La carne de vacuno y el cambio climático están en las noticias estos días, desde los supuestos pedos de alto contenido en metano (verificación de datos: en realidad son sobre todo eructos de alto contenido en metano) hasta las comparaciones con los automóviles y los aviones (verificación de datos: el mundo necesita reducir las emisiones procedentes de los combustibles fósiles y la agricultura para contener suficientemente el calentamiento global). Y, como ocurre con tantas cosas en la esfera pública últimamente, es fácil que el debate se polarice. Los alimentos de origen animal son nutritivos y especialmente importantes para el sustento y la dieta en los países en desarrollo, pero también son usuarios ineficientes de recursos. La producción de carne de vacuno está volviéndose más eficiente, pero los bosques siguen talándose para crear nuevos pastos. La gente dice que quiere comer más vegetales, pero el consumo de carne sigue aumentando.
Todas las afirmaciones anteriores son ciertas, aunque parezcan contradictorias. Eso es lo que hace que el debate sobre la carne de vacuno y la sostenibilidad sea tan complicado y, al mismo tiempo, tan polémico.
Aquí analizamos las investigaciones más recientes (incluido nuestro reciente World Resources Report) para responder a seis preguntas frecuentes sobre la carne de vacuno y el cambio climático:
1. ¿Cómo provoca la producción de carne de vacuno emisiones de gases de efecto invernadero?
La respuesta breve: A través del proceso de producción agrícola y mediante el cambio en el uso de la tierra.
La explicación más detallada: Las vacas y otros rumiantes (como las cabras y las ovejas) emiten metano, un potente gas de efecto invernadero, al digerir hierbas y plantas. Este proceso se denomina «fermentación entérica» y es el origen de los eructos de las vacas. El metano también se emite a partir del estiércol, y el óxido nitroso, otro potente gas de efecto invernadero, se emite a partir de los residuos de los rumiantes en los pastos y de los fertilizantes químicos utilizados en los cultivos destinados a la alimentación del ganado.
De forma más indirecta, pero también importante, el aumento de la producción de carne de vacuno exige cada vez más superficie de tierra. Con frecuencia, las nuevas zonas de pastos se crean talando árboles, lo que libera el dióxido de carbono almacenado en los bosques.
Un estudio de 2013 de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estimó que las emisiones anuales totales de la agricultura animal (emisiones de producción más cambio en el uso de la tierra) representaban alrededor del 14,5 por ciento de todas las emisiones humanas, de las cuales la carne de vacuno contribuía con un 41 por ciento. Esto significa que las emisiones de la producción de carne de vacuno son aproximadamente equivalentes a las de India. Dado que la FAO solo tuvo en cuenta de forma moderada las emisiones por cambio en el uso de la tierra, se trata de una estimación conservadora.
También se prevé que las emisiones relacionadas con la carne de vacuno aumenten. Partiendo de una proyección de la FAO, estimamos que la demanda mundial de carne de vacuno y de otras carnes de rumiantes podría crecer un 88 por ciento entre 2010 y 2050, lo que ejercería una enorme presión sobre los bosques, la biodiversidad y el clima. Incluso teniendo en cuenta las mejoras continuas en la eficiencia de la producción de carne de vacuno, las zonas de pastoreo podrían seguir expandiéndose en unos 400 millones de hectáreas, una superficie mayor que el tamaño de India, para satisfacer la demanda creciente. La deforestación resultante podría aumentar las emisiones mundiales lo suficiente como para que el objetivo mundial de limitar el aumento de la temperatura a 1,5-2 grados C (2,7-3,6 grados F) quede fuera de alcance.
2. ¿Consume la carne de vacuno más recursos que otros alimentos?
La respuesta breve: Sí.
La explicación más detallada: Los rumiantes tienen tasas de crecimiento y reproducción más bajas que los cerdos y las aves de corral, por lo que necesitan una mayor cantidad de pienso por unidad de carne producida. El pienso animal requiere tierras para su cultivo, lo que implica un coste de carbono, como analizamos más adelante. En conjunto, la carne de vacuno es más intensiva en recursos que la mayoría de los demás tipos de carne, y los alimentos de origen animal en general consumen más recursos que los de origen vegetal. La carne de vacuno requiere 20 veces más tierra y emite 20 veces más emisiones de GEI por gramo de proteína comestible que las proteínas vegetales comunes, como las judías. Y, aunque la mayoría de las praderas del mundo no pueden cultivar cereales ni árboles, estas «praderas nativas» ya se utilizan intensamente para la producción ganadera, lo que significa que una demanda adicional de carne de vacuno probablemente aumentará la presión sobre los bosques.

3. ¿Por qué algunas personas dicen que la producción de carne de vacuno solo contribuye poco a las emisiones?
La respuesta breve: Estas estimaciones suelen omitir los impactos del uso de la tierra, como la tala de bosques para establecer nuevos pastos.
La explicación más detallada: Existen muchas estadísticas que contabilizan las emisiones de la producción de carne de vacuno, pero no las del cambio en el uso de la tierra asociado. Por ejemplo, estas son tres estimaciones habituales de EE. UU. que escuchamos:
La Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidosestimóque las emisiones agrícolas totales de EE. UU. en 2017 representaban solo el 8 por ciento de las emisiones totales del país;
Un estudio de 2019publicado en Agricultural Systems estimó que las emisiones de la producción de carne de vacuno representaban solo el 3 por ciento de las emisiones totales de EE. UU.; y
Un estudio de 2017publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences estimó que eliminar todos los animales de la agricultura de EE. UU. reduciría las emisiones del país solo un 3 por ciento.
