Es probable que los riesgos para la biodiversidad persistan durante décadas, incluso si las temperaturas globales descienden después de alcanzar su máximo más adelante este siglo, concluye un nuevo estudio.
Las especies ya están muriendo y cambiando sus hábitats, y las posibilidades de revertir este daño son nulas o inciertas en una cuarta parte de las zonas abarcadas por el estudio.
Las regiones tropicales afrontan el mayor impacto: es probable que más de la mitad de todas las especies del Amazonas se encuentren con condiciones climáticas volátiles.
El mundo debe dar prioridad a evitar un aumento de 2°C de la temperatura respecto de los niveles preindustriales, o al menos limitar la magnitud o la duración de cualquier aumento, afirma el coautor del estudio.
Aunque las temperaturas globales empiecen a descender después de alcanzar su máximo este siglo debido al cambio climático, es probable que los riesgos para la biodiversidad persistan durante décadas, según concluye un nuevo estudio de investigadores del University College de Londres (UCL) y de la Universidad de Ciudad del Cabo. Los posibles efectos sobre la biodiversidad se modelaron tomando como referencia los niveles preindustriales, en un escenario en que las temperaturas aumentaran más de 2°C (35.6°F) antes de empezar a bajar de nuevo.
El cambio climático y todas sus influencias antropogénicas ya están provocando una crisis de biodiversidad, con mortandades masivas, como la de cientos de aves migratorias que caen del cielo en el suroeste de Estados Unidos en 2020. Entre los efectos perjudiciales que ya se observan también figuran cambios en los ciclos reproductivos y en la distribución de las especies.
En 2015 se firmó el Acuerdo de París con el propósito de limitar el calentamiento global a menos de 2°C. Como las emisiones de gases de efecto invernadero siguen aumentando, muchos modelos científicos analizan ahora excesos que superarían este límite durante décadas. Este modelo también tuvo en cuenta los posibles efectos de las tecnologías de eliminación de dióxido de carbono, cuyo objetivo es compensar los aumentos perjudiciales de temperatura para 2100.
En el mejor de los casos, es incierto que se vuelva a la «normalidad» previa al exceso
Los investigadores estudiaron más de 30.000 especies en hábitats de todo el mundo y descubrieron que, en una cuarta parte de las zonas examinadas, las posibilidades de revertir el daño y volver a la «normalidad» previa al exceso son nulas o inciertas.
«Descubrimos que un gran número de especies animales seguirá soportando condiciones inseguras durante décadas después de que las temperaturas globales alcancen su máximo», afirmó el coautor, el Dr. Alex Pigot (Centro de Investigación sobre Biodiversidad y Medio Ambiente de la UCL, Facultad de Biociencias de la UCL). «Aunque logremos revertir colectivamente el calentamiento global antes de que las especies desaparezcan irreversiblemente de los ecosistemas, la alteración ecológica causada por las temperaturas inseguras podría persistir durante medio siglo más o incluso más tiempo».
Los investigadores también analizaron la posibilidad de que las emisiones de CO2 siguieran creciendo hasta 2040 y luego disminuyeran después de 2070 gracias a los esfuerzos para reducir las emisiones de carbono y al despliegue de tecnologías de eliminación de dióxido de carbono. Esto significa que durante varias décadas de este siglo las temperaturas globales superarían los 2°C, pero bajarían después de 2100. Los investigadores analizaron con qué rapidez una especie en cualquier lugar podría quedar expuesta a temperaturas perjudiciales, cuánto duraría esa exposición, cuántas especies afectaría y si sería posible volver a la «normalidad».
La mayoría de las especies de las regiones tropicales están amenazadas por condiciones de biodiversidad volátiles
En la mayoría de los lugares, la exposición a temperaturas peligrosas se producirá de forma repentina, a medida que las especies queden fuera de los límites de sus nichos térmicos. Los investigadores también descubrieron que cualquier retorno de estas especies a nichos térmicos adecuados sería gradual y quedaría muy rezagado con respecto al descenso de las temperaturas globales, debido a la volatilidad de las condiciones climáticas y a los efectos en los ecosistemas. Se determinó que el exceso de riesgos para la biodiversidad duraría entre 100 y 130 años, el doble que el exceso de temperatura propiamente dicho.
Entre las regiones que afrontan el mayor impacto se encuentran zonas tropicales donde más del 90% de las especies del océano Índico central, el Indopacífico, el norte de Australia y el norte del África subsahariana quedarían fuera de sus nichos térmicos. En el Amazonas, el equipo descubrió que más de la mitad de todas las especies estarían expuestas a condiciones climáticas volátiles. En casi el 19% de todos los lugares examinados, incluido el Amazonas, no se sabe con certeza si sería posible volver a los niveles previos al exceso; mientras que el 8% de las regiones quizá nunca vuelva a esos niveles. Es probable que el planeta afronte extinciones irreversibles de especies y transformaciones de los ecosistemas.
Evitar el exceso de temperatura es prioritario
«Nuestros hallazgos son contundentes», afirmó el coautor Christopher Trisos (Iniciativa Africana sobre Clima y Desarrollo, Universidad de Ciudad del Cabo). «Deberían servir de llamada de atención: retrasar los recortes de emisiones provocará un exceso de temperatura que tendrá un costo astronómico para la naturaleza y la humanidad, y que las tecnologías de emisiones negativas aún no probadas no podrán revertir sin más».
Las tecnologías de eliminación de dióxido de carbono y las soluciones basadas en la naturaleza, como la forestación, también están asociadas a posibles efectos negativos, señaló la coautora principal, la Dra. Joanne Bentley (Iniciativa Africana sobre Clima y Desarrollo, Universidad de Ciudad del Cabo). La Dra. Bentley advirtió que, si se supera el objetivo de limitar el calentamiento global a 2°C, la pérdida de biodiversidad podría comprometer los servicios ecosistémicos de los que depende la humanidad para subsistir. Recomendó dar máxima prioridad a evitar el exceso de temperatura y, después, limitar su magnitud y duración.
La investigación fue financiada mediante una colaboración entre la Academia Africana de Ciencias y la Royal Society. El artículo se publicó en Philosophical Transactions of the Royal Society B: Biological Sciences.





