Los babuinos son una de las especies más resilientes en riesgo por el cambio climático

A male baboon (Papio Hamadryas) is seen at the Safari Zoo in Ramat Gan, near Tel Aviv, Israel, September 9, 2015. For the first time at the zoo, a four-year and seven-month-old light-coloured fur baboon gave birth to a female offspring and this has led zookeepers to believe that the very rare light-coloured fur gene is likely to be passed on in their baboon troop, a press release said on Wednesday. REUTERS/Baz Ratner
Adaptable, resilient, and still at risk.Image: REUTERS/Baz Ratner
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Los babuinos son monos grandes, inteligentes y terrestres. Se encuentran por toda el África subsahariana, en diversos hábitats, y tienen una dieta flexible que incluye carne, huevos y plantas. Además, son conocidos por ser oportunistas: aparte de saquear cultivos y basura, algunos incluso asaltan a turistaspara quitarles sus pertenencias, especialmente comida.

Podríamos sentir la tentación de suponer que esta flexibilidad ecológica (incluso podríamos llamarla resiliencia) ayudará a los babuinos a sobrevivir en nuestro planeta cambiante. De hecho, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), que evalúa el riesgo de extinción, clasifica a cinco de las seis especies de babuinos como «de preocupación menor». Esto sugiere que los especialistas encargados de las evaluaciones coinciden: los babuinos, al menos en términos relativos, corren poco riesgo.

Por desgracia, mi investigación recientesugiere que esta no es toda la historia. Incluso esta especie supuestamente resiliente podría correr un riesgo significativo de extinción para 2070.

Ingeniosos… ¿y, por supuesto, resilientes?Image: Okyela/Shutterstock.com

Sabemos que las personas están teniendo un enorme impacto en el mundo natural. Los científicos han llegado incluso a dar nombre a una nueva época, el Antropoceno, en referencia a nuestra capacidad para transformar el planeta. Cada día, los seres humanos llevan a otras especies a la extinción y modifican los entornos para adaptarlos a sus propios fines. Espectaculares series de televisión como Nuestro planeta destacan el enorme poder de la humanidad para dañar el mundo natural.

Pero aún hay muchas cosas que no sabemos. En particular, aunque ahora entendemos bien algunos de los cambios que afrontará la Tierra en las próximas décadas —ya hemos experimentado 1 °C de calentamiento y un aumento de la frecuencia de las inundaciones, los huracanes y los incendios forestales—, todavía nos cuesta predecir los efectos biológicos de nuestras acciones.

En febrero de 2019, el melomys de Bramble Cay (un pequeño roedor australiano) tuvo el dudoso honor de ser declarado el primer mamífero extinto como resultado del cambio climático antropogénico. Otras especies han sufrido una reducción de su área de distribución, un descenso de sus poblaciones y complejos efectos en cadena debido a los cambios en los ecosistemas que las rodean. Predecir el efecto acumulado de estos impactos constituye un importante reto científico.

Podemos aventurar qué especies corren mayor riesgo y cuáles están a salvo. Pero no debemos caer en la trampa de confiar en nuestras expectativas de resiliencia, basadas como están en el éxito actual de una especie. Nuestra investigación reciente se propuso poner a prueba esas expectativas: sospechábamos que tampoco permitirían predecir la supervivencia en un clima cambiante, y acertamos.

Los babuinos y el cambio climático

Los modelosde los efectos del cambio climático en especies concretas mejoran constantemente. Se trata de modelos de nicho ecológico que toman información sobre dónde vive hoy una especie y la utilizan para explorar dónde podría encontrarse en el futuro.

Para el estudio sobre los babuinos, mi estudiante de máster Sarah Hill y yo modelamos por separado cada una de las seis especies, partiendo de las condiciones actuales. Después proyectamos sus posibles áreas de distribución según 12 escenarios climáticos futuros distintos. Nuestros modelos incluían dos periodos diferentes (2050 y 2070), dos grados distintos de cambio climático proyectado (2,6 °C y 6 °C de calentamiento) y tres modelos climáticos globales, cada uno con una perspectiva ligeramente distinta del sistema terrestre. Elegimos estos dos grados de calentamiento porque representan los escenarios previstos de «mejor caso» y «peor caso», según los modelos del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático.

