Contaminación del aire: los efectos invisibles en la productividad, la salud y la producción económica

Air pollution may have significant effects on individual well-being.
Air pollution may have significant effects on individual well-being.Image: Unsplash/engin akyurt
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  • Cada vez más investigaciones muestran que la exposición a la contaminación del aire, incluso en concentraciones bajas, puede tener efectos considerables en el rendimiento físico y cognitivo.

  • Esto podría reducir la productividad de los empleados en diversos sectores y afectar a la toma de decisiones.

  • Esto significa que las consecuencias no se limitan al bienestar, sino que también afectan a la producción económica mundial.

El año pasado, la OMS revisó sus directrices mundiales sobre la calidad del aire, reconoció que la contaminación del aire es «la mayor amenaza ambiental para la salud humana» y señaló que «[l]a carga de morbilidad derivada de la contaminación del aire también supone una carga económica significativa» (OMS 2021). Sin embargo, la carga de morbilidad no es el único coste económico que se deriva de la mala calidad del aire. Un número cada vez mayor de estudios muestra que la exposición a la contaminación del aire, incluso en las concentraciones relativamente bajas que se encuentran en los países desarrollados, puede tener efectos considerables tanto en el rendimiento físico como en el cognitivo. Aunque no se puedan diagnosticar como enfermedades, estos efectos de la contaminación del aire repercuten significativamente en nuestra producción económica y nuestro bienestar.

Algunos de los efectos «no relacionados con la salud» de la contaminación del aire se producen casi al mismo tiempo que la exposición y se traducen en reducciones del rendimiento a corto plazo, medidas en comparación con días o zonas menos contaminados. Otros efectos se detectan muchos años después de la exposición y se manifiestan como daños fisiológicos acumulados, lo bastante importantes como para afectar al comportamiento, pero por debajo del umbral que daría lugar a un diagnóstico médico. Desde la perspectiva de la formulación de políticas, los resultados de estos estudios indican que incluso pequeñas mejoras respecto de niveles de partida relativamente bajos de exposición a la contaminación del aire pueden tener consecuencias sustanciales para toda la economía.

Entre los efectos inmediatos de la contaminación del aire se encuentra la reducción de la productividad en el trabajo. Los estudios sobre los efectos de la contaminación del aire en trabajadores de sectores tan diversos como el deporte profesional (Lichter et al. 2017, Archsmith et al. 2018), la producción de prendas de vestir (Adhvaryu et al. 2019), la agricultura (Graff et al. 2012), los centros de atención telefónica (Chang et al. 2019) y el sistema judicial (Kahn y Li 2020) han constatado que la exposición a la contaminación del aire reduce la productividad de los trabajadores (aunque He et al. 2019 encuentra efectos insignificantes en un entorno fabril con contaminación severa). Estos estudios muestran que el nivel de contaminación del aire de un día determinado afecta a la productividad laboral incluso entre trabajadores sanos; los daños causados por la contaminación del aire no son únicamente el resultado de afecciones médicas provocadas por una exposición prolongada. Este efecto sobre la productividad de los trabajadores en su puesto es distinto del efecto de la contaminación del aire sobre la oferta de mano de obra: varios estudios concluyen que el aumento de la contaminación del aire reduce las horas trabajadas (Aragón et al. 2017, Hanna y Oliva 2015, Holub et al. 2021). Los estudios que analizan la producción a mayor escala, en lugar de centrarse en lugares de trabajo o ciudades específicos, también encuentran efectos considerables de la contaminación del aire en la producción total (Decelerate et al. 2019, Fu et al. 2018).

El hallazgo de que la contaminación del aire reduce la productividad en los trabajos físicamente exigentes concuerda con las pruebas de larga data sobre sus efectos perjudiciales en el sistema circulatorio. Sin embargo, investigaciones biomédicas recientes también apuntan a un vínculo entre la contaminación del aire y la neuroinflamación cerebral. Este vínculo podría explicar los hallazgos reiterados de efectos cognitivos y conductuales de la contaminación del aire que son difíciles de atribuir a deficiencias cardiovasculares.

Un conjunto reducido, pero cada vez mayor, de estudios analiza cómo la contaminación dificulta el pensamiento, tanto en contextos académicos como no académicos. Ebenstein et al. (2016) concluyen que un aumento de la contaminación por partículas finas1 reduce las puntuaciones en exámenes de alto impacto en Israel (un aumento de una desviación estándar en las partículas finas reduce las puntuaciones en un 1,7 % de una desviación estándar), mientras que Roth (2021) observa que las partículas en el aire de las aulas reducen las puntuaciones de los estudiantes universitarios del área de Londres. Zhang et al. (2018), que analizan una encuesta representativa a escala nacional en China, encuentran un efecto estadísticamente significativo en las puntuaciones de las pruebas de aptitud verbal.

