El auge del consumo en China genera montañas de residuos y una gran oportunidad

A worker stands next to kitchen waste at a garbage transfer station in Beijing, China March 30, 2017. Picture taken on March 30, 2017. REUTERS/Jason Lee - RTX33IGE
China is under immense pressure to deal with its mounting garbage problemImage: REUTERS/Jason Lee
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Con 500.000 toneladas de residuos domésticos generadas cada día, China está sometida a una enorme presión para hacer frente a su creciente problema de basura. Junto con iniciativas para aumentar las tasas de incineración y hacer cumplir la clasificación de residuos, el país ha trabajado para mejorar su deficiente sistema de reciclaje. Actualmente, los servicios profesionales de reciclaje representan solo entre el 10 y el 20 por ciento de la recuperación total de residuos en China, mientras que la mayor parte de las labores de reciclaje depende de recolectores informales que recorren las calles recuperando la basura de otras personas.

El experto en gestión de residuos Tom Szaky se propone ayudar a China a mejorar su sistema de gestión de basura. Szaky es el director ejecutivo de TerraCycle, una empresa de reciclaje con sede en Estados Unidos que abrió su primera filial en China, en Shanghái, a finales de 2016. La empresa colabora con particulares y compañías de todo el mundo para recoger artículos difíciles de reciclar —desde material de oficina y bolsas de plástico hasta juguetes infantiles y piezas de automóviles— y evita que más de 2 millones de kilogramos de residuos acaben cada mes en vertederos e incineradoras.

Originario de Hungría, Szaky creció en Canadá y más tarde se matriculó en la Universidad de Princeton, en Estados Unidos, pero abandonó los estudios para centrarse en TerraCycle. Fundada en 2001, la empresa opera ahora en más de 20 países y trabaja para afianzarse en China.

«La basura ya está llegando, pero la pregunta es: dentro de dos años, ¿cuánta habrá y tendremos los incentivos adecuados?», dijo Szaky, en referencia a los esfuerzos de la empresa en China. «¿Cómo logramos que la gente [recicle] cuando el único beneficio es ambiental y social, pero no hay un pago directo? Esa es la pregunta clave».

Los programas actuales de la empresa en el país se centran en botellas de plástico, productos dentales y envases de productos para el cuidado del cabello. Además de financiar iniciativas de reciclaje, TerraCycle anima a la gente a entregar artículos usados para su «suprarreciclaje» —la transformación de materiales de desecho en productos nuevos— a cambio de crédito que puede convertirse en donaciones monetarias a organizaciones benéficas. Los propios materiales reutilizados también tienen un impacto social: un programa de TerraCycle se comprometió a donar escritorios y sillas fabricados con envases de plástico reciclados a una escuela de Pekín para jóvenes sin hogar y niños de trabajadores migrantes.

Durante su segunda visita a China, el empresario de 35 años habló con Sixth Tone sobre cómo una empresa estadounidense con conciencia social puede expandirse en China, sus esperanzas y preocupaciones respecto de la industria del reciclaje del país y la contribución del consumismo al problema mundial de la basura. La entrevista se ha editado para mayor brevedad y claridad.

Sixth Tone: China produce una enorme cantidad de residuos domésticos cada año: alrededor de 185 millones de toneladas en 2016. ¿Adónde van?

Tom Szaky: Hoy en día, la gran mayoría de los residuos se elimina de manera informal o formal. El gran problema de la eliminación informal —que representa alrededor del 25 por ciento de los residuos [del mundo]— es que estos acaban en el sistema hídrico y luego en el océano. Los residuos eliminados formalmente terminan en vertederos o se incineran. Después, se recicla un porcentaje muy pequeño, por lo general aquello que tiene valor, como el aluminio o ciertos tipos de vidrio y de plástico.

La basura que acaba en el océano es tremendamente perjudicial para el ecosistema; la basura que se quema termina en el aire; la que se deposita en vertederos acaba formando una gran pila.

Sixth Tone: ¿Cómo se compara la industria china del reciclaje con la de otros países?

