El tiempo impredecible está causando estragos en este país, pero ¿a qué se debe?

The sun rises over dried up lake Pamamaroo, outside of Menindee, Australia, September 2, 2019. Prolonged drought exacerbated by demands on water resources by irrigators and cities means the Darling River (Barka) is running dry. The towns of Menindee and Wilcannia avoid drinking tap water, relying instead on charity donations of 10-litre boxes of water and rain tank water for potable uses. REUTERS/Tracey Nearmy SEARCH "NEARMY DROUGHT" FOR THIS STORY. SEARCH "WIDER IMAGE" FOR ALL STORIES. - RC15015FCE30
Aspects of drought are linked with climate change.Image: REUTERS/Tracey Nearmy
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Algunos comentaristas de los medios han aprovechado el debate sobre si el cambio climático está causando la sequía actual de Australia. La controversia gira en torno a una afirmación del eminente científico Andy Pitman: «no existe relación entre el cambio climático y la sequía». Desde entonces, el profesor Pitman ha aclarado, quiso decir que «no existe una relación directa entre el cambio climático y la sequía».

Un debate muy politizado que intenta acorralar a los científicos no ayudará mucho a las comunidades rurales que afrontan la prolongada sequía. Aun así, merece la pena comprender la complejidad de la relación entre el cambio climático y la sequía.

Entonces, ¿por qué tanta controversia?

Centrarse en palabras concretas puede parecer una discusión quisquillosa, pero la realidad es que la sequía es compleja y resulta difícil hacer afirmaciones generales y categóricas. No obstante, algunos aspectos de la sequía están relacionados con el cambio climático. Intentemos ofrecerles una idea de esa complejidad.

En primer lugar, es importante entender que la sequía es una manifestación de las interacciones entre la atmósfera, el océano y la tierra. En Australia, la Oficina de Meteorología utiliza los déficits de precipitaciones para identificar las regiones afectadas por la sequía. Quienes viven del campo no necesitan que se lo recuerden, pero la sequía actual es sumamente grave. Estos mapas muestran los patrones de déficit de precipitaciones de los últimos 36 y 18 meses y ponen de relieve la gravedad y la extensión de lo que llamamos sequía meteorológica.

Déficits generalizados de precipitaciones durante los últimos 36 meses (izquierda) y 18 meses (derecha)Image: Oficina de Meteorología de Australia

Además de su principal factor desencadenante —las escasas precipitaciones—, las sequías también pueden agravarse por la pérdida de agua por evaporación. Esta depende no solo de la temperatura, sino también de la humedad, la velocidad del viento y la luz solar. Está claro que la temperatura seguirá aumentando de forma constante en casi todas partes. El futuro de los demás factores es menos claro.

La pérdida de agua también varía según la cubierta vegetal. Las plantas responden a los niveles más altos de dióxido de carbono y a la sequía cerrando los pequeños poros de sus hojas (los estomas), lo que puede reducir la pérdida de agua en entornos húmedos. Sin embargo, en entornos con estrés hídrico, las plantas podrían usar más agua, lo que agravaría las disminuciones de lluvia previstas a largo plazo y reduciría aún más el caudal de los ríos. De hecho, podemos aprender mucho estudiando la sequía hidrológica, que se mide como un periodo de bajo caudal en los ríos.

La cuestión es que las sequías son multidimensionales y pueden afectar al suministro de agua en una amplia variedad de escalas espaciales y temporales. Una sequía estacional que reduce la humedad del suelo en una explotación agrícola y una sequía de una década que agota los embalses y las reservas de aguas subterráneas pueden ser devastadoras, aunque de maneras distintas.

¿Está afectando el cambio climático a las sequías de Australia?

El cambio climático puede afectar de distintas maneras a los indicadores y los tipos de sequía, por lo que resulta difícil hacer afirmaciones generales sobre la relación entre el cambio climático provocado por el ser humano y todos los tipos de sequía, en todos los lugares y en todas las escalas temporales.

En el sur de Australia, y en particular en el suroeste, se ha registrado un rápido descenso de las precipitaciones invernales y de la escorrentía, relacionado con el cambio climático. En el sureste también se ha producido en las últimas décadas un descenso considerable de las precipitaciones invernales y de la escorrentía total. Aunque estas reducciones concuerdan con las proyecciones sobre el cambio climático, hasta ahora es más difícil distinguir la tendencia de la variabilidad interanual.

Hay indicios de que las sequías generalizadas y prolongadas, como la sequía del Milenio, son peores que otras sequías de siglos anteriores y podrían haberse agravado por el cambio climático.

Sin embargo, es difícil discernir el papel del cambio climático en los periodos prolongados de sequía frente a las variaciones normales del tiempo y el clima. Esto es especialmente cierto en Australia, cuyo clima es mucho más variable que el de muchas otras partes del mundo.

¿Qué nos depara el futuro?

Los modelos climáticos proyectan un aumento de las temperaturas en toda Australia y un descenso continuado de las precipitaciones durante la estación fresca en el sur del país a lo largo del próximo siglo. Esto aumentará la presión sobre el suministro de agua para la agricultura, el medio ambiente y ciudades como Melbourne con el objetivo de 2 ℃ del Acuerdo de París, en comparación con el objetivo más ambicioso de limitar el calentamiento global a 1,5 ℃.

Se prevé que las precipitaciones sean más extremas, con episodios de lluvia más intensos y menos días de lluvias ligeras. Se estima que el descenso de las precipitaciones totales reducirá el caudal de los ríos en el sureste de Australia. Aunque cabe esperar que las mayores inundaciones aumenten con el cambio climático, las inundaciones menores están disminuyendo debido a la mayor sequedad de los suelos; son precisamente estas inundaciones menores las que reponen las reservas de nuestros sistemas de suministro de agua.

Es necesario actuar

Quizá no sepamos lo suficiente sobre las sequías para tener la certeza de cómo se comportarán exactamente en el futuro, pero esto no cambia el mensaje de la comunidad científica sobre el cambio climático, que sigue siendo absolutamente claro. La intensificación de las precipitaciones, la subida del nivel del mar, la acidificación de los océanos, los días más calurosos y las olas de calor más largas e intensas demuestran que el cambio climático representa una grave amenaza para Australia y el mundo. Para responder a estas amenazas, necesitamos reducciones profundas y sostenidas de las emisiones de gases de efecto invernadero y una adaptación proactiva a los efectos inevitables del cambio climático. Esto incluye centrarse desde ahora en medidas prácticas para ayudar a las comunidades rurales, que siguen sufriendo las consecuencias de un paisaje seco.

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