Los resultados de nuestros modelos nos permitieron calcular el cambio en la superficie de hábitat adecuado para cada especie en cada escenario. Tres de las especies estudiadas —los babuinos amarillos, oliva y hamadrias— parecían resilientes, tal como esperábamos inicialmente. En todos nuestros escenarios, el hábitat adecuado para los babuinos amarillos y oliva se expandió. En cambio, el hábitat del babuino hamadria se mantuvo estable.

Los babuinos de Guinea, como estos, parecen especialmente sensibles a las condiciones cálidas y áridas.Image: William Warby vía Flickr y Wikimedia Commons

Los babuinos de Guinea (la única especie que la UICN clasifica como casi amenazada) mostraron una pequeña pérdida. Según los escenarios que prevén condiciones más cálidas y húmedas, incluso podrían ganar algo de hábitat. Por desgracia, los modelos que proyectan calentamiento y aridificación predijeron que los babuinos de Guinea podrían perder hasta el 41,5 % de su hábitat adecuado.

Sin embargo, los babuinos Kinda parecían sensibles a las mismas condiciones más cálidas y húmedas que podrían favorecer a sus parientes babuinos de Guinea. Se preveía que perderían hábitat en todos los modelos, aunque la pérdida oscilaba entre una pequeña (0-22,7 %) en condiciones más cálidas y secas y un 70,2 % en el peor escenario cálido y húmedo.

Y se prevé que la última especie de babuino, el babuino chacma de Sudáfrica (la misma especie conocida por asaltar vehículos turísticos para robar golosinas), sufra la mayor pérdida de hábitat. En nuestros 12 escenarios, se preveía que esta pérdida oscilara entre el 32,4 % y el 83,5 %.

Los babuinos chacma como estos podrían tener dificultades para sobrevivir en las próximas décadas.Image: PACA COMO/Shutterstock.com

Implicaciones más amplias

La UICN identifica las especies amenazadas mediante estimaciones del tamaño de sus poblaciones y de sus áreas de distribución, así como de cómo han cambiado. Aunque se reconoce que el cambio climático puede provocar variaciones importantes en ambos factores, rara vez se incluyen modelos de los efectos del cambio climático como el nuestro, quizá porque a menudo no están disponibles.

Nuestros resultados sugieren que, dentro de unas décadas, varias especies de babuinos podrían pasar a categorías de mayor riesgo. Esto dependerá de la magnitud de la pérdida de área de distribución (y, por tanto, de población) que realmente sufran. Se necesitarán nuevas evaluaciones para determinar qué categoría corresponderá en 2070 a los babuinos chacma, Kinda y de Guinea. También cabe señalar que los babuinos son flexibles en su comportamiento: todavía podrían encontrar nuevas formas de sobrevivir.

Esto también tiene implicaciones más amplias para las prácticas de conservación. En primer lugar, sugiere que deberíamos intentar incorporar más modelos de cambio climático a las evaluaciones de las perspectivas de las especies. En segundo lugar, al poner en duda nuestra suposición de la «resiliencia» de los babuinos, nuestro trabajo nos plantea el reto de determinar qué otras especies aparentemente resilientes podrían verse afectadas de forma similar. Y dado que los mismos cambios proyectados tienen efectos distintos incluso en especies de babuinos estrechamente emparentadas, presumiblemente debemos empezar a evaluar las especies de forma más o menos sistemática, sin ideas preconcebidas, e intentar extraer nuevos principios generales sobre los efectos del cambio climático a medida que avanzamos.

Sarah y yo, desde luego, no recomendaríamos descartar ninguna de las herramientas de evaluación existentes: la labor de la UICN es de vital importancia, y nuestros hallazgos no hacen más que confirmarlo. Pero nuestro proyecto quizá haya identificado un factor adicional importante que afecta a las perspectivas incluso de especies aparentemente resilientes en el Antropoceno.

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