Tom Szaky: En primer lugar, la gestión de residuos es muy similar a la de América del Norte: una gran cantidad acaba en vertederos. En cuanto a la eliminación informal, se parece mucho a la del Sudeste Asiático, [países] como Vietnam o Camboya: en esos lugares donde todavía hay mucha basura gestionada informalmente, simplemente se tira en cualquier sitio. Existe un sistema informal muy grande, con gente que rebusca en la basura y recoge latas de aluminio… algo similar a [lugares de] América Latina, como Brasil. Pero, a diferencia del Sudeste Asiático y de América Latina, [China] es muy moderna y avanza muy rápido. La escala no tiene comparación.

Sin embargo, lo particular de China es que aquí existe una gran capacidad para aprovechar los residuos e incorporarlos de nuevo al sistema de fabricación. Así, incluso históricamente, cuando recogemos, por ejemplo, bolígrafos en Europa y los fundimos para obtener materiales de muy alta calidad, estos pueden acabar en fábricas chinas para convertirse en productos nuevos. Así que este país se convierte en el verdadero centro de transformación.

Sixth Tone: Los programas de TerraCycle en China se centran en reciclar productos de higiene bucal y de belleza. ¿Es una estrategia específica para China?

Tom Szaky: Para ser muy sincero, es donde podemos conseguir financiación más rápido. El problema es el siguiente: que en China se recicle una lata de aluminio, pero no un bolígrafo, un lápiz labial o un cepillo de dientes, no tiene nada que ver con la capacidad técnica de reciclar; tiene que ver con el dinero. El aluminio de una lata vale tanto que todavía se puede ganar dinero después de cubrir los costos de transporte y procesamiento. Pero, con algo como un cepillo de dientes o un envase de cosméticos, recogerlo y procesarlo cuesta más de lo que valen los materiales obtenidos. Hace falta que una empresa financie la diferencia, así que hablamos con muchas empresas y trabajamos con las que se muestran entusiasmadas y quieren sumarse rápidamente.

Sixth Tone: ¿Qué problemas ambientales de China le preocupan más?

Tom Szaky: No se trata de un problema ambiental específico, como la contaminación del aire o del agua o la basura; se trata del problema mundial del consumismo. El consumismo es la causa de todos los problemas del mundo. La gente come demasiada carne, compra demasiado: todo responde a esta idea de consumir, consumir y consumir.

Es una adicción mundial de las personas que tienen dinero. Yo también crecí bajo el comunismo. Nací en Budapest, cuando estaba tras el Telón de Acero ruso, y puedo entender lo que se siente no poder comprar y luego [adquirir] la capacidad de tener lo que uno ve. El problema es que no vemos fácilmente las consecuencias negativas. No se manifiestan aquí; aparecen en el océano, en el bosque, en lugares que no vemos.

Tenemos que limitar el consumismo. En vez de comprar cosas con enormes cantidades de embalaje, compremos productos sin embalaje; en vez de comprar cosas desechables, compremos cosas duraderas. Compremos lo que realmente necesitamos.

Sixth Tone: ¿Qué mejoras de los sistemas de gestión de residuos de otros países podría adoptar China?

Tom Szaky: Creo que algunas medidas que China debería considerar son, por ejemplo, crear impuestos sobre los envases. Muchos países del mundo los tienen, y es una buena idea porque generan fondos para financiar el reciclaje. [En segundo lugar], educar a los niños en la escuela sobre el reciclaje para inculcarles el hábito de hacer lo correcto por el medio ambiente. Esas son dos medidas clave que recomendaría encarecidamente para el país en su conjunto, o para cualquier país.

Sixth Tone: ¿Cómo es el entorno normativo en China para las empresas ecológicas como la suya?

Tom Szaky: Creo que está mejorando mucho y rápidamente. La tendencia va en la dirección correcta. China lidera el mundo en producción de energía eólica y solar, y todo esto se está volviendo realmente extraordinario, sobre todo mientras el mundo entero se vuelve más conservador. Si observamos la política en Estados Unidos y en Europa, va en la dirección equivocada, muy perjudicial para el medio ambiente. Aquí, avanza en la dirección correcta.

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