La conferencia de la ONU sobre biodiversidad, también conocida como COP15, ya está en curso, y los líderes mundiales se reúnen para acordar nuevos objetivos de protección de la naturaleza.
El objetivo principal de la conferencia es asegurar un plan que permita al mundo detener la pérdida de biodiversidad.
Uno de los debates que ha dominado las discusiones hasta ahora es qué superficie terrestre y marina debe reservarse para la conservación: el texto actual apunta al 30% para 2030.
Aunque todos los reunidos en Montreal coinciden en que se necesita un avance, existen distintas ideas sobre cómo debería ser.
Con el polvo aún sin asentarse tras la cumbre de la ONU sobre cambio climático en Egipto, comienza en Montreal (Canadá) una nueva ronda de conversaciones internacionales. La conferencia de la ONU sobre biodiversidad, también conocida como COP15, reunirá a los líderes mundiales para acordar nuevos objetivos de protección de la naturaleza.
La pérdida de biodiversidad –la asombrosa variedad de formas de vida, desde virus, bacterias y hongos microscópicos hasta árboles gigantescos y enormes ballenas– se está acelerando. El último acuerdo, de 2010, dio lugar a las 20 metas de Aichi, que incluían reducir a la mitad el ritmo de pérdida de especies y ampliar los hábitats protegidos en tierra y mar para 2020. Los gobiernos no cumplieron ni una sola.
Una evaluación global realizada en 2019 mostró que la naturaleza estaba disminuyendo a nivel mundial a ritmos sin precedentes en la historia de la humanidad. Las fuerzas que empujan a cada vez más especies hacia la extinción –el cambio climático, la destrucción de hábitats y la contaminación– siguen una tendencia negativa. Solo una transformación profunda de la forma en que funcionan las sociedades y de la relación entre las personas y el resto de la naturaleza nos devolverá al buen camino.
Tras dos años de retrasos debidos a la pandemia y a las dificultades para negociar una nueva sede con el país que ostenta la presidencia de la conferencia, China, muchos se alegran de que la COP15 se celebre finalmente. Ese alivio podría ser breve, ya que hay mucho por hacer en estas dos semanas. El gran objetivo es aprobar un nuevo marco mundial para la biodiversidad, esencialmente un plan que detalle cómo prevén los países del mundo detener la pérdida de biodiversidad y garantizar que, para 2050, la sociedad viva en armonía con la naturaleza.
30% para 2030
Uno de los debates que ha dominado las discusiones hasta ahora es qué superficie terrestre y marina debe reservarse para la conservación. El texto actual apunta al 30% para 2030. Algunos científicos consideran que esto es insuficiente y que es necesario preservar la mitad de la Tierra para la naturaleza. Otros desconfían de reactivar ideas fallidas que han intentado impulsar la fauna silvestre expulsando a las personas y levantando muros para mantenerlas fuera.
Los negociadores debatirán si el objetivo 30x30 debe cumplirse a nivel nacional o global. Lo primero implicaría que cada país cumpliera esta norma dentro de sus propias fronteras. Lo segundo daría prioridad a las áreas de biodiversidad más importantes de la Tierra (como las selvas tropicales), pero obligaría a los países con grandes extensiones de naturaleza salvaje (en su gran mayoría países en desarrollo) a asumir la mayor parte del trabajo de conservación. Muchos países más pobres prevén que esto frene su desarrollo económico.
También existe desacuerdo sobre qué nivel de protección debe otorgarse a estas áreas y cómo deben reconocerse los derechos de las personas que viven en ellas. Estos planes requerirían duplicar las áreas protegidas en tierra y quizá aumentarlas hasta diez veces en los océanos. Pero podrían excluir a los pueblos indígenas y a quienes se ganan la vida con la agricultura, la silvicultura y la pesca.
