El periodo de posguerra en el que aumentó la demanda de los recursos naturales de la Tierra se conoce como la Gran Aceleración.
A medida que han disminuido los recursos terrestres, la humanidad ha recurrido a los océanos para impulsar el desarrollo, incluida la minería de aguas profundas. A esto se le llama Aceleración Azul.
La humanidad deja una profunda huella en la Tierra, pero ¿cuándo se convirtió en el principal motor de cambio en los ecosistemas del planeta? Muchos científicos señalan la década de 1950, cuando empezaron a acelerarse toda clase de tendencias socioeconómicas. Desde entonces, la población mundial se ha triplicado. El uso de fertilizantes y agua se expandió a medida que se cultivaban más alimentos que nunca. La construcción de autopistas se aceleró para dar cabida al aumento de la propiedad de automóviles, mientras que los vuelos internacionales despegaron para satisfacer el creciente interés por el turismo.
La escala de la demanda humana sobre la Tierra superó las proporciones históricas. Este periodo de posguerra pasó a conocerse como la «Gran Aceleración», y muchos creen que dio origen al Antropoceno: la época geológica durante la cual la actividad humana superó a las fuerzas naturales como principal influencia en el funcionamiento de los sistemas vivos de la Tierra.
Pero quienes investigan el océano sienten actualmente una sensación de déjà vu. Durante las últimas tres décadas, en el océano se han repetido patrones observados en tierra hace 70 años. Estamos viviendo una «Aceleración Azul», que tendrá consecuencias importantes para la vida en el planeta azul.

¿Por qué se está produciendo ahora la Aceleración Azul?
A medida que han disminuido los recursos terrestres, las esperanzas y expectativas se han volcado cada vez más en el océano como nuevo motor del desarrollo humano. Tomemos la minería de aguas profundas. En los últimos años, los precios de las materias primas, en fuerte aumento, han despertado el interés comercial por los fondos marinos internacionales y sus riquezas minerales. Según el Fondo Monetario Internacional, el precio del oro ha subido un 454 % desde 2000, el de la plata un 317 % y el del plomo un 493 %. Desde 2001, la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos ha otorgado licencias sobre alrededor de 1,4 millones de kilómetros cuadrados de fondos marinos para actividades de exploración minera.
En algunos sectores, los avances tecnológicos han impulsado estas tendencias. Prácticamente todos los parques eólicos marinos se instalaron en los últimos 20 años. El sector de la biotecnología marina apenas existía a finales del siglo XX, y más del 99 % de las secuencias genéticas de organismos marinosque figuran en patentes se registraron desde el año 2000.
Durante la década de 1990, cuando comenzó la Aceleración Azul, la población mundial alcanzó los 6.000 millones. Hoy hay alrededor de 7.800 millones de personas. El crecimiento demográfico en zonas con escasez de agua, como Oriente Medio, Australia y Sudáfrica, ha provocado que se triplique el volumen de agua de mar desalinizadagenerada desde el año 2000. También ha supuesto un aumento de casi cuatro vecesen el volumen de mercancías transportadas por mar por todo el mundo desde el año 2000.

¿Por qué es importante la Aceleración Azul?
Antes se creía que el océano —incluso entre científicos destacados— era demasiado vasto para que la actividad humana pudiera alterarlo. Esa visión ha dado paso a la incómoda constatación de que los seres humanos no solo pueden cambiar el océano, sino que la trayectoria actual de la demanda humana sobre este sencillamente no es sostenible.
Pensemos en la costa de Noruega. La región alberga una industria petrolera y gasística marina multimillonaria, acuicultura, cruceros populares, rutas marítimas muy transitadas y pesquerías. Todos estos intereses compiten por el mismo espacio oceánico, y sus demandas van en aumento. Para 2050 se prevé que se quintuplicará el número de salmones criados mediante acuicultura, mientras que se pronostica que el sector turístico de la región recibirá cinco veces más visitantes para 2030. Entretanto, se han propuesto enormes parques eólicos marinosfrente al extremo meridional de Noruega.
El océano es vasto, pero no ilimitado. Esta saturación del espacio oceánico no es exclusiva de Noruega, y un océano densamente ocupado conlleva el riesgo de conflictos entre sectores. Los salmones escapados de las instalaciones de acuicultura han propagado piojos de mar entre las poblaciones silvestres, lo que ha generado tensiones con las pesquerías noruegas. Un accidente industrial en el sector del petróleo y el gas podría causar daños importantes a los productos del mar y al turismo locales, así como al mercado de exportación de productos del mar.

Más fundamentalmente, la presión sobre los ecosistemas oceánicos está creciendo y, sencillamente, no sabemos tanto de ellos como quisiéramos. Un ecólogo bromeó una vez diciendo que gestionar las pesquerías es lo mismo que gestionar los bosques: en vez de contar árboles, cuentas peces, con la diferencia de que no puedes verlos y se mueven.
La explotación del océano suele preceder a su exploración. Un ejemplo emblemático es el caracol de pie escamoso. Este molusco de aguas profundas fue descubierto en 1999 y, para 2019, ya figuraba en la Lista Roja de especies amenazadas de la UICN. ¿Por qué? Hasta donde saben los científicos, la especie solo se encuentra en tres sistemas de fuentes hidrotermales a más de 2.400 metros bajo el océano Índico, que abarcan menos de 0,02 kilómetros cuadrados. Hoy, dos de los tres sistemas de fuentes están dentro de concesiones para la exploración minera.
¿Qué viene ahora?
Los multimillonarios que sueñan con colonias espaciales pueden soñar un poco más cerca de casa. Aunque la Aceleración Azul consume cada vez más recursos oceánicos, esta vasta extensión es tan misteriosa como el espacio exterior. Las superficies de Marte y la Luna se han cartografiado con mayor resolución que los fondos marinos. La vida en el océano existe desde hace dos mil millones de años más que la vida terrestre, y se estima que la ciencia aún no ha descrito el 91 % de las especies marinas. Sus adaptaciones genéticas podrían ayudar a los científicos a desarrollar los antibióticos y medicamentos del futuro, pero esas especies podrían desaparecer mucho antes de que eso sea posible.

Es el momento adecuado para orientar la Aceleración Azul hacia trayectorias más sostenibles y equitativas. El Decenio de las Naciones Unidas de las Ciencias Oceánicas para el Desarrollo Sostenibleestá a punto de comenzar; un nuevo tratado internacional sobre biodiversidad marinase encuentra en las últimas etapas de negociación y, en junio de 2020, gobiernos, empresas, académicos y la sociedad civil se reunirán en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanosen Lisboa.
Sin embargo, quedan muchas preguntas sencillas por responder. ¿Quién impulsa la Aceleración Azul? ¿Quién se beneficia de ella? ¿Y quién queda excluido u olvidado? Todas son preguntas urgentes, pero quizá la más importante y difícil de responder sea cómo crear vínculos y fomentar la participación entre todos estos grupos. De lo contrario, quienes impulsan la Aceleración Azul serán como los peces de la analogía del ecólogo: estarán en constante movimiento, serán invisibles e imposibles de gestionar, hasta que sea demasiado tarde.





