El Parlamento del Reino Unido declaró recientemente una emergencia climática, y la primera ministra Theresa May afirmó que el país tendrá emisiones netas cero de gases de efecto invernadero para 2050. El Gobierno ha elegido sus palabras con cuidado: el término «netas cero» abre la puerta a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero mediante la compensación de carbono.
En teoría, esto significa que puede calcular simplemente sus emisiones totales de gases de efecto invernadero y pagar a un programa que compense esas emisiones en la misma cantidad; de este modo, en conjunto, sus emisiones serían netas cero. Un ejemplo es el Verified Carbon Standard (VCS), que vende créditos de carbono y destina los ingresos al desarrollo de centrales hidroeléctricas en Sri Lanka, proyectos de reforestación en China o energía eólica en Costa Rica. La base de datos VCScontiene miles de opciones de compensación.
Algunos afirman que la compensación de carbono es una salida fácil que evita la opción, más costosa y eficaz, de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en su origen. Otros sostienen que el calentamiento global es un problema mundial, por lo que alcanzar emisiones netas cero por cualquier medio es aceptable. La cuestión es si se trata de un medio viable para que los gobiernos reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero y, en última instancia, mantengan el calentamiento global bajo control.
Una gran factura
Las empresas privadas han ofrecido iniciativas de compensación de carbono, entre ellas British Airways y Shell – desde hace muchos años. Estos programas voluntarios dan a los clientes la opción de pagar una prima, con la premisa de que la empresa compensará parte de las emisiones de gases de efecto invernadero. Desde que la compensación de carbono es una opción, los proyectos de todo el mundo han logrado un ahorro de aproximadamente 994 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO₂) equivalente. Pero, dado que los niveles mundiales de CO₂ en 2018 fueron de 33,1 Gt, cabe afirmar que aún queda mucho por hacer.
El Reino Unido podría alcanzar mañana las emisiones netas cero si el Gobierno lo deseara, pero costaría muy caro al contribuyente. En 2017, las emisiones totales de gases de efecto invernadero del Reino Unido ascendieron a 460 millones de toneladas. Si, por ejemplo, el Gobierno utilizara el programa de compensación Gold Standard, a un coste medio de 10 libras esterlinas por tonelada, supondría una factura asombrosa de 4.600 millones de libras esterlinas. La mayoría coincidiría en que sería un coste excesivo para el Gobierno y que, en cualquier caso, los sectores público, privado y tercer sector deberían compartir la responsabilidad de combatir las emisiones.
Las autoridades locales desempeñan un papel importante para alcanzar este objetivo, dada su capacidad para trabajar con residentes, organizaciones benéficas y empresas con el fin de introducir cambios significativos a nivel local. Algunas autoridades locales lideran el camino fijándose objetivos ambiciosos: el Ayuntamiento de Liverpool aspira a convertirse en la primera ciudad «climáticamente positiva» del Reino Unido a finales de 2020. El Ayuntamiento ha establecido una alianza con una organización del sector privado —la Poseidon Foundation — para lograrlo mediante la compensación de carbono.
Para garantizar una transparencia total, se está introduciendo una nueva plataforma de blockchain que puede seguir transacciones individuales desde el origen de las emisiones de gases de efecto invernadero a lo largo de la trayectoria hasta la compensación de carbono. En pocas palabras, blockchain es una cadena de bloques: en este contexto, en realidad hablamos de información digital («el bloque») almacenada en una base de datos pública («la cadena»). El proyecto debería completarse en los próximos meses.
La Poseidon Foundation ya ha puesto en marcha un sistema similar en una sucursal de Ben & Jerry’s en Londres, donde la empresa de helados compra créditos de carbono por los productos vendidos y los utiliza para apoyar un proyecto de conservación forestal en Perú.
Mejores alternativas
La compensación de carbono es una medida a corto plazo que puede dar tiempo a todos los sectores para encontrar formas de reducir sus emisiones reales de gases de efecto invernadero. Pero no es una solución a largo plazo para el sector público, que ya se encuentra bajo presión financiera. La rápida urbanización y el crecimiento demográfico también exigen alternativas más específicas e inmediatas. Además, existe una gran variedad de medidas que pueden reducir directamente el uso de energía y las emisiones de gases de efecto invernadero.
Mi propia investigación y mi libro sobre Financiación de edificios sostenibles se centra en cómo desarrollar proyectos de carbono cero a coste cero. El proceso comienza con el cálculo preciso de la huella de carbono del emplazamiento, a continuación se revisan los planes futuros para el mismo y se evalúan todos los métodos rentables posibles para reducir esa huella.
Medir y reducir con precisión la energía utilizada en los edificios —por ejemplo, apagando simplemente las luces y los equipos eléctricos— no cuesta nada y puede ofrecer a largo plazo ahorros similares a los de invertir en un programa de energía solar. Se calcula que el Reino Unido desperdicia 9.500 millones de libras al año en energía, por lo que es evidente que existen numerosas oportunidades para reducir las emisiones antes incluso de plantearse opciones más técnicas.
La financiación también puede obtenerse de empresas de servicios energéticos, que son servicios comerciales creados específicamente para financiar proyectos de energía renovable y mantener el estatus de carbono cero a lo largo del tiempo. La compensación de carbono es un último recurso, cuando se han agotado todos los demás métodos más rentables. Siguiendo este proceso, los ayuntamientos pueden apoyar a residentes y empresas para reducir rápidamente las emisiones.
Para afrontar esta emergencia climática, el Reino Unido necesitará hacer mucho más que compensar sus emisiones. Las organizaciones de los sectores privado, público y tercer sector deben comprender su impacto y actuar para reducirlo, mediante soluciones rentables que funcionen en la práctica. La iniciativa del Ayuntamiento de Liverpool es solo el principio, si el Reino Unido quiere convertirse en una sociedad verdaderamente de emisiones netas cero. Las autoridades locales deben actuar ya para adoptar la compensación, junto con la gran cantidad de otras opciones disponibles para cada uno de nosotros.





