El nuevo plan medioambiental de Theresa May establece objetivos ambiciosos para reducir los residuos plásticos. Pero hay mucho margen para que se incumplan. Uno de los objetivos es eliminar todos los residuos plásticos «evitables», aunque no está claro cómo se definirá «evitable». Ya se han puesto en marcha algunas medidas concretas, como la ampliación a todas las empresas de Inglaterra del recargo de 5 peniques por las bolsas de plástico. Además, para combatir la propagación de partículas diminutas de plástico, el Gobierno anunció recientemente la prohibición de las microesferas en los productos de cuidado personal.
Pero estas medidas, aunque se adoptaran en todo el mundo, no eliminarían realmente los «microplásticos» del medioambiente.

El problema es que todo el plástico acaba convirtiéndose en partículas diminutas. Y persiste, sea cual sea su tamaño. En el océano, incluso los fragmentos de plástico más grandes y resistentes se descomponen y degradan por efecto de las olas y la luz solar hasta que, con el tiempo, miden menos de cinco milímetros de diámetro —más o menos el tamaño de una hormiga— y se clasifican como «microplásticos secundarios». Este tipo de plástico, que originalmente formaba parte de botellas de bebidas, aparejos de pesca, cubiertos desechables y otros objetos, es mucho más abundante que los «microplásticos primarios», que ya eran pequeños desde el principio, como las microesferas presentes en la pasta de dientes.
Las microesferas son una de las fuentes más conocidas de contaminación por partículas diminutas de plástico, pero también hay otras fuentes menos evidentes de microplásticos en los productos de uso cotidiano. Los llamamos «microplásticos ocultos» y entre ellos se encuentran:
1. Neumáticos
Los neumáticos están hechos de caucho y contienen alrededor de un 60 % de plástico (estireno-butadieno). La fricción, la presión y el calor de la conducción desgastan los neumáticos hasta tal punto que generan, según las estimaciones, una media de 63.000 toneladas al año de polvo plástico solo en el Reino Unido. Si ese polvo se dispersa en la atmósfera, puede contribuir a la mala calidad del aire que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha identificado como una causa de muerte prematura.
Si llega a los desagües, ríos y océanos, es probable que se lo coman animales filtradores como los mejillones, y que así entre en la cadena alimentaria humana. La industria podría volver al látex natural, obtenido de los árboles del caucho, pero eso también tendría un coste medioambiental: la expansión de las plantaciones de caucho ya es «catastrófica» para las especies amenazadas del sudeste asiático.
2. Ropa sintética
La ropa de exterior, las mallas, las prendas de forro polar y los jerséis hechos de acrílico, poliéster, poliamida, elastano y nailon desprenden hasta 700.000 microfibras con cada lavado. Una vez en el agua, es difícil filtrar las microfibras, y diversos estudios han demostrado que ya se encuentran en el agua del grifo de muchos países.
En Estados Unidos, el 94 % de las muestras analizadas contenían fibras. En el aire, procedentes de la fricción o de la pelusa de la secadora, se depositan como polvo que puede inhalarse, y se cree que las toxinas de las fibras pueden absorberse a través de los pulmones. En el medioambiente, los peces y otros animales las ingieren, a menudo en lugar de alimento. ¿La solución? Instalar filtros en todas las lavadoras y elegir fibras naturales.
3. Pelotas de tenis
Su superficie exterior vellosa está hecha de PET (tereftalato de polietileno), el mismo material que se usa para fabricar botellas de leche de plástico. Al igual que los neumáticos, este plástico se desgasta con el uso y se convierte en polvo.
4. Cápsulas y pastillas para la lavadora y el lavavajillas
Todo tipo de detergentes y desinfectantes con agentes abrasivos contienen microplásticos como polietileno (PE) o polipropileno (PP). Son las mismas microesferas cuya utilización en cosméticos está prohibida. Sería mejor usar un material natural, como cáscara de coco molida.
5. Colillas de cigarrillos
Los filtros están hechos de acetato de celulosa, un plástico no biodegradable. Pueden desprender microfibras y, una vez usadas, liberar altos niveles de toxinas, incluida la nicotina. Las colillas son un contaminante grave de los océanos y el residuo que se recoge con más frecuencia en las limpiezas de playas.
6. Purpurina
Muy apreciada por quienes enseñan manualidades en las guarderías, la mayoría de la purpurina está hecha de PET o de una película de cloruro de polivinilo (PVC), y es muy difícil de eliminar. En su lugar, se puede comprar purpurina biodegradable de película de celulosa, hecha a partir de árboles de eucalipto.
7. Toallitas húmedas
Las toallitas para bebés, las toallitas de manos y las desmaquillantes suelen estar hechas de poliéster, polietileno y polipropileno, o de una mezcla de esos plásticos y fibras naturales. No solo obstruyen las alcantarillas y forman «montañas de grasa»: el plástico no se descompone. También son una fuente de fibras plásticas. La opción ecológica es una manopla tradicional de algodón puro.
8. Bolsitas de té
Muchas bolsitas de té no son totalmente biodegradables y en realidad contienen un «esqueleto» de polipropileno. Ese esqueleto se rompe en partículas diminutas cuando el papel se descompone en el compost o en el suelo. Pregunta al fabricante si tu infusión no contiene plástico o pásate al té en hojas sueltas.
9. Pintura
Se encuentra polvo plástico procedente de las pinturas termoplásticas que se usan para la señalización vial, los barcos y las casas por toda la superficie de los océanos. Sin embargo, no todas las pinturas contienen plásticos. Busca pinturas que usen aceite de linaza o látex como aglutinantes.
10. Vasos para llevar
Los vasos de papel para llevar están recubiertos por una capa de polietileno. Al igual que ocurre con las bolsitas de té, el papel se descompone, pero el plástico se fragmenta en partículas diminutas si el vaso se tira a la basura o se composta. Los materiales mixtos deben tratarse en una planta de reciclaje especializada. También puedes llevar una taza reutilizable.
Si queremos lograr un impacto real, tenemos que abordar todos los residuos plásticos: tanto los que vemos como muchos de los que no vemos. Hay plásticos sin los que no podemos vivir, pero de otros podríamos prescindir fácilmente, sustituirlos o, al menos, reducir su uso.





