En 2024, Pakistán ha sufrido inundaciones devastadoras y calor extremo, lo que dificulta su recuperación de los desastres relacionados con la crisis climática que ya padecía.
Si bien los impactos económicos y físicos del cambio climático en la salud son evidentes, la población de Pakistán también sufre las consecuencias para la salud mental, que a menudo pasan desapercibidas.
¿Cómo se puede abordar la creciente sensación de ansiedad climática o “ecoansiedad” entre la población local?
Pakistán se enfrenta a una avalancha de desastres climáticos. Desde las inundaciones récord de en 2022, que afectaron a 33 millones de habitantes y causaron daños por más de 15 000 millones de dólares, el país ha tenido que hacer frente a varias crisis nuevas que han obstaculizado una recuperación sostenida.
En febrero de 2024, las inundaciones repentinas volvieron a trastocar vidas y medios de subsistencia en la región costera del suroeste de Gwadar, el corazón de una inversión de mil millones de dólares en el marco del Corredor Económico China-Pakistán. El verano de 2024 se ha caracterizado por un calor abrasador, con miles de pakistaníes que han fallecido por golpes de calor y inundaciones en centros sanitarios.
Sin embargo, si bien los impactos económicos y físicos del cambio climático en la salud son evidentes, la población de Pakistán también sufre las consecuencias para la salud mental, que a menudo pasan desapercibidas. Las devastadoras secuelas de las inundaciones y del calor extremo han avivado una sensación de ansiedad climática o “ecoansiedad” entre la población local, término que se utiliza popularmente para expresar sentimientos de desesperanza ante la crisis climática. Una profunda inquietud e incertidumbre sobre cómo los desastres climáticos implacables podrían reducir la calidad de vida se perciben con intensidad, aunque no siempre se expresen.
Si bien los efectos de la ecoansiedad están algo mejor documentados en los países desarrollados, lugares como Pakistán, clasificado entre los países más afectados por el clima, ofrecen una excelente oportunidad para estudiar con más profundidad estos efectos en el mundo en desarrollo.
Para comprender mejor cómo los pakistaníes afrontan la ecoansiedad, hablamos con decenas de personas que viven en viviendas de bajo coste y resistentes al clima en el distrito de Sohbatpur, en Baluchistán, la provincia más grande de Pakistán.
Estas viviendas de nueva construcción, diseñadas específicamente para albergar a víctimas de desastres agravados por el cambio climático, son fruto de una asociación multinacional en la que participan Comité de Acción Juvenil de Baluchistán, British Asian Trust, Deutsche Bank y HANDS Pakistan. Nuestras conversaciones con estos residentes, que han sufrido en primera persona los efectos más duros de la crisis climática, revelaron tres temas fundamentales que podrían trazar una vía para abordar la ecoansiedad en regiones vulnerables.
1. Las mujeres y los jóvenes se ven afectados de forma notable por las perturbaciones climáticas
El cambio climático afecta de manera desproporcionada a la salud mental de las mujeres y los jóvenes, cuyas necesidades e inquietudes suelen quedar relegadas durante los grandes desastres climáticos. Además, estos desastres pueden generar un estado de desorden que desvía recursos de la lucha contra las desigualdades existentes, y en cambio las profundiza.
Varias de las mujeres con las que hablamos sugirieron que los fenómenos climáticos tienden a interrumpir las redes comunitarias que son fundamentales para el apoyo social de las mujeres pakistaníes, lo que a su vez aumenta los sentimientos de aislamiento y ansiedad. Por no hablar de que estos desastres pueden exponerlas a circunstancias traumáticas adicionales, en consonancia con los informes que indican que los matrimonios infantiles y la violencia de pareja aumentan en períodos de inestabilidad provocada por el cambio climático.
Los jóvenes pakistaníes también corren un mayor riesgo de sufrir efectos en la salud mental a causa del cambio climático. Una preocupación inminente que surgió de nuestras conversaciones con los jóvenes gira en torno a las oportunidades educativas perdidas, ya que las inundaciones han obligado a cerrar las escuelas. Los jóvenes con los que hablamos expresaron una profunda preocupación por quedarse atrás en los estudios. El paso a un modo de supervivencia sin su sistema de apoyo escolar, que refleja las carencias comunitarias que sienten las mujeres, les causa una angustia adicional.
Además, los jóvenes experimentan ecoansiedad derivada de la incertidumbre sobre las futuras oportunidades de empleo. Esta combinación de problemas educativos y laborales, puesta de manifiesto por la crisis climática, exige soluciones orientadas a los jóvenes que atiendan sus singulares dificultades de salud mental.
2. Cuesta romper el estigma que rodea a la salud mental
La salud mental ya es un tema muy estigmatizado en Pakistán, a menudo asociado a nociones de brujería o espíritus malignos. Añadir la dimensión de las dificultades de salud mental vinculadas a los desastres climáticos complica aún más este delicado debate. Varios jóvenes con los que hablamos reconocieron la importancia de la salud mental, pero subrayaron que los tabúes generalizados sobre el tema los disuadían de buscar apoyo.
En comparación, muchas de las personas mayores parecían estar mucho menos familiarizadas con la salud mental como concepto general, e incluso les costaba encontrar el término correspondiente en su dialecto local. Otras expresaron escepticismo sobre la utilidad de los servicios de atención en salud mental, a pesar de que aproximadamente 50 millones de pakistaníes se enfrentan a algún tipo de problema de salud mental. La escasez de recursos culturalmente sensibles que faciliten las conversaciones sobre la ecoansiedad, junto con la falta de formación especializada en salud mental para los primeros intervinientes en escenarios de desastres climáticos, pone de relieve oportunidades críticas de mejora.
3. La brecha intergeneracional en la acción climática persiste
Otro hilo conductor que surgió es la brecha generacional en las perspectivas sobre las cuestiones climáticas, en particular la importancia de la acción climática para ayudar a mitigar la ecoansiedad. Los pakistaníes más jóvenes encuestados se mostraron muy comprometidos con la defensa de las causas climáticas y manifestaron interés en trabajar por soluciones sostenibles para su comunidad. Sin embargo, las personas mayores solían describir el cambio climático con expresiones como “voluntad de Dios”, lo que pone de manifiesto visiones contrapuestas sobre si las personas tienen capacidad para mejorar los resultados climáticos y reducir las causas subyacentes de la ecoansiedad.
Cerrar esta brecha intergeneracional mediante el diálogo informado y objetivos de colaboración es fundamental. Poner en marcha “cafés climáticos” o espacios de debate diseñados para compartir sentimientos complejos sobre el cambio climático y descubrir vías de actuación, podría ser un punto de partida útil.
Un camino a seguir
Aunque tienen una huella ambiental insignificante, comunidades como el distrito de Sohbatpur, en Pakistán, sufren las peores consecuencias de las perturbaciones climáticas y, como resultado, soportan una grave carga de salud mental, aunque poco reportada.
Las historias de estos residentes son emblemáticas de un desafío más amplio para abordar las particularidades de la ecoansiedad en todo el mundo en desarrollo, donde las desigualdades generalizadas, el escaso apoyo en salud mental y las amplias diferencias generacionales pueden agravar el problema. Adaptar estrategias que fomenten conversaciones culturalmente sensibles y promuevan espacios de acogida constituiría un paso decisivo hacia delante.





