Más del 90 % de la población mundial tiene que respirar aire contaminado. Los combustibles fósiles son la causa principal. Quienes tienen más probabilidades de sufrir sus efectos son las personas que viven en lugares densamente poblados donde la transición a formas más limpias de transporte y energía aún no se ha producido o avanza demasiado despacio. Esto se observa especialmente en algunas zonas de Asia, donde el esmog se cierne sobre las ciudades y se extiende al campo, e incluso llega a los hogares.
La contaminación del aire contiene partículas finas que pueden entrar en el organismo y llegar a los pulmones, causando problemas respiratorios y cardiovasculares, como ataques de asma y arritmias, además de aumentar el estrés oxidativo y la inflamación, y provocar enfermedades crónicas como la diabetes y el cáncer. De hecho, la contaminación del aire es responsable de más de 7 millones de muertes prematuras en todo el mundo, según la Organización Mundial de la Salud: el mayor riesgo ambiental para la salud.

Las únicas soluciones viables a largo plazo son acelerar la transición hacia una economía baja en carbono y reducir el uso de combustibles fósiles, así como revertir el cambio climático. Pero ¿qué puede hacer la gente mientras tanto para proteger su salud?
Según estudios recientes, la alimentación podría ser de ayuda. Los investigadores han descubierto que una buena nutrición puede prevenir enfermedades relacionadas con la contaminación del aire e incluso revertir los efectos negativos de las partículas finas. Si eres una de los miles de millones de personas que esperan respirar aire puro, quizá te convenga aumentar el consumo de vitaminas.
El profesor Jinzhuo Zhao, de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Fudan, en China, que estudia el impacto de un tipo de partículas llamado PM 2.5 y explora soluciones nutricionales, afirma: «Los resultados de varios estudios en seres humanos son alentadores y constituyen una buena base para seguir investigando y determinar las combinaciones óptimas de nutrientes para prevenir o reducir el impacto de las partículas en distintos aspectos de la salud».
Entre los principales nutrientes que podrían marcar la diferencia se encuentran los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga, como los omega-3, así como las vitaminas C y E. Los pescados grasos, como el salmón, son una excelente fuente de omega-3, que puede reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares y accidentes cerebrovasculares. Las vitaminas C y E, presentes en muchas frutas y verduras, frutos secos y aceites vegetales, son potentes antioxidantes que ayudan al organismo a combatir los radicales libres y a restablecer su respuesta inflamatoria habitual. Para quienes no obtienen suficientes vitaminas de los alimentos (y muchos no lo hacemos), los suplementos son una buena fuente de nutrientes beneficiosos para la salud.
Por supuesto, las vitaminas y los omega-3 son solo parte de la solución. Esto no disminuye la responsabilidad de quienes contaminan, ni la de los legisladores y las autoridades, que deben aprobar y hacer cumplir políticas para detener la contaminación. Significa que los gobiernos, los científicos y el sector privado deberían colaborar y continuar investigando en este ámbito, porque mejorar la nutrición es fácil y barato, y puede ser una forma de ayudar a los miles de millones de personas que esperan con gran expectación —a veces, literalmente, conteniendo la respiración— que cese la contaminación del aire.





