El futuro de la conservación de los océanos está en el liderazgo comunitario respaldado por la ciencia y la filantropía

Fishermen in India, ocean conservation
Ensuring long-term ocean conservation is a collaborative effortImage: Photo by Kamal Preet Kaur on Unsplash
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  • El 30 % del océano debería estar protegido para 2030.

  • Pero ¿se traducirá esto en resultados ecológicos y sociales eficaces y duraderos?

  • La ciencia y la filantropía son fuerzas poderosas para la conservación de los océanos, pero su impacto depende de los conocimientos, las prioridades y el liderazgo que ponen en el centro.

A medida que la comunidad mundial acelera los esfuerzos para alcanzar el objetivo 30x30 —proteger el 30 % del océano para 2030, según lo acordado en el marco del Convenio sobre la Diversidad Biológica—, la conservación marina ha entrado en una fase decisiva. Los gobiernos están ampliando la protección de los océanos, avanzan los acuerdos multilaterales (por ejemplo, el Acuerdo de la ONU sobre la Biodiversidad Marina de las Zonas Fuera de la Jurisdicción Nacional (BBNJ)) y crecen los compromisos financieros (por ejemplo, se consiguieron 9.100 millones de dólares en nuevos compromisos financieros en la décima Conferencia Our Ocean). Sin embargo, a medida que se acerca el plazo de 2030, persiste una pregunta urgente: ¿se traducirá esto en resultados ecológicos y sociales eficaces y duraderos?

La evidencia indica que el éxito dependerá de cuánto océano se proteja y de quién participe, así como de cómo se diseñe, implemente y gobierne la protección. A partir de experiencias en investigación de ciencias sociales y filantropía en dos regiones de los trópicos globales —América Latina y el Sudeste Asiático—, creemos que lograr resultados eficaces y duraderos para las personas y el océano requiere un cambio que ponga en el centro el liderazgo de las comunidades indígenas y locales.

La conservación de los océanos desde la perspectiva de la mayoría tropical

La mayoría de las personas del mundo que dependen del océano vive en países de ingresos bajos y medios de las regiones tropicales, lo que se conoce como la «mayoría tropical». Estas comunidades están en primera línea frente al cambio climático y la pérdida de biodiversidad, pero también están profundamente vinculadas a los ecosistemas costeros mediante sus medios de vida, prácticas culturales y sistemas de custodia de larga data.

A pesar de ello, la agenda mundial de conservación de los océanos sigue estando definida en gran medida por instituciones científicas, estructuras de financiación y marcos normativos con sede en países templados de ingresos altos. Esto ha propiciado a menudo el uso de enfoques estandarizados que pasan por alto los sistemas de gobernanza locales, las realidades socioeconómicas y la variabilidad ecológica. Además, el relato predominante suele presentar las regiones tropicales principalmente como lugares en crisis, caracterizados por la sobrepesca, la degradación de hábitats y la vulnerabilidad climática.

Aunque estos desafíos son reales y urgentes, los trópicos también son lugares de resiliencia, innovación y liderazgo. Albergan diversos sistemas de conocimiento y tradiciones de gobernanza, así como comunidades que han sabido desenvolverse ante los cambios ambientales durante generaciones y que, aun así, están dispuestas a aprender, colaborar y diseñar soluciones para los desafíos ambientales actuales. A medida que se hacen más visibles las desigualdades en la gobernanza de los océanos, vemos una oportunidad para reorientar los sistemas de producción de conocimiento, financiación y toma de decisiones asociada a fin de apoyar esta transición.

Una ciencia que pone a las comunidades en el centro

Aprovechar esta oportunidad requiere, ante todo, un cambio fundamental en la ciencia oceánica. Los paradigmas de investigación dominantes han priorizado a menudo ciertas formas de conocimiento (por ejemplo, las ciencias naturales) y marginado otras, en particular los sistemas de conocimiento indígenas y locales. Para abordar esto, es necesario ampliar quién lidera, participa y se beneficia de la investigación científica.

Esto implica avanzar hacia una investigación de ciencias sociales práctica, codiseñar la investigación con las comunidades, alinear los proyectos con las prioridades locales y crear alianzas equitativas que permitan a investigadores de los trópicos asumir el liderazgo. También requiere una inversión sostenida de instituciones académicas, filantropías e instituciones multilaterales en una ciencia abierta y accesible. Esta inversión debe priorizar el impacto local y regional, incluida la capacitación dentro de cada país para recopilar y analizar datos, garantizar un almacenamiento y acceso a los datos a largo plazo que sean justos y sostenidos, y ampliar el acceso a la literatura científica.

Además de estos cambios estructurales, la ciencia oceánica debe ampliar su alcance. Integrar las ciencias sociales, las humanidades y la investigación-acción participativa puede reflejar mejor los sistemas socioecológicos que determinan los resultados de la conservación y contribuir a ajustar las intervenciones para que tengan solidez científica y arraigo social.