Algunos estudios también sugieren que la contaminación quizá no solo reduzca nuestra agudeza mental, sino que también altere la toma de decisiones, a veces en contextos bastante inesperados. Varios estudios (Huang et al. 2020, Dong et al. 2021, Meyer y Pagel 2017) concluyen que una mayor contaminación del aire está asociada con un aumento de los sesgos conductuales entre inversores y analistas del sector financiero, aparentemente relacionados con una atención limitada y alteraciones afectivas. Estos resultados podrían extenderse a multitud de situaciones de alto impacto y profesiones de servicios cualificadas. Quizá más preocupante aún sea el posible vínculo entre la contaminación del aire y la actividad delictiva. Herrnstadt et al. (2021) concluyen que las concentraciones más altas de partículas en suspensión provocan un aumento de los delitos violentos en distintas zonas de Chicago (un aumento de una desviación estándar en las partículas en suspensión eleva los delitos violentos un 2,9 %); Burkhardt et al. (2019) calculan que una reducción del 10 % de las concentraciones diarias de PM2.5 y ozono en Estados Unidos podría ahorrar 1.400 millones de dólares al año en costes relacionados con la delincuencia. Al otro lado del Atlántico, Bondy et al. (2020) concluyen que los aumentos del Índice de Calidad del Aire (una medida de la contaminación) están asociados con un incremento de la delincuencia en Londres.

Los efectos de la contaminación del aire mencionados hasta ahora se deben a fluctuaciones a corto plazo en la calidad del aire. Sin embargo, la exposición reiterada a la contaminación del aire también puede reducir nuestras capacidades a largo plazo debido a los daños acumulados. Estas consecuencias podrían ser especialmente graves cuando la exposición se produce durante la gestación o en las primeras etapas de la vida, un período de rápido desarrollo físico en el que se amplifican los efectos de las agresiones ambientales.

Un ejemplo de este tipo de hallazgo es el de Isen et al. (2017), que aprovechan el impacto diferencial de la Ley de Aire Limpio en distintas zonas para examinar los resultados laborales de niños nacidos en condados con más y menos contaminación. Un aumento de 10 microgramos por metro cúbico de partículas totales en suspensión (TSP) en el año de nacimiento (aproximadamente 1/7 del estándar de calidad del aire de la EPA vigente entonces) se asoció con una disminución del 1,4 % de los ingresos y una reducción del 2,8 % en el número de trimestres trabajados. Voorheis (2017) y Colmer y Voorheis (2020) relacionan la exposición intrauterina a TSP con los ingresos posteriores y la asistencia a la universidad; concluyen que un aumento de 10 microgramos/m3 de TSP se asocia con una reducción de aproximadamente 250 dólares al año en los ingresos y una disminución de varios puntos porcentuales en las tasas de asistencia a la universidad. Estos hallazgos concuerdan con otras pruebas que relacionan la exposición intrauterina a la contaminación del aire con un menor rendimiento académico, medido mediante pruebas estandarizadas (Sanders 2012, Bharadwaj et al. 2017).

Como explicamos en una revisión reciente de la literatura (Aguilar-Gomez et al. 2022), es necesario actuar con mucha cautela tanto al identificar los efectos de la contaminación del aire (es decir, determinar qué parte de una correlación representa un efecto causal) como al interpretar las estimaciones resultantes. Las pruebas más convincentes de los estudios sobre «efectos inmediatos» superan los problemas de selección (que surgen, por ejemplo, si las personas más pobres viven o trabajan en lugares más contaminados, lo que dificulta separar el efecto de la pobreza del efecto de la contaminación) y de endogeneidad (una menor producción puede reducir la contaminación, al tiempo que una mayor contaminación reduce la producción) aprovechando perturbaciones a corto plazo en la exposición que, plausiblemente, no están relacionadas con las decisiones humanas, como la exposición determinada por los patrones meteorológicos.

Incluso cuando creemos que un estudio está bien diseñado para informar sobre una relación causal, debemos interpretar con cautela las estimaciones resultantes. Las personas no siguen horarios preestablecidos dejando que la contaminación del aire las afecte. Pueden tomar medidas para evitar la contaminación del aire en interiores cuando son conscientes de ella (comprando mascarillas y filtros de aire o haciendo ejercicio en interiores en los días con esmog); también actúan para contrarrestar sus efectos acumulados en el organismo, reconozcan o no que la causa es la contaminación del aire (por ejemplo, estudiando más para compensar la reducción de la agudeza mental). Algunas de estas respuestas (como comprar filtros de aire o mascarillas) se contabilizan como producción económica, pero deberían considerarse costes económicos de la contaminación; otras, como dedicar más tiempo al estudio, son difíciles de medir, pero representan costes reales. Las estimaciones de la literatura suelen corresponder a los efectos netos de estas conductas de «evitación» y «mitigación»; para calcular todos los costes de la contaminación del aire hay que intentar medir estos efectos y sumarlos de nuevo.

La creciente preocupación por la exposición a la contaminación del aire por motivos de salud está plenamente justificada, pero el panorama es más amplio. Se necesitan más investigaciones, especialmente sobre los efectos cognitivos de la contaminación del aire y los costes que asumen las personas al intentar evitarla o sobrellevarla (Barwick et al. 2020, Khanna et al. 2021). Cada vez hay más pruebas de que, aunque muchas personas padecen enfermedades causadas por la contaminación del aire, un número mucho mayor podría verse afectado negativamente por ella, aunque nunca acuda a la consulta de un médico. En nuestra revisión (Aguilar et al. 2022), concluimos que prácticamente ningún aspecto de la vida humana queda al margen de la calidad del aire que respiramos. Aunque proponemos futuras líneas de investigación y algunas preguntas aún sin respuesta que permitirán mejorar el diseño de las políticas, debería quedar claro que, en buena medida, somos lo que respiramos.

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