La contaminación del aire está matando a millones: es hora de asumir la responsabilidad por los daños que causa

Air pollution is a problem the world over, with 99% of people breathing air that exceed World Health Organization's safety guidelines.
Air pollution is a problem the world over, with 99% of people breathing air that exceed World Health Organization's safety guidelines.Image: Reuters
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  • La contaminación del aire provoca numerosos efectos negativos en la salud de quienes están expuestos a ella y causa la muerte de 7 millones de personas cada año.

  • También acelera el cambio climático y se ve agravada por este, cuyos efectos son más agudos para el 70% de la población mundial que vive en ciudades.

  • Abordar la contaminación del aire es imprescindible, y puede lograrse garantizando la rendición de cuentas intersectorial en materia de salud planetaria y humana.

La pandemia de COVID-19 se ha cobrado la vida de más de seis millones de personas: esa cifra es estremecedora y constituye una tragedia.

Pero quizá aún más estremecedor sea que, desde hace años, personas de todo el mundo son víctimas de otro asesino silencioso, que ahora causa cada año más muertes que las que causó la COVID en dos años: la contaminación del aire.

Las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) revelan que 7 millones de personas mueren cada año a causa de la contaminación del aire. La OMS estima que 9 de cada 10 personas respiran aire con altos niveles de contaminantes.

Respirar partículas finas, conocidas como PM2·5, puede agravar no solo las enfermedades pulmonares crónicas, sino también perjudicar el desarrollo pulmonar, aumentar las tasas de cáncer de mama, adelantar la aparición de enfermedades neurológicas como el alzhéimer y el párkinson e incrementar los infartos y los accidentes cerebrovasculares.

Se estima que el 90% de los niños de todo el mundo crecen respirando aire contaminado, un daño directo que escapa por completo a su control y que podría tener consecuencias durante el resto de sus vidas.

La contaminación del aire es una crisis sanitaria mundial que durante años ha pasado prácticamente inadvertida, pero que ocupará un lugar cada vez más central a medida que se intensifique la lucha contra el cambio climático.

La contaminación del aire y el cambio climático

Muchos contaminantes del aire también son gases de efecto invernadero y, por tanto, aceleran el cambio climático. Esto significa que los efectos de la contaminación del aire se producen tanto de forma directa —cuando causa problemas de salud— como indirecta, al acelerar el cambio climático.

A medida que suben las temperaturas, el aumento de los fenómenos meteorológicos extremos y del nivel del mar supondrá nuevas amenazas para la salud humana. Por eso, abordar la contaminación del aire es una prioridad importante para la salud planetaria, un concepto que describe las interacciones entre la salud humana y los entornos de los que dependemos.

Estos riesgos se concentran en las ciudades, donde vive un número cada vez mayor de personas: actualmente, más del 70% de la población mundial. Intensificar los esfuerzos para abordar la contaminación del aire en las ciudades podría frenar e invertir la tendencia al aumento de la carga de morbilidad causada por este fenómeno.

Así lo demuestra un estudio reciente, que halló que los descensos de los niveles de PM2·5 durante la primera fase de la pandemia se asociaron con una reducción significativa de los infartos en todo Estados Unidos. Sin embargo, este potencial sigue estando en gran medida desaprovechado.

La rendición de cuentas en materia de salud está en gran medida confinada al sector sanitario y desvinculada de la construcción, el transporte, la vivienda y el desarrollo urbano, aunque todos ellos pueden desempeñar un papel fundamental a la hora de determinar la calidad del aire que respiramos.

Se necesita un enfoque transversal que alinee la actividad principal de las organizaciones con el objetivo fundamental de mejorar la calidad del aire.

¿Qué se puede hacer?

El lema del Día Mundial de la Salud de 2022 fue «Nuestro planeta, nuestra salud». Este concepto nos invita a imaginar un mundo en el que todos tengan acceso al aire limpio y las personas puedan cuidar de su salud y la del planeta.

