Cómo la pérdida de biodiversidad menoscaba nuestra capacidad para combatir las pandemias

A computer image created by Nexu Science Communication together with Trinity College in Dublin, shows a model structurally representative of a betacoronavirus which is the type of virus linked to COVID-19, better known as the coronavirus linked to the Wuhan outbreak, shared with Reuters on February 18, 2020. NEXU Science Communication/
A computer-generated representation of the coronavirusImage: NEXU Science Communication/REUTERS
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  • La frecuencia creciente de los brotes de enfermedades está relacionada con el cambio climático y la pérdida de biodiversidad.

  • Los últimos 20 años de brotes contenidos podrían haber generado complacencia.

  • Las nuevas tecnologías ofrecen esperanza en la búsqueda de contramedidas, pero proteger el mundo natural también debe desempeñar un papel.

La frecuencia de los brotes de enfermedades ha aumentado de forma constante. Entre 1980 y 2013 se registraron 12.012 brotes, que comprendieron 44 millones de casos individuales y afectaron a todos los países del mundo. Varias tendencias han contribuido a este aumento, entre ellas los altos niveles de viajes, comercio y conectividad mundiales, y la vida en zonas de alta densidad de población, pero los vínculos con el cambio climático y la biodiversidad son los más llamativos.

La deforestación ha aumentado de forma constante en las últimas dos décadas y está relacionada con el 31 % de los brotes como el ébola y los virus del Zika y del Nipah. La deforestación empuja a los animales salvajes fuera de sus hábitats naturales y más cerca de las poblaciones humanas, lo que crea una mayor oportunidad para las enfermedades zoonóticas, es decir, las enfermedades que se transmiten de los animales a los humanos. En términos más generales, el cambio climático ha alterado y acelerado los patrones de transmisión de las enfermedades infecciosas como el Zika, la malaria y el dengue, y ha provocado desplazamientos humanos. Los desplazamientos de grandes grupos a nuevos lugares, a menudo en malas condiciones, aumentan la vulnerabilidad de las poblaciones desplazadas ante las amenazas biológicas como el sarampión, la malaria, las enfermedades diarreicas y las infecciones respiratorias agudas.

Preparación ante pandemias

Frente a este sombrío panorama sobre la frecuencia de los brotes de enfermedades, la buena noticia es que sus efectos en la salud humana parecen estar disminuyendo gracias a los avances médicos y a las mejoras en los sistemas de salud pública. Hasta ahora, estos han contenido los efectos en la morbilidad y la mortalidad gracias al éxito de contramedidas como las vacunas, los antivirales y los antibióticos, que reducen en gran medida el riesgo de pérdidas masivas de vidas.

Sin embargo, la realidad podría ser mucho menos optimista. Los últimos 20 años de brotes de enfermedades podrían considerarse una serie de catástrofes evitadas por poco, que han generado complacencia en lugar de la mayor vigilancia necesaria para controlar los brotes. Afortunadamente, la gravedad de la situación actual de la COVID-19 ha llevado a organizaciones clave, como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Coalición para la Preparación ante Epidemias (CEPI), creada por el Foro Económico Mundial en 2017, a adoptar medidas preparatorias para evitar que la epidemia actual se convierta en una pandemia.

Cómo se ha propagado la COVID-19 por el mundoImage: Foro Económico Mundial

Una de las claves de la preparación ante pandemias es señalar dónde se necesita con mayor urgencia aumentar la investigación y el desarrollo. En 2015 la OMS introdujo una lista de «enfermedades prioritarias», que se revisa anualmente para identificar la «Enfermedad X» de la lista como una forma de centrar la atención de los investigadores en los riesgos pandémicos que plantean las enfermedades que actualmente no pueden transmitirse a los humanos, o que solo se transmiten de forma poco eficiente. De manera similar, en 2019 la CEPI ofreció más financiación a empresas y grupos académicos con ideas prometedoras para plataformas de vacunas y procesos de fabricación novedosos que puedan producir, a escala, vacunas o inmunoprofilácticos «similares a vacunas», que no son vacunas tradicionales, en cuestión de semanas o meses en lugar de años.

Las tecnologías innovadoras son fundamentales en la búsqueda de nuevas vacunas. Un área de investigación prometedora son los anticuerpos codificados por genes que crean «fábricas» en nuestro organismo para producir anticuerpos contra patógenos específicos. Otra son los anticuerpos monoclonales (mAb), que normalmente se utilizan para tratar enfermedades existentes, pero que también pueden prevenir la infección. El desarrollo exitoso de fármacos no siempre depende de la biología sintética avanzada: también existe un vínculo con las soluciones basadas en la naturaleza y la biodiversidad, ya que los investigadores recurren cada vez más a «volver a la naturaleza» para buscar nuevas opciones terapéuticas. Se estima que entre 50 000 y 70 000 especies vegetales se recolectan para la medicina tradicional o moderna, mientras que alrededor del 50 % de los fármacos modernos se han desarrollado a partir de productos naturales amenazados por la pérdida de biodiversidad.

La debilidad de la preparación básica en los países es un obstáculo importante para la respuesta ante las pandemias. Se han logrado avances, en particular desde la epidemia de ébola de 2014-2016, pero la mayoría de los países aún no han alcanzado las normas internacionales mínimas en su capacidad para detectar, evaluar, notificar y responder a las amenazas agudas para la salud pública, tal como se establecen en el Reglamento Sanitario Internacional, que entró en vigor en 2007. Este es un eje de los esfuerzos de la OMS para combatir el brote de COVID-19, con apoyo a los países cuyos sistemas sanitarios no están preparados para responder adecuadamente. Desde principios de 2020, la OMS ha ayudado a establecer 40 laboratorios en 35 países africanos (partiendo de cero antes del brote) para realizar pruebas que mejorarán la detección temprana y el control.

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