El cambio climático plantea riesgos crecientes para la estabilidad y la seguridad, con consecuencias potencialmente de gran alcance, escriben tres expertos.
La presidencia de la administración Biden del Consejo de Seguridad de la ONU en marzo es una oportunidad histórica para dar mayor visibilidad a las cuestiones de seguridad climática.
Pero Estados Unidos no puede afrontar por sí solo los riesgos de seguridad del cambio climático.
En 2006, Siria entró en una sequía plurianual que tuvo un impacto devastador en la cosecha agrícola y en los animales de granja del país. Cientos de miles de familias campesinas acabaron trasladándose a los barrios marginales de Siria para intentar encontrar una vida mejor.
Cuando las Naciones Unidas lanzaron llamamientos de emergencia para obtener cantidades modestas de dinero con las que ayudar a Siria frente a la sequía, la financiación fue drásticamente insuficiente: los Estados miembros aportaron solo una cuarta parte de la cantidad solicitada en 2008 y un tercio en 2009. Estados Unidos no contribuyó.
Los académicos consideran que los desplazados se encontraban entre quienes acabaron uniéndose a las protestas y a la revolución que el Gobierno sirio reprimió con violencia.
Aunque una intervención temprana por sí sola quizá no habría evitado el conflicto en Siria, supongamos que pequeñas inversiones en preparación y respuesta frente a las sequías nos ayudaran a evitar catástrofes de este tipo en el futuro. ¿No sería ese un gasto bien empleado?
El cambio climático, una “amenaza existencial” para la seguridad
Vivimos en una era de “amenazas sin actor” – en la que los desafíos a la paz y la seguridad no provienen solo de agentes que intentan deliberadamente hacernos daño, sino también del cambio climático y las pandemias, cuyas repercusiones no son menos graves.
El cambio climático plantea riesgos crecientes para la estabilidad y la seguridad, con consecuencias potencialmente de gran alcance, desde los riesgos que el clima más volátil supone para los Estados frágiles hasta los efectos combinados del aumento del nivel del mar y de las marejadas ciclónicas sobre la supervivencia de las naciones insulares y de las poblaciones costeras.
El presidente Biden ha afirmado que el cambio climático es una “amenaza existencial” para la seguridad nacional. Nombró al exsecretario de Estado John Kerry enviado presidencial especial para el clima, con un puesto en el Consejo de Seguridad Nacional. El presidente ya ha firmado una serie de órdenes ejecutivas que dirigen a las agencias de inteligencia a evaluar los riesgos y a otras áreas del Gobierno a examinar los vínculos entre el cambio climático y la migración.
Aunque estas son acciones importantes, los riesgos de seguridad del cambio climático, como el problema más amplio en sí, no pueden ser abordados solo por Estados Unidos, ni las soluciones son exclusiva ni principalmente militares. En última instancia, Estados Unidos necesitará socios.
Una oportunidad histórica para destacar la seguridad climática
En marzo, Estados Unidos ejercerá durante un mes la presidencia rotatoria del Consejo de Seguridad de la ONU. El Consejo de Seguridad de la ONU es el lugar adecuado para empezar, dado su papel clave en la gestión de la paz y la seguridad en el sistema internacional. El nuevo equipo de la administración Biden en las Naciones Unidas tiene una oportunidad histórica para dar mayor visibilidad a las cuestiones de seguridad climática, pero necesita una estrategia.
En los últimos años, el Consejo de Seguridad ha prestado más atención a las cuestiones de seguridad climática. Impulsado por Suecia, el la ONU creó un pequeño Mecanismo de Seguridad Climática en 2018 para ayudar a la ONU a abordar de manera más sistemática los riesgos de seguridad relacionados con el clima y a diseñar estrategias de prevención y gestión.
El Consejo de Seguridad también reconoció el papel del cambio climático como factor que complica las operaciones de paz en los conflictos africanos, incluidas las de Malí, Sudán y Somalia.
En julio de 2020, Alemania encabezó un debate de alto nivel sobre el cambio climático y la seguridad en el Consejo de Seguridad y propuso varias nuevas medidas para dar mayor visibilidad a las cuestiones climáticas y de seguridad, entre ellas la creación del cargo de representante especial, el desarrollo de un sistema mejorado de alerta temprana y la incorporación de la seguridad climática en todos los mandatos de las operaciones de paz. Sin embargo, la administración Trump frustró cualquier esperanza de una resolución conjunta del Consejo de Seguridad.
De la mitigación a la prevención
La administración Biden tiene la oportunidad, junto con miembros electos del Consejo de Seguridad como Irlanda, Kenia y Noruega, de proponer nuevas políticas que den visibilidad y creen capacidad para afrontar estos riesgos crecientes. Podrían incluir la reactivación de la propuesta alemana, yendo más allá de ella.
Por ejemplo, hasta ahora el Consejo de Seguridad se ha mostrado reacio a hablar de los riesgos que el cambio climático plantea para los países insulares de baja altitud. Estados Unidos podría tratar de poner esta cuestión en primer plano. Además, sabemos que el cambio climático y el daño ambiental más amplio están aumentando los riesgos de transmisión de enfermedades de los animales a los seres humanos. Estados Unidos podría impulsar el debate sobre seguridad ecológica y sobre cómo proteger las funciones básicas que sostienen la vida en el planeta.
Hasta la fecha, el Consejo de Seguridad se ha centrado principalmente en los conflictos en curso y en cómo el cambio climático podría haber contribuido a provocarlos o prolongarlos. La prevención de los riesgos de seguridad relacionados con el clima ha recibido relativamente poca atención.
Estados Unidos debería iniciar un diálogo sobre las capacidades necesarias para prevenir los conflictos relacionados con el clima, basándose en la recientemente publicada estrategia para la Global Fragility Act de 2019, que pretende identificar los problemas con antelación y reducir los riesgos de escalada.
Aunque el embajador de la administración Biden pueda presidir la labor del Consejo de Seguridad este mes, el éxito exigirá generar apoyo y superar el escepticismo de Rusia y China, que dudan de que el Consejo sea el lugar adecuado para debatir sobre el cambio climático.
Una versión de este artículo apareció en el Washington Post.