Mientras los sistemas económicos mundiales se recuperan de la pandemia, se nos presenta una oportunidad histórica para construir ciudades saludables, habitables y sostenibles. Para ello, quienes diseñan y financian los proyectos urbanos que definirán el futuro de las ciudades deberán asumir compromisos significativos y concretos.

Las ciudades saludables y sostenibles requieren mecanismos institucionalizados de gobernanza de la salud urbana que sean inclusivos y participativos, e incluyan a los jóvenes. Estas actividades deben contar con el respaldo de datos sólidos y fiables, en tiempo real, sobre cómo cambian los entornos urbanos y cómo esos cambios influyen en la salud.

La contaminación del aire es un punto de partida para la salud planetaria. Para impulsar medidas en favor del aire limpio —mejorar la salud y combatir el cambio climático— debemos replantearnos cómo entendemos la rendición de cuentas en materia de contaminación del aire y salud.

Quienes implementan las medidas, los financiadores, los educadores y la sociedad civil en su conjunto pueden contribuir a este movimiento para proteger nuestro futuro de los riesgos para la salud y el clima.

Así reacciona tu cerebro ante la contaminación del aire.
Así reacciona tu cerebro ante la contaminación del aire.
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Rendición de cuentas intersectorial

Para quienes implementan las medidas, proponemos una medición y una gobernanza participativas de la toma de decisiones urbanas, centradas en la salud planetaria. Dadas las interdependencias entre la contaminación del aire, el cambio climático y la salud, los responsables de formular políticas tienen la oportunidad de introducir reformas innovadoras en los sistemas generales que rigen la salud.

Un ejemplo de este enfoque es un sistemaintegrado de atención primaria de salud y climática, orientado a la comunidad, que vincula la resiliencia climática con la prevención primaria de enfermedades. La base de un sistema de este tipo es la vigilancia integrada de las enfermedades, los determinantes socioeconómicos de la salud y los riesgos ambientales, como la contaminación del aire.

Un sistema así podría identificar, por ejemplo, las fuentes de los aumentos repentinos de la contaminación del aire o detectar un incremento de los ingresos hospitalarios por asma infantil.

Además, quienes implementan las medidas —incluidos los responsables del sector privado que diseñan y construyen proyectos de desarrollo urbano e infraestructura— pueden comprometerse a situar la salud planetaria en el centro de todas las iniciativas de desarrollo de infraestructura urbana.

Los inversores y financiadores pueden dar prioridad al apoyo a proyectos que promuevan la colaboración intersectorial para ampliar el acceso a entornos urbanos saludables. Esto podría hacerse mediante iniciativas que respalden la creación de oficinas intersectoriales, como la iniciativa 100 Ciudades Resilientes de Rockefeller, o explorando el potencial de las alianzas público-privadas, por ejemplo, los bonos de impacto social.

Otra opción que podrían considerar los financiadores para hacer frente al aumento de la contaminación del aire es apoyar retos empresariales que fomenten la colaboración en torno a soluciones innovadoras para abordar los desafíos de la salud planetaria.

Las instituciones educativas y de investigación deberían acelerar sus esfuerzos para formar a una nueva generación de pensadores con perspectiva interseccional mediante programas de titulación conjunta o cursos.

Entre los ejemplos existentes se encuentra el desarrollo por parte de Sunway University de un plan de estudios sobre salud planetaria, dirigido a todos los estudiantes de grado, independientemente de su titulación. También recomendamos aumentar la financiación de la investigación catalizadora sobre salud planetaria en distintas disciplinas y en colaboración con entidades ajenas al ámbito académico.

Las personas y las organizaciones de la sociedad civil también pueden contribuir mediante actividades que combinen e integren la defensa del clima y la salud para impulsar acciones basadas en la evidencia e informar las prioridades de toma de decisiones. Un ejemplo es la Iniciativa UrbanBetter Cityzens, que involucra a jóvenes en la observación de su entorno —por ejemplo, midiendo la calidad del aire— y del modo en que estos factores influyen en su salud, con el fin de orientar iniciativas que configuren el diseño y el desarrollo urbanos en favor de la salud planetaria.

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