¿Por qué la bioeconomía podría ser el futuro de la fabricación sostenible?

Employees works at an Audi Q5 2.0 production line of the German car manufacturer's plant during a media tour in San Jose Chiapa, Mexico April 19, 2018. REUTERS/Henry Romero
The bioeconomy could be an alternative to our current “take, make and dispose” way of doing things.Image: REUTERS/Henry Romero
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En lugar de materias primas derivadas del petróleo, como en la fabricación convencional, el plástico puede obtenerse mediante fermentación, un proceso parecido a la elaboración de la cerveza. Los neumáticos de automóvil de látex de origen biológico pueden fabricarse a partir de diente de león, y las alfombras, a partir de azúcar. Por ahora, seguimos dependiendo en gran medida de los productos petroquímicos. Sin embargo, la idea de fabricar sustancias químicas en fábricas de microorganismos, en lugar de en refinerías de petróleo, está cobrando impulso. Esto supondrá un futuro más limpio y sostenible para la fabricación.

Una visión de la fabricación de base biológica

La biotecnología industrial empieza a transformar los bienes de consumo que compramos. Por ejemplo, las botellas de agua pronto se fabricarán total o parcialmente con carbono de origen biológico, en lugar de plástico derivado de combustibles fósiles. El grafeno es otro material clave del futuro: conduce la electricidad mejor que el cobre. Por ahora sigue siendo caro, pero un grupo de investigación ha perfeccionado un proceso sencillo que convierte el aceite de soja en grafeno, lo que lo hará ideal para la electrónica de consumo. La seda de araña, extremadamente resistente, es otro invento biotecnológico. Aunque existen barreras técnicas para su producción a partir de un microorganismo, actualmente se están superando. Entre las aplicaciones más recientes que podría tener la seda de araña se encuentran los micrófonos de alta tecnología para audífonos y teléfonos móviles.

¿Cómo sería un sistema de producción de base biológica? Las biorrefinerías producen combustibles, sustancias químicas y electricidad a partir de biomasa orgánica residual y, en determinadas condiciones, también a partir de cultivos alimentarios. Esto puede abarcar desde azúcar purificado y caro hasta materiales de desecho como madera de desguace, estiércol, paja o los residuos orgánicos domésticos que se depositan en el cubo de la basura. Los subproductos y las corrientes secundarias de las biorrefinerías podrían, a su vez, generar nuevos ecosistemas industriales en una economía más circular. Al convertir distintos tipos de residuos en productos utilizables, la biotecnología reduciría los vertederos, disminuiría las huellas de carbono y crearía una economía más eficiente en el uso de los recursos.

Es probable que las biorrefinerías sean instalaciones de escala pequeña a mediana situadas en zonas rurales o semirrurales con fácil acceso a materiales de biomasa. Una transición biotecnológica de este tipo es prometedora en varios frentes, como el empleo local, la regeneración rural, la especialización inteligente, la economía circular y la reindustrialización. Además, ayuda a resolver muchas de las incógnitas sobre cómo avanzar en al menos la mitad de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas para 2030.

Problemas y obstáculos

La fabricación de base biológica puede convertirse en realidad, pero antes deben superarse muchos obstáculos. Por ejemplo, el aumento de la demanda de biomasa puede presionar los terrenos utilizados para cultivar alimentos, una preocupación que surgió hace unos años, cuando se aceleró la producción de biocombustibles. Durante la última década, la OCDE ha trabajado en cuestiones de sostenibilidad de la biomasa y ha elaborado normas para el comercio internacional de biomasa. En 2013 se publicó una Recomendación de la OCDE, que alienta a los países miembros a desarrollar y aplicar marcos nacionales para evaluar la sostenibilidad de los productos de base biológica. En ella se enumeran las consideraciones que los países miembros de la OCDE deben tener en cuenta al realizar dichas evaluaciones. También recomienda, siempre que sea posible, utilizar análisis del ciclo de vida, es decir, el análisis de todo lo que interviene en un proceso biotecnológico, como los combustibles y las materias primas, de todo lo que produce el proceso, incluidos los distintos residuos, y del impacto ambiental de ambos lados del proceso.

También existe el problema de las barreras normativas y técnicas para la bioeconomía. Aunque utilizar residuos para la bioproducción es eficiente en el uso de los recursos y evita las disyuntivas relacionadas con el uso de la tierra, requiere cambios normativos. Actualmente, los residuos se definen principalmente como algo que debe desecharse, y no como algo que pueda reutilizarse. Redefinir el concepto de residuo sería un paso importante. En el ámbito técnico, son fundamentales las políticas que fomenten la investigación pública y las subvenciones al desarrollo de la producción de base biológica. También lo serían las políticas que faciliten las alianzas público-privadas para construir biorrefinerías, que, por ahora, son inversiones de alto riesgo. En el plano político, todavía existe demasiado apoyo en muchas partes del mundo a las subvenciones a los combustibles fósiles, que distorsionan el mercado. La fijación de un precio al carbono y la eliminación de estas subvenciones nos ayudarían a dejar atrás la dependencia de los combustibles fósiles y a avanzar hacia tecnologías más limpias y eficaces.

La bioeconomía es una alternativa a nuestra forma actual de hacer las cosas, basada en «extraer, fabricar y desechar». La biotecnología industrial puede sustituir al petróleo, aprovechar los residuos y fomentar una fabricación más limpia. Con las políticas adecuadas, la biotecnología podría impulsar una economía más circular y ayudarnos a afrontar los grandes desafíos del cambio climático, la destrucción del suelo, la seguridad hídrica y energética y la escasez de recursos.

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