La comunidad de Bocas del Toro comparte sus conocimientos locales con el Instituto Smithsonian de Investigaciones TropicalesImage: Por cortesía del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales

Por ejemplo, una colaboración entre las comunidades ngöbe del archipiélago de Bocas del Toro, en Panamá, y científicos del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales buscó aprovechar los conocimientos localessobre las implicaciones de ampliar un parque nacional local. Las personas entrevistadas expresaron su aprecio por el parque existente, rechazaron en general la ampliación de sus límites y manifestaron interés en una iniciativa de conservación liderada por la comunidad y alineada con sus valores y objetivos de custodia. Esto subraya la necesidad de incorporar las perspectivas locales para garantizar una gestión eficaz.

Hacia una filantropía centrada en las comunidades

Los modelos filantrópicos tradicionales suelen reproducir desequilibrios de poder similares, pues los financiadores fijan prioridades lejos de los ecosistemas y las comunidades a las que pretenden servir. Un enfoque basado en la confianza supone un avance, ya que sitúa a financiadores y socios receptores de subvenciones como colaboradores; sin embargo, una buena relación entre ambos no se extiende automáticamente a las comunidades a las que sirven.

Para lograrlo, los financiadores y los socios receptores de subvenciones deben rendir cuentas sobre cómo llega la conservación a las comunidades sobre el terreno. Esto implica cuestionar cómo participan las comunidades: si se solicita y respeta su consentimiento, si se reconocen los sistemas tradicionales de gobernanza y si las comunidades realmente dan forma al trabajo o simplemente lo reciben. También implica garantizar que las comunidades indígenas y locales no solo sean consultadas o tenidas en cuenta, sino que estén representadas formalmente en la toma de decisiones sobre el diseño, la implementación y la gobernanza de los proyectos financiados.

La red de Acceso gestionado con reservas de Rare, un sistema de gestión pesquera que equilibra el uso sostenible y la protección, ofrece un ejemplo de cómo puede hacerse. La organización incorpora el consentimiento libre, previo e informado como principio fundamental, para que las comunidades definan libremente los planes de conservación, antes de que se tomen decisiones y con toda la información disponible. Pero este enfoque va más allá del consentimiento: las comunidades y los gobiernos locales codiseñan y cogestionan sus áreas marinas, los pescadores locales tienen derechos de acceso preferente y las normas establecidas por la comunidad rigen la gestión de la pesquería.

Mujeres de comunidades costeras del distrito de Buton visitan una exposición fotográfica que muestra a sus comunidades vecinas, una herramienta creativa para aprender y participarImage: Yong Junyi

En Indonesia, las comunidades han ido aún más lejos y han destinado fondos de los gobiernos de las aldeas a la vigilancia marina codirigida, una señal de custodia duradera y apropiación local. Rare ha aplicado el mismo enfoque a la ciencia, asociándose con un investigador para poner a prueba una evaluación fotográfica participativa en el sudeste de Sulawesi, que recoge los cambios ambientales y sociales a través de las propias historias e imágenes de las comunidades.

Sylvia Earle ha dedicado toda su vida al estudio del océano. Esto es lo que ha aprendido.
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Un momento decisivo para una conservación inclusiva

La ciencia y la filantropía son fuerzas poderosas para la conservación de los océanos, pero su impacto depende de los conocimientos, las prioridades y el liderazgo que ponen en el centro. Sin este cambio hacia la inclusión, impulsado por una ciencia con arraigo social y una filantropía centrada en las comunidades, existe el riesgo de que la conservación proteja los océanos solo de nombre, pero no en la práctica. Adoptar ambos enfoques puede contribuir a que la conservación sea eficaz y equitativa. Además, reconocer los vínculos entre las personas y el océano en todos los trópicos e incorporar estas relaciones a las estructuras de gobernanza puede aumentar la resiliencia de las iniciativas de conservación.

Hacer realidad este potencial requiere compromisos concretos y alianzas que reúnan diversas formas de conocimiento y experiencia mediante colaboraciones intersectoriales. Quienes toman decisiones pueden conectarse con la ciencia adecuada y aprender de iniciativas filantrópicas locales para identificar y abordar desigualdades sistémicas, fijar objetivos de inclusión medibles y armonizar las políticas con el apoyo a iniciativas dirigidas localmente. Para los financiadores dispuestos a adoptar una filantropía centrada en las comunidades y los socios receptores de subvenciones preparados para aportar plenamente su voz, conocimientos y liderazgo, nunca ha habido una oportunidad mayor para hacer conservación de otra manera.

Los autores son miembros de Amigos de la Acción Oceánica, una comunidad única de líderes oceánicos que conecta a empresas, sociedad civil, organizaciones internacionales, ciencia y tecnología para acelerar soluciones a los problemas más apremiantes que enfrenta el océano.

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