Con su apuesta por las fuentes de energía renovable y los edificios ecológicos, Washington D. C. está estableciendo nuevos estándares para las ciudades, no solo en Estados Unidos, sino también en todo el mundo.
La capital de Estados Unidos recibió recientemente el máximo nivel de certificación del estándar LEED (Liderazgo en Energía y Diseño Ambiental), lo que la convirtió en la primera ciudad del mundo con certificación LEED Platino.
Creada originalmente para evaluar el desempeño ambiental de los edificios, la certificación LEED se está probando ahora en ciudades para reconocer el compromiso cívico con la sostenibilidad y la salud humana, junto con la prosperidad económica.
«El sistema se desarrolló para aportar un nuevo nivel de liderazgo a las ciudades donde la mejora de la calidad de vida es una prioridad en el crecimiento urbano», afirma Dana Robbins Schneider, directora general de Servicios de Energía y Sostenibilidad de JLL. «Esto va más allá de centrarse en edificios y espacios individuales: se centra en una experiencia urbana integral y sostenible».
La ciudad más verde del país
Dos tercios de los barrios de D. C. permiten desplazarse a pie, lo que, según las investigaciones, mejora la salud y la seguridad urbanas, así como indicadores de calidad de vida, como la creatividad y el valor de la vivienda. En la ciudad, el 58 % de los desplazamientos se hacen a pie, en bicicleta o en transporte público, lo que ayuda a aliviar la carga de las calles de la ciudad.
Todos los edificios gubernamentales funcionan íntegramente con energía renovable, y la ciudad tiene más proyectos con certificación LEED per cápita que cualquier estado. Además, como parte de su plan Sustainable D.C, cuyo objetivo es convertirla en la ciudad más verde del país, D. C. firmó recientemente uno de los mayores proyectos solares municipales de Estados Unidos, así como el mayor acuerdo de compra de energía eólica jamás firmado por una ciudad estadounidense. Para 2032, las autoridades de D. C. esperan que al menos la mitad de la electricidad de la ciudad se genere a partir de fuentes renovables.
Sin embargo, dado que el Gobierno de Estados Unidos evita asumir un compromiso federal para minimizar el impacto del cambio climático, recae en las ciudades y las empresas la responsabilidad de establecer y cumplir objetivos ambientales eficaces.
«Recibir el máximo nivel de certificación es especialmente significativo dada la actual postura presidencial sobre el cambio climático», afirma Robbins Schneider. «Los cargos electos conocen la urgencia de estos problemas y están adoptando una postura pese a la falta de apoyo del poder ejecutivo del Gobierno».
El efecto D. C.
A medida que las ciudades más grandes del país siguen expandiéndose rápidamente, D. C. podría indicar cómo dar cabida de forma sostenible al crecimiento urbano: sustituyendo los extensos suburbios residenciales llenos de coches por barrios de alta densidad con viviendas, tiendas y oficinas, y marcando la pauta para alojar y transportar a sus habitantes con un impacto mínimo.
«El liderazgo es clave para alcanzar estos objetivos ambientales», afirma Robbins Schneider. «El éxito del compromiso de D. C. con la sostenibilidad está convirtiendo la ecologización urbana en un asunto que el Gobierno debe abordar. Ahora, otras ciudades saben que es posible alcanzar los estándares más altos de construcción ecológica».
Sin embargo, el sector privado también tiene un papel importante que desempeñar en la creación de un entorno construido más sostenible que aporte beneficios a largo plazo. «Las instituciones públicas y privadas también deben encontrar el equilibrio adecuado entre la regulación gubernamental y un argumento comercial que anime a las empresas a invertir en infraestructuras respetuosas con el medio ambiente», afirma Robbins Schneider.
La economía de las ciudades verdes
Para propietarios e inquilinos, las ventajas suelen hacer que adoptar prácticas ecológicas sea una inversión que merece la pena. Los edificios con certificación LEED, que tienen menores costes operativos y una mejor calidad ambiental interior, resultan más atractivos para un grupo cada vez mayor de inquilinos corporativos, públicos y particulares.
Las empresas reconocen cada vez más los beneficios del desarrollo con impacto neto positivo que mejora el medio ambiente en vez de perjudicarlo; por su parte, RE100, una iniciativa organizada por el sector privado, reúne a varias empresas con el objetivo de llegar a funcionar con energía 100 % renovable.
Mientras los gobiernos municipales de todo Estados Unidos anuncian ambiciosos planes para utilizar fuentes de energía renovable —Chicago se ha comprometido a abastecer todas las instalaciones municipales con energía eólica o solar para 2025, mientras que Atlanta pretende funcionar íntegramente con energía renovable para 2035—, otras ciudades podrían sumarse pronto a Washington D. C. a la cabeza del movimiento verde.
«Para las ciudades, es fundamental contar con un plan integral de reducción del consumo de energía, que incluya desde edificios eficientes desde el punto de vista energético y programas de energías renovables hasta una red eléctrica limpia, eficiente y de amplio acceso», afirma Robbins Schneider.
«Todos queremos vivir en ciudades saludables y sostenibles, donde podamos criar a nuestras familias y también tener seguridad económica. A eso debería aspirar el entorno construido en todo Estados Unidos».





