forestales reales de la cuenca del Congo.
Al favorecer estos árboles más grandes y leñosos, las perturbaciones causadas por la alimentación de los elefantes hacen, por tanto, que el bosque almacene más carbono. Estos resultados tienen implicaciones importantes y de gran alcance para la conservación de los elefantes y para la política climática basada en el carbono. Los autores estiman que la desaparición de los elefantes de bosque africanos provocaría una pérdida de hasta el 7 % de las reservas de carbono de los bosques de África central, que valoraron en unos 43 000 millones de dólares estadounidenses, sobre la base de un precio conservador de las reservas de carbono. En resumen, los elefantes de bosque son nuestros aliados en la lucha contra el cambio climático, y su existencia nos ahorra decenas de miles de millones de dólares en respuestas climáticas.
Los elefantes de bosque podrían desaparecer pronto
La situación de los elefantes de bosque africanos es especialmente dramática. Antes eran millones, pero hoy su población es inferior al 10 % de su tamaño potencial y, en la década comprendida entre 2002 y 2011, hasta un 62 % de los elefantes de bosque podría haber sido abatido. Este declive se debe sobre todo a la caza furtiva para satisfacer la demanda asiática de marfil, así como a la creciente invasión humana de sus hábitats. Qué triste motivo para una masacre y un desastre ecológico.
Los científicos reconocen en gran medida que los elefantes de sabana africanos (Loxodonta africana) y de bosque (L. cyclotis) son especies diferentes. Sin embargo, debido a dificultades prácticas (como lidiar con abundantes poblaciones híbridas), la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), que hace un seguimiento oficial de las especies amenazadas, ha mantenido a ambas juntas. El problema es que los elefantes de sabana, más numerosos, han ocultado una reducción drástica de sus parientes de bosque.
Berzaghi y sus colegas insisten en que los elefantes de bosque sean reconocidos por fin como una especie propia. Esto les daría un estatus separado en la Lista Roja de la UICN (probablemente clasificados como «en peligro») y desencadenaría políticas y acciones importantes.
Conservar a los elefantes ayuda a combatir el cambio climático
Berzaghi y sus colegas demuestran que los elefantes de bosque producen servicios ecosistémicos en forma de estabilidad climática, de la que todos nos beneficiamos, incluidas personas como usted y como yo, que quizá nunca visiten los bosques de África central. Si todos somos beneficiarios de la conservación de los elefantes, también deberíamos ser responsables de ella. Es muy importante que las sociedades más prósperas asuman una mayor parte de la responsabilidad de conservar los elefantes y otra biodiversidad tropical de la que nos beneficiamos.
En la última década hemos aprendido mucho sobre la importancia de los elefantes y otros grandes animales para los ecosistemas en funcionamiento. Ha llegado el momento de aplicar este conocimiento. Berzaghi y sus colegas aportaron pruebas que vinculan el comportamiento de una sola especie (las perturbaciones causadas por la alimentación de los elefantes de bosque africanos) con impactos climáticos a escala global. Como se mencionó antes, la mala noticia es que los seres humanos estamos matando elefantes y arruinando nuestro planeta. La buena noticia es que podríamos sumar esfuerzos y combatir el cambio climático protegiendo y restaurando de manera eficaz las poblaciones de elefantes de bosque y sus hábitats. La elección me parece obvia.






