Un nuevo e impactante informe revela lo que hemos hecho al mundo natural  

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Como resultado de la actividad humana, un millón de especies animales y vegetales podrían desaparecer en las próximas décadas: la cifra más alta que jamás haya estado en riesgo en la historia de la humanidad.

Solo un replanteamiento a gran escala de los sistemas económicos y financieros del mundo puede limitar el daño causado por los seres humanos, según un nuevo informe publicado por la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES).

La actividad humana ha «alterado significativamente» el 75% de la superficie terrestre de nuestro planeta y el 66% del océano. A medida que ha aumentado la población humana, más de un tercio de la superficie terrestre y el 75% de los recursos de agua dulce se utilizan ahora para producir alimentos. Las zonas urbanas han duplicado su tamaño desde 1992.

Desde 1980, la contaminación por plásticos se ha multiplicado por diez y ahora los seres humanos vierten cada año entre 300 y 400 millones de toneladas de metales pesados, disolventes, lodos tóxicos y otros residuos de instalaciones industriales en nuestros océanos y vías fluviales.

La enorme cantidad de residuos que arrojamos al agua ha creado 400 zonas muertas en el océano, áreas con tan poco oxígeno que casi no sobrevive vida alguna.

La agricultura industrial intensiva y la sobrepesca son factores especialmente responsables del declive del mundo natural.

Una plantación de palma aceitera en Johor, Malasia Image: REUTERS/Edgar Su

Dominic Waughray, director del Centro de Bienes Públicos Mundiales del Foro Económico Mundial, afirmó que el informe era una llamada de atención para los gobiernos y las empresas.

«La ciencia deja claro que estamos en medio de una sexta extinción masiva y que no podemos seguir haciendo las cosas como siempre. Las interconexiones entre el sistema alimentario mundial, los ecosistemas y los recursos naturales, el cambio climático y la salud y los medios de vida de las personas están profundamente arraigadas».

La solución, afirmó Waughray, es una ola de innovación en todos los sectores, especialmente en las cadenas de suministro mundiales.

«Pero se nos acaba el tiempo: para desarrollar estas innovaciones y ampliarlas a la velocidad necesaria, necesitaremos que gobiernos, empresas, inversores, científicos y grupos comunitarios trabajen juntos en una cooperación radical».”

La Evaluación Global es uno de los informes más extensos y completos de su tipo: elaborado por 145 autores de 50 países, evalúa los cambios en la naturaleza durante los últimos 50 años.

El informe clasifica los cinco factores más importantes en la degradación del mundo natural hasta la fecha. Los cambios en el uso de la tierra y el mar son los más perjudiciales; en segundo lugar está la explotación directa de los organismos, seguida del cambio climático, la contaminación y, en quinto lugar, el impacto de las especies exóticas invasoras.

El sombrío panorama que se desprende encaja con el patrón de un mundo que se precipita hacia una catástrofe climática.

Desde 1980, las emisiones de gases de efecto invernadero se han duplicado y las temperaturas medias mundiales han aumentado al menos 0,7 ℃.

Estas tendencias ya están afectando la vida cotidiana en todo el mundo. Desde temperaturas récord hasta tormentas violentas, los fenómenos meteorológicos extremos —que el cambio climático hace más probables— han azotado el mundo en los últimos meses.

En otros lugares, los investigadores han dado la voz de alarma por el descenso del número de insectos: el 40% de las especies de insectos del mundo está actualmente en riesgo, lo que amenaza los ecosistemas del planeta y los cultivos.

Mientras tanto, la erosión del suelo está destruyendo una superficie de tierras de cultivo equivalente a un campo de fútbol cada cinco segundos, según la FAO.

El Informe de Riesgos Globales 2019 del Foro Económico Mundial situó el fracaso de la mitigación y adaptación al cambio climático en el puesto número 2 de los 10 principales riesgos globales, tanto por probabilidad como por impacto. Otros riesgos ambientales, incluida la pérdida de biodiversidad, dominan los diez primeros puestos.

A pesar de las conclusiones abrumadoramente negativas del informe, sus autores creen que aún hay esperanza. Pero solo si estamos dispuestos a cambiar por completo nuestra relación con el planeta.

Como explica Sir Robert Watson, presidente de la IPBES:

«El informe también nos dice que aún no es demasiado tarde para marcar la diferencia, pero solo si empezamos ahora, en todos los niveles, del local al mundial», afirmó. «Mediante un “cambio transformador”, la naturaleza aún puede conservarse, restaurarse y utilizarse de forma sostenible; esto también es clave para alcanzar la mayoría de los demás objetivos mundiales.

«Por “cambio transformador” entendemos una reorganización fundamental de todo el sistema en los ámbitos tecnológico, económico y social, incluidos los paradigmas, los objetivos y los valores».

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