Vea aquí An Insight, An Idea con Matt Damon y Gary White, del Encuentro Anual 2017 del Foro Económico Mundial aquí.
«Nunca sabemos cuánto vale el agua hasta que se seca el pozo», escribió en 1732 el intelectual británico Thomas Fuller. Y tenía razón. A menudo, el agua parece algo obvio. A muchos ni siquiera se nos ocurre que quizá no salga agua cuando abrimos el grifo o tiramos de la cadena. En muchas partes del mundo, la gente se enfrenta a la escasez de agua o, por el contrario, a inundaciones frecuentes. Pero, por muy distintas que sean las circunstancias nacionales y regionales, el agua es algo que fácilmente damos por sentado.
Y, sin embargo, el agua es crucial para todos: desde el punto de vista económico, social y medioambiental. En mi país, los Países Bajos, somos especialmente conscientes de ello. El agua ha marcado nuestro pasado y dará forma a nuestro futuro. El nombre de los Países Bajos significa literalmente «tierras bajas»: una cuarta parte del país está por debajo del nivel del mar. Durante siglos hemos conseguido mantener los pies secos y contener el agua salada. Construimos nuestro sistema de gobernanza en torno al agua para negociar entre habitantes de las ciudades, agricultores e intereses medioambientales. Hoy desarrollamos constantemente nuevas soluciones relacionadas con el agua para contrarrestar los efectos del cambio climático y acompañar la transición energética. Nuestros expertos en agua recorren el mundo y ayudan a otros países a idear planes a largo plazo e innovaciones a corto plazo, abordando la seguridad hídrica y cuestiones económicas, sociales y de otra índole relacionadas con el agua.
El Foro Económico Mundial sitúa las crisis del agua, como la escasez, las inundaciones y la contaminación, entre los principales riesgos para la economía mundial en la próxima década. Yo mismo me incorporé al Panel de Alto Nivel sobre el Agua (HLPW, por sus siglas en inglés), una iniciativa puesta en marcha por el exsecretario general de la ONU, Ban Ki-moon, y el presidente del Banco Mundial, Jim Jong Kim, en el Foro Económico Mundial de 2016. Es una plataforma única, integrada por 11 dirigentes gubernamentales de todo el mundo, de países en desarrollo y desarrollados, del Norte y del Sur. Y dado que el agua es crucial para las grandes ambiciones de la agenda de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ha llegado el momento de actuar.
Tomar las decisiones acertadas para el futuro empieza por ser conscientes. Debemos hacer más explícitos los valores sociales, medioambientales y económicos del agua para incluirlos en los procesos de toma de decisiones. Por eso, el HLPW puso en marcha la «Iniciativa para valorar el agua» con el fin de impulsar el debate. El HLPW recopilará buenas prácticas de todo el mundo que hagan justicia a los distintos valores del agua. Las prácticas que transforman una sociedad pueden inspirar cambios similares en otras. Al reunirlas, el HLPW sentará las bases de recomendaciones con potencial para cambiar las reglas del juego a escala mundial.
La cuestión es esta: no valorar el agua tiene un coste. Por ejemplo, se ha estimado que, si no encontramos mejores formas de gestionar el agua, la escasez podría reducir hasta un 6 % el PIB de algunos países de aquí a 2050. En la práctica, todas las decisiones sobre la gestión del agua le asignan un valor y establecen compensaciones entre sectores, países y generaciones. Por eso necesitamos un lenguaje común entre los usuarios del agua de distintos sectores y regiones para mejorar la toma de decisiones y la transparencia.
Una forma evidente y directa de valorar el agua consiste en fijar precios por su uso y contaminación, así como por la protección frente al riesgo de inundaciones. En los Países Bajos, el aumento del precio por verter agua contaminada ha contribuido a mejorar considerablemente la calidad de las aguas superficiales desde 1975. En la cuenca del río Murray-Darling, la principal zona agrícola de Australia y hábitat de varias especies en peligro de extinción, la fijación de precios del agua ha demostrado ser muy eficaz para optimizar su asignación en épocas de escasez. Y estos son solo dos de muchos ejemplos.
Sin embargo, estas iniciativas de fijación de precios del agua solo abarcan una parte de sus valores. Otros valores son más difíciles de cuantificar en términos monetarios, como el desarrollo social y las compensaciones entre fronteras y generaciones. Aunque se puede asignar un precio a la escasez, es mucho más difícil poner un valor monetario a los baños rituales, las actividades recreativas en el agua, la transmisión de un ecosistema saludable a las generaciones futuras o la posibilidad de que más niñas vayan a la escuela gracias al fácil acceso al agua y al saneamiento. Sin embargo, todos estos factores deben tenerse en cuenta.
Como comunidad mundial, debemos encontrar mecanismos de gobernanza que incorporen los distintos valores del uso del agua y tengan en cuenta cómo afectan nuestras decisiones a la sociedad. El sector público, el privado y la sociedad civil tienen un papel que desempeñar en este proceso. En un mundo donde el agua limpia y dulce escasea cada vez más, habrá que usar cada vez más cada gota, reutilizarla y volver a reutilizarla. Esto solo será posible si cada usuario tiene en cuenta las necesidades de los demás usuarios, tanto actuales como futuros.
Por eso, hago un llamamiento a la comunidad del Foro para que participe en la Iniciativa para valorar el agua. Nuestro objetivo es presentar, a más tardar en 2018, una herramienta integral y práctica que permita mejorar las prácticas mundiales de valoración del agua. Para ello necesitamos aportaciones y buenas prácticas de todo el mundo. Puede encontrar más información aquí.
El agua marcó el pasado de mi país y también dará forma a su futuro. Unámonos para valorar este bien público tan importante en todo el mundo y asegurémonos de que el agua dé forma a un futuro común mejor.





