Hace una década, la ciudad sudafricana de Durban se enfrentaba a graves escaseces de agua, con embalses un 20% por debajo de los niveles medios.
Una de cada cuatro personas residentes vivía en asentamientos con estrés hídrico.
Hoy, Durban ha abordado los desafíos relacionados con el agua mediante soluciones de alcance sistémico.
Su enfoque de planificación de la resiliencia hídrica puede ofrecer lecciones a ciudades de todo el mundo.
Hace una década, la ciudad sudafricana de Durban se enfrentaba a graves escaseces de agua. Los embalses disminuían a un ritmo alarmante y se encontraban un 20% por debajo de los niveles medios. Al menos una de cada cuatro personas residentes ya vivía en asentamientos informales con estrés hídrico. La ciudad crecía más rápido de lo que la capacidad municipal podía seguir. Los atrasos en los servicios y la proliferación de barrios marginales parecían consolidar la pobreza.
Esta realidad es demasiado habitual en las zonas urbanas de toda África: las ciudades de crecimiento rápido luchan frente a crisis hídricas, tensiones climáticas y desastres naturales cada vez más frecuentes. Además, quienes menos capacidad tienen para afrontar los efectos del exceso, la escasez o la contaminación del agua están siempre en primera línea y son los más afectados.
Durante demasiado tiempo, los enfoques para abordar estos desafíos han sido insuficientes. Las prácticas habituales se centran con demasiada frecuencia y de forma estrecha en mejorar la infraestructura tradicional (también conocida como «infraestructura gris»), como ampliar el suministro de agua o construir más presas y plantas de tratamiento, en lugar de atacar las causas profundas y poner en el centro a las personas más afectadas.
Pero, al adoptar un enfoque regional e invertir en procesos participativos, Durban ha podido identificar, abordar y mitigar las causas profundas de sus problemas hídricos para sus tres millones de habitantes. La ciudad es una de las muchas que están en primera línea de los efectos del cambio climático, pero también se encuentra en una posición idónea para liderar la acción climática centrada en la resiliencia.
Este es un hallazgo del nuevo informe de WRI, Resiliencia hídrica en un contexto urbano en transformación: el desafío de África y vías de acción, en el que se destaca que deben cambiar las formas en que las ciudades africanas entienden, planifican, gobiernan y financian sus sistemas hídricos.
Durban ha abordado desafíos hídricos monumentales con soluciones de alcance sistémico que llegan a sus asentamientos informales y evitan materiales costosos. Su enfoque de planificación de la resiliencia hídrica puede ofrecer lecciones a ciudades de todo el mundo.
Ir más allá de las soluciones tradicionales
Mejorar la resiliencia hídrica urbana en ciudades cada vez más complejas y en crecimiento exige ir más allá de las soluciones tradicionales. Se necesita una acción colaborativa y una alineación entre un amplio conjunto de partes interesadas, incluidas las personas afectadas por el agua y por el sistema hídrico. La planificación debe ir más allá del sector hídrico, teniendo en cuenta cómo se gestionan los bosques, dónde se construyen carreteras y viviendas, y cómo afrontan los residentes las crisis y tensiones, como las inundaciones.
Durban, parte del Municipio de eThekwini, lleva más de 10 años construyendo resiliencia hídrica urbana e integrando consideraciones intersectoriales. Como otras ciudades africanas, Durban presenta altos niveles de pobreza, un déficit de vivienda y un gran desarrollo informal. Sin embargo, los responsables municipales trabajaron para identificar las características únicas de su área municipal, incluido su contexto posterior al apartheid, su entorno biodiverso y el conocimiento local que abarca a diversos grupos. Reconocer e integrar las fortalezas y necesidades específicas de la región permitió flexibilidad e inclusión en el enfoque de la ciudad sobre la resiliencia hídrica. Esto les permitió aplicar estrategias que fueron más allá de la planificación hídrica tradicional y generar mejores resultados en todas las comunidades locales.
¿Cómo logró Durban hacerlo?
Adoptar un enfoque regional
En primer lugar, los responsables municipales entendieron que un enfoque regional era esencial. Una cuenca hidrográfica suele ser mucho más grande que la jurisdicción de la ciudad e incluye otras ciudades cercanas, pueblos o zonas rurales, lo que puede dificultar la coordinación. La contaminación, los residuos y la erosión derivados de la degradación forestal en zonas situadas aguas arriba pueden afectar negativamente a los suministros de agua y a los ecosistemas situados aguas abajo.
En 2013, el Municipio de eThekwini, el Instituto Sudafricano Nacional de Biodiversidad (SANBI), empresas privadas y ONG establecieron una asociación regional de múltiples partes interesadas conocida como Asociación de Infraestructura Ecológica de uMngeni (UEIP). La iniciativa se desarrolló para todos los municipios y actores pertinentes de la cuenca del río uMngeni, con el fin de tener en cuenta todo el ecosistema de la cuenca, una zona que abastece de agua potable a millones de personas, incluida Durban, y sustenta varias industrias clave. Se ha estimado que alrededor de un 20% del producto nacional bruto de Sudáfrica se genera dentro de la cuenca del río uMngeni. Las partes interesadas reconocieron que los esfuerzos regionales coordinados eran clave para proteger los ecosistemas que influyen en el suministro y la calidad del agua y en la capacidad de amortiguar las tormentas.
