El desplome de las poblaciones de fauna silvestre se ha convertido en un crudo recordatorio de que el planeta y sus recursos están sometidos a una enorme presión. Entre 1970 y 2014, el número de mamíferos, aves, reptiles, anfibios y peces cayó un 60%. En tan solo 44 años, todas las poblaciones de vertebrados disminuyeron más de la mitad.
Según Marco Lambertini, director general del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), la humanidad se enfrenta a una decisión importante: emprender una acción concertada para proteger el planeta y cambiar nuestra relación con el mundo natural, o desaprovechar esa oportunidad.
Se presta mucha atención, y muy necesaria, a proyectos como la conservación de las ballenas, la lucha contra la deforestación en el Amazonas o los programas de cría controlada para aumentar la población de pandas. Pero la importancia de la labor de conservación va mucho más allá, señala el WWF en un nuevo informe. Al destacar la contribución económica del mundo natural y poner de relieve su valor monetario, espera ampliar el atractivo de la conservación.

El Índice Planeta Vivo 2018 del WWFseñala que la naturaleza sustenta toda actividad económica, cuyo valor actual se estima en 125 billones de dólares estadounidenses.
La Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) ha desarrollado un marco para valorar la naturaleza que va más allá de asignarle simplemente una cifra en dólares. Denomina a esta categoría más amplia de valor «Contribuciones de la Naturaleza a las Personas» (NCP, por sus siglas en inglés). Esta es la evaluación del valor que utiliza el Índice Planeta Vivo. Por ejemplo, la Gran Barrera de Coral aporta 5.700 millones de dólares estadounidenses al año a la economía australiana y sostiene 69.000 empleos. Por su parte, según el informe, el valor económico de los activos naturales terrestres de América supera los 24 billones de dólares estadounidenses al año. Esto equivale aproximadamente al producto interno bruto (PIB) anual de la región.
También considera la contribución económica del mundo natural al incluir el valor de los sistemas de conocimiento de las comunidades locales y los pueblos indígenas. Sir Robert Watson, presidente de la IPBES, destaca la naturaleza multifacética de este enfoque: «Este nuevo marco inclusivo demuestra que, si bien la naturaleza proporciona una abundancia de bienes y servicios esenciales, como alimentos, protección contra las inundaciones y muchos otros, también tiene una profunda importancia social, cultural, espiritual y religiosa, que debe tenerse en cuenta en la formulación de políticas».
El informe del WWF también señala que el 65% de estas contribuciones está disminuyendo y que el 21% disminuye de forma pronunciada, lo que pone de relieve los efectos económicos perjudiciales del deterioro de la salud del mundo natural.
«La rehabilitación de tierras degradadas resulta rentable pese a su elevado coste inicial, si se consideran todos los costes y beneficios a largo plazo para la sociedad», afirma Robert Scholes, copresidente de la Evaluación de la Degradación y Restauración de Tierras de la IPBES. «Se necesita una acción coordinada y urgente para frenar y revertir el deterioro generalizado de los fundamentos de la vida en la Tierra».
Un ámbito en el que los efectos de la naturaleza podrían sentirse con especial intensidad es la salud de las poblaciones de abejas. Hay unas 20.000 especies de abejas y otros insectos polinizadores, como moscas, mariposas, polillas, avispas y escarabajos, e incluso algunas aves y murciélagos. La producción mundial de alimentos depende de estos animales: más del 75% de los cultivos alimentarios más importantes se beneficia de la polinización.
Además de que las enormes cantidades de frutas y verduras que dependen de los polinizadores son esenciales para sostener la vida humana, una polinización eficaz también puede contribuir a aumentar entre 235.000 y 577.000 millones de dólares estadounidenses al año el valor mundial de la producción agrícola. Al mantener los niveles de suministro, también ayuda a que los precios de los alimentos se mantengan relativamente bajos. En los mercados emergentes, donde los efectos de la variabilidad del clima y el medio ambiente pueden sentirse con mayor intensidad, las poblaciones saludables de polinizadores silvestres pueden aumentar considerablemente las cosechas de agricultores independientes y pequeños productores.
La extinción de especies es una consecuencia natural inevitable de los cambios en los hábitats y los ecosistemas, y siempre lo ha sido. Sin embargo, el Índice Planeta Vivo pone de relieve la aceleración del declive de las especies: las tasas actuales de extinción son entre 100 y 1.000 veces superiores a la tasa de referencia. Esta última es la tasa de declive registrada en la historia de la Tierra antes de que el desarrollo humano se convirtiera en un factor.
Ante las crecientes amenazas a la biodiversidad, el WWF espera que destacar su importancia directa para la calidad de vida de las personas y la actividad económica ayude a centrar la atención en la importancia de los problemas medioambientales.





