Así podemos equilibrar la conservación y el desarrollo

By 2050, the world will need around 50% more food and energy, and 21% more water
By 2050, the world will need around 50% more food and energy, and 21% more waterImage: Ed Wray
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Durante demasiado tiempo, los mensajes alarmistas y las sombrías suposiciones sobre el destino del planeta han impregnado de desesperanza uno de los mayores desafíos de la sociedad. Los conservacionistas se sienten frustrados. Los empresarios se sienten demonizados. Hemos llegado a aceptar la idea de que preservar el planeta y hacer crecer la economía son objetivos incompatibles.

Pero quizá esta visión dicotómica de las necesidades humanas y la conservación sea en sí misma el problema. ¿Y si impulsar la conservación y el desarrollo humano no fuera una disyuntiva? ¿Y si pudiéramos hacerlo mejor en ambos ámbitos?

La Organización Mundial de la Salud, el Foro Económico Mundial y otras organizaciones han señalado la contaminación atmosférica, el cambio climático y la escasez de agua como algunas de las mayores amenazas para el bienestar humano. Estos desafíos ambientales también se cruzan con las amenazas a la biodiversidad.

Se prevé que la población mundial alcance los 10.000 millones de personas en 2050. Veremos cómo se aceleran los efectos sobre los recursos naturales, lo que intensificará este desafío y otros, como los efectos ya graves del cambio climático en las personas y la naturaleza.

La pregunta de si podemos impulsar tanto la conservación como el desarrollo humano es la fuerza motriz de un nuevo estudio de 13 instituciones, entre ellas The Nature Conservancy y la Universidad de Minnesota. Desde el principio, nos distanciamos y volvimos a examinar el concepto de sostenibilidad desde sus fundamentos, por así decirlo.

Con modelos de sistemas globales, analizamos en profundidad y comparamos la situación actual —la trayectoria habitual que seguimos hoy— con una versión de la sostenibilidad basada en cambios realistas y alcanzables en la forma en que usamos la energía, la tierra y el agua. Descubrimos algo que a algunos podría sorprenderles: esperanza.

En nuestros análisis incorporamos las principales proyecciones de crecimiento de la población y del PIB, así como los aumentos asociados en el consumo de energía (~50 %), alimentos (~50 %) y agua para uso doméstico (~21 %) para 2050. También examinamos cómo el aumento de la producción para satisfacer estas necesidades afectaría al uso mundial de la tierra y el agua, la calidad del aire, el clima y la pesca.

Descubrimos que cambiar cómo y dónde se producen los alimentos y la energía puede ayudarnos a cumplir las proyecciones de crecimiento mundial y, al mismo tiempo, alcanzar los compromisos nacionales de protección de hábitats, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de acuerdo con los objetivos climáticos del Acuerdo de París, poner fin a la sobrepesca, reducir el estrés hídrico y mejorar notablemente la calidad del aire. Si modificamos nuestros sistemas de producción, podemos lograr un futuro más sostenible: un planeta capaz de sustentar a los 10.000 millones de personas y a millones de otras formas de vida que habitarán la Tierra a mediados de este siglo.

Un requisito fundamental para lograr este escenario más esperanzador es la cooperación. Para hacer los cambios necesarios tendremos que salir de nuestros ámbitos habituales de conservación, salud, desarrollo, economía y todos los demás sectores en los que a menudo nos vemos confinados.

Por ejemplo, alcanzar nuestros objetivos climáticos exigirá un esfuerzo enérgico para reducir los combustibles fósiles y los gases de efecto invernadero que generan, de una cuota proyectada del 76 % del total de la energía en 2050 al 13 %. Podemos lograrlo con una combinación inteligente de energía solar, eólica y nuclear. Y podemos ganar el tiempo necesario para hacer esta transición invirtiendo en soluciones climáticas naturales: estrategias de conservación y gestión de la tierra que maximicen la capacidad de nuestros paisajes y costas para almacenar carbono.

También prevemos que en 2050 la demanda de alimentos aumentará un 54 % con respecto a los niveles actuales, pero descubrimos que ese aumento puede satisfacerse utilizando menos tierra que la que dedicamos hoy a la agricultura. Trasladar los cultivos dentro de las regiones agrícolas a las zonas donde crecen mejor puede reducir la demanda de agua y mejorar los rendimientos, a la vez que disminuye el estrés hídrico y la contaminación, y respeta la soberanía alimentaria (la capacidad de un país para producir alimentos como lo hace hoy). Además, invertir en la salud del suelo puede mejorar los rendimientos agrícolas, capturar más carbono de la atmósfera y favorecer la biodiversidad.

Turbinas de un parque eólico en los montes Apalaches, Virginia OccidentalImage: Kent Mason

La clave, por supuesto, es hacer pronto esos cambios. Si seguimos por la trayectoria habitual, veremos cómo se aceleran el cambio climático, la pérdida de hábitats y biodiversidad, la inseguridad hídrica y los niveles peligrosos de contaminación atmosférica. Es un panorama sombrío para nosotros y para la naturaleza.

Por supuesto, nuestro análisis no es el primero que aborda estas preguntas. Varios científicos e instituciones destacados han propuesto planes bien meditados para un futuro sostenible. Pero a menudo esos planes consideran por separado las necesidades de las personas y la naturaleza, o se basan en la evaluación de sectores o zonas geográficas limitados. Lo que hemos intentado hacer es considerar conjuntamente y de forma integral las necesidades del desarrollo económico mundial y de la conservación, para encontrar un camino viable y sostenible.

El camino que presentamos es una de muchas posibilidades. Ofrecemos este análisis como contribución a la base de evidencia compartida necesaria para dialogar de forma eficaz, colaborar y tomar decisiones informadas en beneficio de las personas y del planeta. Damos la bienvenida a socios con ideas afines e invitamos a quienes quieran aportar críticas constructivas a compartir sus perspectivas. Sobre todo, animamos a personas de todos los sectores de la sociedad a sumarse a la conversación, colmar las lagunas allí donde existan y señalarnos otras consideraciones importantes.

Es posible conservar la naturaleza y, al mismo tiempo, proporcionar agua, alimentos y energía a una población humana en crecimiento. No es una disyuntiva. Pero nuestro escenario de un futuro más sostenible sí depende de una cosa: actuar con rapidez. Se prevé que varios de los cambios ya estén muy avanzados al final de la próxima década, si no antes. El éxito depende de nuestra voluntad y capacidad para abordar el crecimiento económico y el futuro del planeta de manera inteligente y coordinada.

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