Los humedales son los superhéroes del mundo natural. Rebosan de vida silvestre, protegen nuestras costas, mantienen limpios nuestros ríos y almacenan cantidades de carbono capaces de alterar el clima.
Durante gran parte de la historia, sin embargo, se los ha ignorado en el mejor de los casos y, en el peor, se los ha denostado y destruido. En los últimos años se han destinado campañas públicas y dinero a la plantación de árboles y la reforestación, pero apenas se ha hablado de restaurar las turberas, los pantanos y las marismas del Reino Unido. Basta echar un vistazo a la literatura y la pintura famosas, e incluso a las películas y series de televisión, para ver con qué frecuencia los humedales aparecen como el desagradable y siniestro telón de fondo de historias oscuras.
Por suerte, las cosas están cambiando. Así lo puso de relieve el reciente anuncio de una reserva natural nacional de 15.000 acres, la reserva natural nacional de los humedales de Somerset. Es la segunda «superreserva» del Reino Unido, después de Purbeck Heaths, en Dorset. Estas reservas abarcan un mosaico de hábitats diferentes y, al conectarlos como parte de un plan integral de gestión del paisaje, se espera beneficiar a toda la región.
En este caso, la nueva superreserva incluirá las reservas existentes en las llanuras y páramos de Somerset, una región de llanuras costeras, turberas, carrizales y marismas salinas que conforman el corazón del condado.
Se estima que estas zonas contienen alrededor de 11 millones de toneladas de carbono en forma de turba: materia vegetal muerta y semidescompuesta. Cuando las turberas se secan —quizá porque se drenan para convertirlas en tierras de cultivo o se extrae la turba para hacer compost—, la vegetación se descompone mucho más rápido y libera carbono a la atmósfera.
Gran parte de los depósitos de turba de Somerset se han deteriorado a lo largo de los siglos y siguen deteriorándose, lo que libera cientos de miles de toneladas de gases de efecto invernadero cada año. Protegerlos como potentes sumideros de carbono es esencial para que el Reino Unido alcance sus objetivos de cero emisiones netas en las próximas décadas.
Las marismas salinas situadas en el borde de la nueva reserva también son hábitats ricos en carbono y pueden proteger la costa durante las tormentas y ante la subida del nivel del mar. Y está la fauna abundante de esta zona: desde nutrias y martines pescadores hasta anguilas y fritilarias de los pantanos (una de las mariposas más raras de Gran Bretaña).
Una historia bien conservada
Los beneficios ambientales y naturales que aportan los humedales de la nueva superreserva no son lo único que hace tan especial este proyecto.
La historia y el patrimonio de Gran Bretaña están ligados a esta zona, y las condiciones ácidas y anegadas de las turberas permiten que se conserven de una forma excepcional para que podamos descubrirlos. Por ejemplo, el Sweet Track, el camino de madera más antiguo del Reino Unido, se construyó hace 6.000 años para ayudar a los pueblos neolíticos a cruzar las marismas. Desde que se descubrió en la década de 1970, ha ayudado a los arqueólogos a comprender cómo vivían estas comunidades.
Quizá sea apenas un poco melodramático afirmar que Inglaterra, tal como la conocemos, no existiría de no ser por la «fortaleza pantanosa» de las llanuras y los páramos de Somerset (descrita así en la Crónica anglosajona), que ofreció al rey Alfredo el refugio y el campo de batalla que necesitaba su pequeño ejército para luchar contra los vikingos en el siglo IX. (Aunque sigue siendo objeto de debate histórico si quemó unas tortas durante el proceso).
Protección a gran escala
La región de Somerset no será la única que se beneficie de los planes de gestión del paisaje propuestos: todo el país saldrá ganando. Por supuesto, algunas zonas ya están bajo la supervisión de organizaciones de conservación, que están haciendo un gran trabajo. Pero este proyecto va más allá de esos espacios individuales y los integra a una escala mayor.
Las reservas naturales individuales bien gestionadas pueden ser fantásticas, sea cual sea su tamaño. Pero cuando conectamos estos espacios y los ampliamos, podemos empezar de verdad a controlar los flujos de agua, maximizar la biodiversidad, reducir las emisiones de carbono y mejorar nuestro propio bienestar. De hecho, las investigaciones muestran que a esta escala podemos lograr un impacto real y aprovechar el potencial de las «soluciones basadas en la naturaleza», que permiten a los ecosistemas naturales contribuir a abordar las crisis climática y de biodiversidad.
Cuando estas zonas son lo bastante extensas y predominan en ellas los humedales costeros y de agua dulce, los beneficios se multiplican: se tiene en cuenta no solo el paisaje, ni siquiera únicamente el paisaje marino, sino el «paisaje integral».
Este enfoque del «paisaje integral» debe marcar el camino si nos tomamos en serio el uso de soluciones basadas en la naturaleza durante este siglo. Y los superhéroes de la naturaleza —nuestros humedales— necesitan superreservas naturales como la de Somerset para mostrarnos de lo que son capaces.
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