En todo el mundo, en marcha hay numerosas campañas públicas y privadas de todos los tamaños que tienen como objetivo plantar millones de árboles.
Un trío de académicos explica los beneficios de los pequeños proyectos comunitarios de plantación, cuyo objetivo es restaurar bosques, a partir de lo aprendido en Regrow Borneo.
Los programas de pequeña escala ofrecen la oportunidad de tener en cuenta el contexto local, garantizando que se planten los árboles adecuados en el lugar adecuado y con el propósito adecuado.
Esto permite reforestar más zonas, lo que contribuye a restaurar los paisajes naturales y los ecosistemas.
La Queen’s Green Canopy, una campaña para celebrar el jubileo de platino de Isabel II el próximo año, consiste en pedir a la población del Reino Unido que plante árboles: un «treebilee», como lo denomina su hijo, el príncipe Carlos. Es una de las numerosas campañas públicas y privadas en marcha, entre ellas las iniciativas de grandes corporaciones como Nestlé y Audi, que también plantan millones de árboles para tratar de compensar una parte de su impacto ambiental.
Sin embargo, a una escala mucho menor, existen miles de proyectos comunitarios de reforestación en todo el mundo cuyos objetivos varían según el entorno y los deseos de la población local. Por ejemplo, plantar especies autóctonas a lo largo del río Kinabatangan, en Borneo, puede respaldar a las empresas locales de ecoturismo, mientras que los proyectos forestales en la costa este de Nueva Zelanda están diseñados para proteger los suelos agrícolas de la erosión.
El contexto local hace que cada proyecto comunitario sea único y tenga más valor, ya que es más probable que la población plante los árboles adecuados en los lugares adecuados y con el propósito adecuado. Sin embargo, estos proyectos cuestan dinero, y conseguir financiación puede resultar difícil cuando los financiadores se centran tan a menudo en objetivos medibles y en eliminar carbono de la atmósfera para compensar las actividades que generan emisiones. Inevitablemente, los pequeños proyectos locales son los que más sufren, ya que asumen el elevado coste de la supervisión y la certificación.
En 2019 desarrollamos Regrow Borneo, un proyecto de reforestación comunitario en Sabah, en el Borneo malasio, que nos introdujo en este complejo mundo. Nuestro trabajo nos llevó a examinar estas disyuntivas desde la perspectiva del coste de los árboles, la importancia del conocimiento tradicional y el precio de la reforestación.
Coste de los árboles frente al valor de los bosques
El número de árboles plantados suele considerarse un indicador del éxito de los proyectos de reforestación. Todos hemos visto anuncios que sugieren que, si compramos un producto, una empresa plantará un árbol para compensar el coste de fabricarlo. Los árboles son relativamente fáciles de contar y, si se plantan en el lugar adecuado, pueden reflejar una restauración exitosa. Pero la reforestación se desarrolla a lo largo de cientos de años, y los proyectos mal gestionados que plantan millones de árboles pueden acabar, en ocasiones, con la mayoría de ellos muriendomayoría muriendo.
Por eso, los proyectos exitosos de restauración forestal adoptan un enfoque a largo plazo, comparando el progreso con los bosques existentes, tomando instantáneas de «antes y después» y midiendo el coste y los beneficios sociales. Sin embargo, nada de esto puede determinarse contando árboles. Un censo de árboles no te dirá nada sobre el estado de salud del ecosistema, del suelo ni de las poblaciones de insectos, aves o mamíferos. Tampoco te informará sobre la pérdida o la ganancia de oportunidades económicas para las comunidades locales, su salud o su bienestar espiritual. Necesitamos nuevas medidas para evaluar los proyectos, pero ninguno de estos enfoques es tan sencillo ni se explica a los financiadores con tanta facilidad como un censo de árboles.
Regrow Borneo prevé medir el éxito en función de la superficie de bosque restaurada, una métrica sencilla para informar a los donantes y que puede verificarse de forma independiente mediante imágenes de drones o a través de tecnologías avanzadas de satélite y aéreas que permiten medir cómo las funciones de los ecosistemas restaurados.
Sinergia entre la ciencia y el conocimiento local
La restauración forestal eficaz depende de la combinación de conocimiento científico, saber local y experiencia. En el caso de Regrow Borneo, el rico conocimiento local nos permite predecir la velocidad de crecimiento de determinadas especies, qué especies proporcionan alimento a animales (como los orangutanes) y cuáles toleran las inundaciones.
Los proyectos locales más eficaces se basan en este conocimiento durante toda su vida útil. Sin embargo, incorporar el conocimiento a las medidas de éxito de los proyectos es difícil porque, a menudo, simplemente no puede medirse. Exigir un rigor científico extremo en los proyectos locales puede llevar a las comunidades a abandonar este conocimiento, lo que puede reducir la eficacia de los proyectos. El problema es que la ciencia debe ponerse al día y diseñar mejores formas de integrar este conocimiento en sus experimentos.
¿Quién paga?
Los objetivos de los proyectos comunitarios de reforestación y los de los financiadores no siempre coinciden, lo que puede suponer una enorme carga para la comunidad implicada. Los financiadores a veces se centran en pagar un precio fijo que podría cubrir la plantación de un árbol, pero no puede cubrir que un árbol sano crezca. Otros financiadores, preocupados por su reputación, exigen garantías a los proyectos mediante controles, certificaciones y supervisión que, aunque son dignos de elogio, quizá no reflejen el panorama completo del «éxito».
Por ejemplo, se permite que las empresas que queman carbono compensen esta actividad pagando a proyectos forestales por la cantidad de carbono que almacenan. A cambio, las empresas quieren garantías, por lo que buscarán proyectos con certificación independiente. Las normas de certificación están diseñadas para proteger los bosques, pero también pueden limitar el acceso local a los recursos y beneficios forestales. Además, el coste de la certificación y de la formación del personal recae sobre los propios proyectos.
Los modelos en los que los financiadores coordinan y pagan la supervisión pueden ayudar a superar algunas de las barreras financieras que afrontan los pequeños proyectos. En Regrow Borneo, hasta ahora ha sido difícil establecer un precio viable para reforestar una hectárea sana, ya que nuestro compromiso con salarios justos, con el seguimiento del crecimiento y con la reposición de los árboles perdidos por inundaciones o devorados por monos puede elevar considerablemente los costes.
Los emplazamientos de reforestación de mayor riesgo, como las turberas ricas en carbono y las reservas naturales, requieren una supervisión frecuente de la biodiversidad, lo que añade costes y eleva los precios muy por encima del tipo al que se negocia el carbono. Cada comunidad tiene expectativas salariales distintas y cada bosque requiere recursos diferentes para su restauración, por lo que fijar un único precio por árbol o por tonelada de carbono es una expectativa poco razonable.
Como comunidad dedicada a la restauración, creemos en un cambio de mentalidad. Debemos tender puentes entre los financiadores y los proyectos, reduciendo las barreras para financiar pequeños proyectos. Los modelos de financiación flexibles y los procesos de certificación menos rígidos favorecen el desarrollo de iniciativas forestales de base comunitaria de forma más pragmática. Proyectos como Trillion Trees o Restor, que buscan conectar y financiar proyectos de base comunitaria en todo el planeta, son excelentes ejemplos de modelos de trabajo eficaces. En lugar de financiar un millón de árboles, deberíamos pensar en financiar un millón de bosques.




