Más de 3.000 millones de personas en todo el mundo están expuestas a la contaminación del aire dentro de sus hogares por cocinar, calentarse e iluminarse con combustibles tradicionales.
La OMS ha establecido directrices sobre la cantidad de esta contaminación, pero un nuevo estudio ha descubierto que el 75 % de las cocinas superan el límite recomendado.
Matthew Shupler, académico en Salud Pública Ambiental, explica la investigación y lo que se puede hacer.
Se podría pensar que la contaminación del aire puede evitarse en interiores. Sin embargo, en todo el mundo, más de 3.000 millones de personas están expuestas a ella dentro de sus hogares por cocinar, calentarse e iluminarse con combustibles tradicionales. Se trata de combustibles que pueden obtenerse localmente y quemarse en un fuego abierto, como la leña, el carbón vegetal, el carbón mineral, el estiércol animal y la paja de trigo y las mazorcas de maíz que forman los residuos agrícolas.
El humo generado por estos fuegos es rico en hollín, también conocido como carbono negro. Estas partículas oscuras absorben la radiación ultravioleta del sol y calientan la atmósfera, contribuyendo al cambio climático.
Pero el problema no termina ahí. El carbono negro es solo un componente del PM2,5 – materia particulada de un tamaño inferior a 2,5 micrómetros que proviene de los escapes de los automóviles, los hornos de las fábricas y los fuegos abiertos, entre otras fuentes. Una vez inhaladas, estas diminutas partículas pueden afectar al corazón y a los pulmones, agravar los síntomas del asma y contribuir a los infartos, los accidentes cerebrovasculares, la neumonía y el cáncer de pulmón. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha elaborado directrices que determinan cuándo el aire interior deja de ser seguro para respirar, y una de sus metas recomienda limitar la concentración de estas partículas finas a 35 microgramos por metro cúbico.

Con tantas personas que usan tipos tan diversos de combustibles para cocinar en casa, ¿están todas igualmente expuestas al riesgo? Para averiguar cómo varían los niveles de contaminación del aire doméstico en todo el mundo, recopilamos datos de calidad del aire de 2.500 cocinas en comunidades rurales donde más del 10 % de los hogares utilizaba combustibles tradicionales. Estas se encontraban en ocho países – Bangladés, Chile, China, Colombia, India, Pakistán, Tanzania y Zimbabue –, donde la contaminación del aire doméstico causada por la cocción de alimentos sigue siendo un importante problema de salud pública.
Sin alivio en interiores
Descubrimos que el 75 % de las cocinas de las comunidades estudiadas tenía concentraciones de partículas finas que superaban el límite de la OMS. Mientras tanto, los hogares que usaban cocinas de gas y eléctricas presentaban niveles de PM2,5 y de carbono negro que, de media, eran un 50 % inferiores a los de los hogares que cocinaban con leña y residuos agrícolas, y un 75 % inferiores a la media de los hogares que cocinaban con estiércol animal.
Además de un aire más limpio, las personas que compraban bombonas de gas en una tienda cercana o usaban electricidad para cocinar podían disponer de más tiempo libre, ya que, en algunos casos, no necesitaban viajar una hora o más para recoger leña.
Aun así, más del 60 % de los hogares que cocinaban con gas y electricidad seguían teniendo niveles de PM2,5 superiores a las directrices de la OMS. Dado que las cocinas de gas y eléctricas emiten poco o nada de PM2,5, esto sugiere que la contaminación del aire exterior penetraba en estos hogares y alcanzaba en las cocinas niveles potencialmente peligrosos.
Las personas que cocinaban con gas en Chile y Colombia tenían menos de la mitad de los niveles de PM2,5 en sus cocinas que las que usaban los mismos combustibles en China e India. Los participantes de nuestro estudio que vivían en China e India y se desplazaban al trabajo también estuvieron expuestos a niveles más altos de PM2,5 durante el día que quienes permanecían en casa. Esto sugiere que las fuentes exteriores contribuyen en gran medida a la contaminación del aire que respiran las personas en estos países de desarrollo acelerado, incluso dentro de los hogares. Esto es especialmente cierto en India y China, que tienen algunos de los niveles de contaminación exterior más altos del mundo.
Las fuentes comunes de contaminación exterior no se limitan a los sospechosos habituales –fábricas, tráfico y centrales eléctricas de carbón–. También incluyen la quema local de basura y los incendios agrícolas, que ayudan a despejar de malezas y residuos los campos antes de que los agricultores siembren nuevos cultivos. La contaminación del aire procedente de los hogares que cocinan con leña y otros combustibles de biomasa en la misma comunidad también puede infiltrarse en las viviendas vecinas que podrían estar usando cocinas de gas y eléctricas.
Cómo reducir la contaminación del aire doméstico
Los gobiernos nacionales deberían ayudar a comunidades enteras a pasar al gas o a la electricidad para cocinar, a fin de reducir la exposición de todos a la contaminación del aire interior. Sin embargo, un cambio generalizado en todas las comunidades probablemente sea difícil. Muchos hogares con cocina de gas o eléctrica siguen cocinando con leña para ciertas comidas, ya sea porque un quemador de gas no puede acomodar una olla lo bastante grande para toda la familia o porque las personas prefieren el sabor de los alimentos cocinados en una cocina tradicional de leña o carbón vegetal. En ocasiones, las familias cocinan con leña para intentar ahorrar gas y dinero.

Las instituciones de investigación y los gobiernos están invirtiendo mucho para reducir el precio del gas y la electricidad y crear cocinas modernas que sean culturalmente apropiadas y estén ampliamente disponibles. Pero, dado que muchas de las personas de nuestro estudio seguían respirando aire nocivo en hogares con cocinas de combustión limpia, la acción contra la contaminación del aire no puede limitarse a las cocinas.
La imposición de normas estrictas de calidad del aire a las industrias y la eliminación gradual de los combustibles fósiles del sector energético reducirían la contaminación del aire exterior. Fomentar prácticas agrícolas y de gestión de residuos más sostenibles también podría reducir las fuentes locales de contaminación. Las políticas que reduzcan la contaminación del aire tanto interior como exterior no solo harían que miles de millones de personas fueran más saludables, sino que también podrían frenar el ritmo del cambio climático.




