Los científicos están explorando si los árboles de coníferas podrían ayudar a contrarrestar los efectos del calentamiento global.
En lo profundo de los bosques de abetos de Suecia investigadores de la Universidad de Lund estudian las propiedades refrescantes de los compuestos orgánicos llamados terpenos, que abundan en la resina de las coníferas y también dan a los abetos, las piceas y los pinos su aroma distintivo.
Cuando se liberan a la atmósfera, estas diminutas partículas interactúan con la humedad para ayudar a formar nubes que reflejan la luz solar y la alejan de la superficie del planeta.
Poder refrescante
Los bosques cubren casi el 70 % de Suecia y desempeñan un papel único en la influencia sobre el clima. Los árboles absorben el dióxido de carbono nocivo de la atmósfera y emiten gases reactivos que forman partículas de aerosoles orgánicos secundarios (SOA). Es la abundancia de estas partículas en suspensión la que ayuda a formar nubes que bloquean la luz solar.
Las coníferas gestionadas comercialmente, que son muy comunes en los países nórdicos, producen una alta concentración de SOA en comparación con muchos otros tipos de árboles. La investigación sueca tiene como objetivo mejorar la comprensión de los científicos sobre cómo estas partículas afectan al clima y si plantar más bosques podría tener un efecto refrescante.
Adam Kristensson, uno de los científicos que llevan a cabo el estudio, declaró a Reuters: «Depende de dónde crezca el bosque y del tipo de bosque que sea. En las partes meridionales del mundo, los árboles contrarrestan mejor el calentamiento global que en las zonas situadas muy al norte».
Si bien esto puede sonar a buenas noticias para las personas que viven en el hemisferio sur, es importante señalar que muchos países han sufrido una deforestación devastadora.

Por ejemplo, las cifras publicadas por el Ministerio de Medio Ambiente de Brasil muestran las tasas más altas de deforestación en la Amazonía en una década. A pesar de la oposición de los ecologistas, el país sudamericano registró la destrucción estimada de 7.900 kilómetros cuadrados de selva tropical entre agosto de 2017 y julio de 2018.
Sin embargo, parte del bosque perdido durante la tala de terrenos para la agricultura, el pastoreo de animales y el desarrollo se está reemplazando en otras regiones con plantaciones comerciales que aumentan la cubierta arbórea. Aunque en el proceso desaparece gran parte de la biodiversidad, plantar nuevos árboles ayuda a combatir el calentamiento global.
El cambio climático representa una de las amenazas más graves para la civilización. El Informe sobre Riesgos Globales 2019 del Foro Económico Mundial sitúa el fracaso en la mitigación del cambio climático como el segundo mayor peligro al que se enfrenta el mundo este año.
El Informe especial sobre el calentamiento global del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU establece un plazo de 12 años en el que el mundo debe actuar frente al calentamiento global para mantenerse dentro del objetivo del Acuerdo de París de 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales.
El tiempo se agota para actuar frente al cambio climático, pero estudiar los bosques de abetos suecos podría arrojar más luz sobre el papel de los árboles para limitar el aumento de la temperatura global.





