Los investigadores descubrieron que la cantidad y diversidad de insectos eran significativamente menores en las zonas afectadas por el calentamiento climático y la agricultura intensiva.
El estudio del University College London examinó 750.000 muestras de 18.000 especies.
La pérdida de una población de insectos podría perjudicar los ecosistemas locales, así como la salud humana y la seguridad alimentaria.
Preservar los hábitats naturales y frenar la expansión de la agricultura a gran escala puede ayudar a mitigar los efectos del cambio climático.
En un ecosistema equilibrado, cada ser vivo desempeña una función importante. Basta con quitar uno —por ejemplo, los árboles— para que todo empiece a desmoronarse. Los árboles proporcionan hábitat y alimento a los insectos, las aves, los mamíferos como los koalas, los reptiles y otros animales; además, dan sombra y aportan nutrientes al suelo mediante las hojas caídas y la corteza en descomposición, por no mencionar la absorción y captura del dióxido de carbono y la liberación de oxígeno.
Los insectos y los árboles mantienen una relación simbiótica y, según American Forests, los insectos polinizan el 80 % de todos los árboles.
Un nuevo estudio de investigadores del University College London (UCL) analizó 750.000 muestras de 18.000 especies distintas de insectos y concluyó que la combinación de la pérdida de hábitat causada por la agricultura a gran escala y el cambio climático está teniendo un impacto drástico en las poblaciones de insectos de todo el mundo, informó The Associated Press.
«Sabemos que los insectos están amenazados. Ahora entendemos mucho mejor qué los amenaza y en qué medida», afirmó el Dr. Charlie Outhwaite, del Centro de Investigación sobre Biodiversidad y Medio Ambiente del UCL, autor principal del estudio, según informó The Associated Press. «En este caso, la pérdida de hábitat y el cambio climático suelen tener un efecto peor que si actuaran por separado, pues uno puede agravar el impacto del otro, y viceversa. Si analizamos estos factores de forma individual, nos perdemos parte del panorama».
La agricultura a gran escala, el cambio climático y la biodiversidad de los insectos
El estudio fue el primero en determinar que la relación entre los cambios en el uso de la tierra y el calentamiento global era responsable de las pérdidas generalizadas de numerosas especies de insectos en todo el mundo. El estudio, «La agricultura y el cambio climático están transformando la biodiversidad de los insectos en todo el mundo», se publicó en la revista Nature.
«Muchos insectos parecen ser muy vulnerables a las presiones humanas, algo preocupante a medida que empeora el cambio climático y siguen expandiéndose las zonas agrícolas. Nuestros hallazgos ponen de relieve la urgencia de tomar medidas para preservar los hábitats naturales, frenar la expansión de la agricultura intensiva y reducir las emisiones para mitigar el cambio climático», afirmó Outhwaite, según informó el UCL.
Los insectos cumplen muchas funciones en casi todos los hábitats de la Tierra, entre ellas polinizar el 75 % de las plantas con flores y el 35 % de los cultivos alimentarios del mundo, según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos.
«La pérdida de poblaciones de insectos podría perjudicar no solo al entorno natural, donde suelen desempeñar funciones clave en los ecosistemas locales, sino también a la salud humana y la seguridad alimentaria, especialmente si se pierden polinizadores», afirmó Outhwaite, según informó el UCL.
Los investigadores analizaron cuánto se habían calentado históricamente distintas zonas y la intensidad de la agricultura en cada una para comparar la biodiversidad de los insectos. Descubrieron que la cantidad de insectos era un 49 % menor en las zonas que habían experimentado un calentamiento climático considerable y un uso agrícola intensivo de la tierra que en los hábitats más naturales, donde no había constancia de calentamiento. En las zonas más cálidas con una agricultura más intensiva, también había un 29 % menos de especies distintas.
La seguridad alimentaria ante los perjuicios de la agricultura a gran escala
«Los daños ambientales de la agricultura a gran escala plantean un reto complejo mientras intentamos satisfacer la demanda de alimentos de una población en crecimiento. Ya habíamos descubierto que los insectos polinizadores son especialmente vulnerables a la expansión agrícola: su abundancia parece ser más de un 70 % menor en los cultivos intensivos que en las zonas silvestres», afirmó el Dr. Tim Newbold, del Centro de Investigación sobre Biodiversidad y Medio Ambiente del UCL y autor sénior del estudio, según informó el UCL. «Una gestión cuidadosa de las zonas agrícolas, por ejemplo, preservando los hábitats naturales cerca de las tierras de cultivo, puede ayudar a garantizar que los insectos esenciales sigan prosperando».
En los días calurosos, muchos insectos necesitan plantas que les den sombra del sol. El equipo descubrió que la presencia de hábitats naturales cerca de zonas con un calentamiento climático significativo, pero con un uso agrícola de baja intensidad, atenuaba el impacto. En las zonas donde los hábitats naturales cubrían el 75 % de la tierra, la cantidad de insectos disminuía apenas un 7 %, mientras que en zonas comparables con un 25 % de cobertura de hábitats naturales, la abundancia de insectos se reducía un 63 %.
«Nuestros hallazgos quizá solo representen la punta del iceberg, ya que las pruebas son limitadas en algunas zonas, especialmente en los trópicos, donde observamos reducciones bastante pronunciadas de la biodiversidad de insectos en las zonas más afectadas», afirmó Outhwaite, según informó el UCL.
El estudio destacó el papel desproporcionadamente importante que desempeñan los insectos en el mundo y reafirmó que la pérdida de hábitat amenaza a todas las especies.
«Debemos reconocer la importancia de los insectos para el medio ambiente en su conjunto y para la salud y el bienestar humanos, a fin de abordar las amenazas que les planteamos antes de que muchas especies desaparezcan para siempre», afirmó el coautor principal Peter McCann, quien realizó la investigación mientras cursaba un máster en el Centro de Investigación sobre Biodiversidad y Medio Ambiente del UCL, según informó BBC News.