Por ejemplo, un proyecto piloto se centró en rehabilitar un afluente pequeño pero contaminado situado aguas arriba del río uMnegi. Afectado por una fuerte contaminación industrial, aguas residuales sin tratar y una extensa acumulación de basura, el mal estado de este afluente genera grandes problemas: mayores costes de tratamiento del agua para los usuarios aguas abajo, agricultores locales que no pueden regar sus cultivos y agua no apta para uso doméstico para los residentes. La UEIP trabaja en la restauración de afluentes como estos, así como de humedales y llanuras aluviales, que pueden mejorar de forma natural la calidad del agua — mientras colabora con industrias y viviendas cercanas para abordar los problemas de vertidos ilegales. Se ha demostrado que las mejoras focalizadas aguas arriba permiten ahorrar enormes costes aguas abajo, una estrategia que también funciona en las cuencas de Nairobi, Kenia y Freetown, Sierra Leona.
Inclusión y participación comunitaria
En segundo lugar, el enfoque de Durban priorizó procesos participativos que cultivan una visión compartida entre una amplia variedad de grupos, incluidas las personas urbanas pobres. La ciudad incorporó un grupo de «pensadores críticos», con residentes de asentamientos informales, empresas locales, activistas ambientales y comunidades interreligiosas, para cuestionar el statu quo, desarrollar soluciones alternativas y precisar lo que significa la resiliencia en el contexto específico de la ciudad. Es esencial incorporar a las partes interesadas de la comunidad, porque sus perspectivas ayudan a dar forma y definir la resiliencia de manera arraigada localmente, respondiendo a los desafíos reales sobre el terreno.
Involucrar a estos grupos ha ayudado a Durban a adaptar los esfuerzos de resiliencia a las necesidades locales, y los beneficios son evidentes. Los amplios procesos de participación comunitaria identificaron palancas de cambio de alcance sistémico —ámbitos que sustentan todos los desafíos de resiliencia— y una visión a largo plazo de un cambio sistémico y transformador. Durban está aplicando ahora sus iniciativas piloto de la Estrategia de Resiliencia, con especial atención a integrar los sistemas de gobernanza tradicionales y la acción colaborativa con los asentamientos informales. Por ejemplo, la ciudad ha trabajado con asentamientos informales para instalar más de 2.500 instalaciones sanitarias comunitarias, mejorar depósitos y puntos de suministro de agua, y poner en marcha un nuevo programa para vaciar y tratar los residuos de las letrinas de pozo..
Pocas ciudades tienen planes de resiliencia que se centren en enfoques de alcance sistémico y en la equidad. El énfasis de Durban en los cambios transformadores y la equidad no solo garantizará una mayor resiliencia frente a los impactos hídricos, sino también cambios catalizadores en toda la ciudad que fortalezcan los sistemas frente a cualquier crisis, tensión o choque futuro.
Construir resiliencia hídrica requiere un cambio sistémico
Pese a estos esfuerzos y a los avances sustanciales, la ciudad sigue enfrentando desafíos. En 2019, Durban sufrió graves inundaciones que causaron al menos 60 muertes por edificios derrumbados, deslizamientos de lodo y socavones. Con la intensificación del cambio climático, construir resiliencia es urgente y fundamental, y requiere un compromiso continuo.
Durban no es el único caso. En toda el África subsahariana, las ciudades enfrentan desafíos convergentes: urbanización rápida, amenazas climáticas crecientes y una demanda que se dispara de recursos hídricos cada vez más limitados. Más de la mitad de los residentes urbanos del África subsahariana viven en asentamientos informales, y aún más carecen de servicios de agua y saneamiento seguros, asequibles y fiables. En las últimas tres décadas, 654 inundaciones en África han afectado a más de 38 millones de personas. Para 2050, se prevé que 1.500 millones de personas del continente vivirán en ciudades, más del doble de la cifra actual. Se espera que más del 65% de los residentes urbanos de África se enfrenten a riesgos climáticos «extremos», aunque el continente es el que menos contribuye al cambio climático. Sin una acción urgente para construir resiliencia hídrica urbana, las ciudades no estarán preparadas para resistir estos choques, y los impactos climáticos seguirán socavando la seguridad, el bienestar y las perspectivas de desarrollo de los habitantes urbanos de África.
Se requieren cambios fundamentales para ampliar a más ciudades el tipo de acción que Durban implementó. Las iniciativas en Freetown, Sierra Leona y Adís Abeba, Etiopía, para restaurar ecosistemas críticos, son prometedoras. Los esfuerzos en Nairobi, Kenia, para proteger los barrios vulnerables de las inundaciones y del estrés hídrico mediante la mejora participativa de asentamientos informales, destacan enfoques inclusivos e impactantes para la planificación. Por último, las iniciativas panafricanas como la Agenda 2063 de la Unión Africana y el Programa de Estímulo Verde Africano —respaldado por todos los ministros de medio ambiente de África— señalan un impulso crítico hacia la construcción de un futuro más resiliente al clima y al agua.
Pero, en última instancia, los responsables de decisiones de ciudades y regiones, incluidos los gobiernos nacionales y la comunidad internacional, deben transformar la manera en que las ciudades planifican, gestionan, gobiernan y financian sus sistemas hídricos y urbanos. Invertir en resiliencia hídrica mejora los medios de vida, protege los ecosistemas, hace frente al cambio climático y mejora la vida de todos. Como han dejado claro la pandemia de COVID-19 y la crisis climática, es imperativo acelerar el cambio de sistemas que pueda sustentar un mundo más resiliente, justo y sostenible.