Menos emisiones, menos carne, menos residuos
En lugar de centrarse en la superficie total reservada para la naturaleza, investigaciones recientes destacan la importancia de abordar las causas subyacentes de las extinciones y la pérdida de hábitats, como las emisiones de gases de efecto invernadero, el consumo de carne y la contaminación por plástico.
Centrarse en los procesos que impulsan la pérdida de biodiversidad desviaría la atención de los lugares donde se destruye la naturaleza hacia los espacios donde estos procesos se dirigen y se sostienen: consejos de administración, mesas de negociación bursátil, oficinas locales de planificación y supermercados.
El marco en negociación incluye varias metas que frenarían la destrucción, desde eliminar las políticas que subvencionan la conversión de bosques en pastos para ganado hasta reducir a la mitad el desperdicio de alimentos. Estas metas no han logrado generar el impulso que sí han tenido objetivos más llamativos, como el 30x30. Cambiar la forma en que funcionan las economías y las sociedades es más polémico y exige más a los países ricos, que tienen mayor influencia sobre los impulsores de la pérdida de biodiversidad.
Proteger los servicios de la naturaleza
Otro enfoque protegería los servicios que genera la naturaleza, como la protección frente a inundaciones, la leña, la regulación climática y el suministro de alimentos. Además, identificaría los activos naturales (humedales, bosques, arrecifes de coral y manglares, por citar algunos) que deben perdurar para que estos servicios continúen. Esto supondría proteger la naturaleza cerca de donde más se necesita. Nada menos que 6.100 millones de personas viven a una hora de distancia de estos activos.
¿COP buena o COP mala?
Aunque todos los reunidos en Montreal coinciden en que se necesita un avance, existen distintas ideas sobre cómo debería ser. Para muchos conservacionistas experimentados, un buen resultado significará metas más estrictas para proteger y restaurar la naturaleza, áreas protegidas más amplias y los recursos económicos y de otro tipo necesarios para hacerlas cumplir.
Las empresas, los inversores, las ciudades, los gobiernos regionales y las comunidades que representan quieren un acuerdo que movilice a toda la sociedad. Algunas compañías han pedido que todas las empresas estén obligadas a informar sobre los impactos que sus actividades tienen en la naturaleza. Las ciudades y las regiones tienen sus propios compromisos y han pedido a la COP15 que reconozca formalmente su papel en la ejecución de los planes nacionales.
Esto podría integrar la protección y la restauración de la naturaleza en el pensamiento convencional sobre cómo se desarrollan las economías y se organizan las sociedades, y demostrar que gran parte de lo que importa de la naturaleza no se encuentra al otro lado de una valla. Esta tendencia se hace evidente en el creciente entusiasmo por las soluciones basadas en la naturaleza frente al cambio climático.
La reciente cumbre climática de la ONU en Egipto puso de relieve el potencial de estas soluciones, que incluyen la restauración de turberas y praderas de posidonia. Estas acciones abordan la crisis climática y de biodiversidad de forma conjunta ampliando los refugios para la fauna silvestre y extrayendo carbono del aire. Las ciudades, las empresas y los inversores ven una oportunidad para cumplir varias medidas de desarrollo sostenible a la vez.
Algunos conservacionistas temen que estas supuestas soluciones sean un lavado de imagen verde y permitan a las empresas explotar a los pueblos indígenas y a las comunidades. Otros expertos sostienen que, con las salvaguardias adecuadas, estos temores pueden disiparse.
Con mucho en juego, al intentar conciliar agendas distintas, la COP15 corre el riesgo de no lograr nada.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial por la naturaleza?
El Centro para la Naturaleza y el Clima ayuda a los líderes a comprender las interconexiones entre el clima, la naturaleza y el desarrollo económico. Ofrece una plataforma para explorar vías que favorezcan la resiliencia y la prosperidad dentro de los límites planetarios.
Al facilitar la cooperación entre sectores y regiones, el Centro apoya a sus socios para traducir una comprensión compartida en soluciones prácticas para el clima y la naturaleza.