Aunque todas estas estimaciones contabilizan las emisiones de la producción agrícola de EE. UU., dejan de lado un elemento crucial: las emisiones asociadas a destinar tierras a la agricultura. Un acre de tierra destinado a la producción de alimentos es, con frecuencia, un acre que podría almacenar mucho más carbono si se dejara crecer como bosque o con su vegetación autóctona. Y, al considerar las emisiones asociadas a la producción nacional de carne de vacuno, no basta con mirar dentro de las fronteras nacionales, sobre todo porque la demanda mundial de carne de vacuno está en aumento. Como los alimentos son una mercancía global, lo que se consume en un país puede provocar impactos en el uso de la tierra y emisiones en otro. Un aumento del consumo de carne de vacuno en EE. UU., por ejemplo, puede dar lugar a la deforestación para abrir paso a pastos en América Latina. Por el contrario, una reducción del consumo de carne de vacuno en EE. UU. puede evitar la deforestación (y las emisiones por cambio en el uso de la tierra) en el extranjero.
Cuando se tienen en cuenta estos efectos de la producción de carne de vacuno sobre el uso de la tierra, encontramos que las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a la dieta media de estilo estadounidense se aproximan a las emisiones per cápita de EE. UU. relacionadas con la energía. Un análisis relacionado reveló que las emisiones asociadas a la dieta media de los europeos, al tener en cuenta los impactos del uso de la tierra, son similares a las emisiones per cápita que normalmente se atribuyen al consumo de todos los bienes y servicios de cada europeo, incluida la energía.
4. ¿Puede producirse carne de vacuno de forma más sostenible?
La respuesta breve: Sí, aunque la carne de vacuno siempre requerirá muchos recursos para su producción.
La explicación más detallada: La intensidad de emisiones de la producción de carne de vacuno varía mucho en todo el mundo, y las mejoras en la eficiencia de la producción ganadera pueden reducir considerablemente el uso de la tierra y las emisiones por libra de carne. Mejorar la calidad del pienso y la atención veterinaria, criar razas animales mejoradas que conviertan el pienso en carne y leche de forma más eficiente, y utilizar prácticas de gestión mejoradas, como el pastoreo rotativo, pueden aumentar la productividad y la salud del suelo, al tiempo que reducen las emisiones. A su vez, aumentar la productividad puede aliviar la presión sobre los bosques tropicales al reducir la necesidad de más pastos.
Abundan los ejemplos de estas prácticas mejoradas. Por ejemplo, parte de la producción de carne de vacuno en Colombiaintegra árboles y hierbas en los pastos, lo que ayuda a que la tierra produzca más cantidad y mejor calidad de pienso. Esto puede permitir a los agricultores cuadruplicar el número de vacas por acre, reduciendo considerablemente las emisiones de metano por libra de carne, ya que las vacas crecen más rápido. Un estudio de granjas lecheras en Keniaconcluyó que complementar las dietas habituales del ganado vacuno con piensos de alta calidad, como la hierba napier y los arbustos Calliandra ricos en proteínas —que pueden acelerar el crecimiento del ganado y aumentar la producción de leche— podría reducir las emisiones de metano por litro de leche entre un 8 y un 60 por ciento.

También existen tecnologías emergentes que pueden reducir aún más los eructos de las vacas, como los aditivos para el pienso como 3-nitrooxipropano (3-NOP). La mejora de la gestión del estiércol y el uso de tecnologías que evitan que el nitrógeno de los residuos animales se transforme en óxido nitroso también pueden reducir las emisiones agrícolas.
5. ¿Necesitamos todos dejar de comer carne de vacuno para frenar el cambio climático?
La respuesta breve: No.
La explicación más detallada: Frenar el cambio climático no exigirá que todos se hagan vegetarianos o veganos, ni siquiera que dejen de comer carne de vacuno. Si el consumo de carne de rumiantes en los países de alto consumo se redujera a unas 50 calorías al día o a 1,5 hamburguesas por persona a la semana —alrededor de la mitad de los niveles actuales de EE. UU. y un 25 por ciento menos que los niveles europeos actuales, aunque todavía muy por encima de la media nacional de la mayoría de los países—, se eliminaría casi por completo la necesidad de una expansión agrícola adicional (y de la deforestación asociada), incluso en un mundo de 10 000 millones de personas.
Las dietas ya están cambiando en algunos lugares. El consumo per cápita de carne de vacuno ya ha disminuido un tercio en los Estados Unidos desde la década de 1970. Las hamburguesas de origen vegetal y las alternativas mixtas de carne y vegetales son cada vez más competitivas frente a los productos cárnicos convencionales en atributos importantes como el sabor, el precio y la comodidad. El mercado de las alternativas de origen vegetal crece a un ritmo elevado, aunque partiendo de una base baja.
Existen también otras razones de peso para que las personas opten por alimentos de origen vegetal. Algunos estudioshan demostrado que el consumo de carne roja se asocia con un mayor riesgo de cardiopatías, diabetes tipo 2, accidentes cerebrovasculares y cáncer colorrectal, y que las dietas con más alimentos vegetales saludables (como cereales integrales, frutas, verduras, frutos secos y legumbres) se asocian a riesgos menores. En regiones de altos ingresos como América del Norte y Europa, las personas también consumen más proteínas de las que necesitan para cubrir sus necesidades dietéticas.
6. ¿Sería malo para el empleo en el sector de la alimentación y la agricultura comer menos carne de vacuno?
La respuesta breve: No necesariamente.
La explicación más detallada: Dado el crecimiento previsto de la demanda de carne en el mundo en desarrollo, incluso si las personas en países de mayores ingresos comen menos carne de vacuno, es probable que el mercado mundial de carne de vacuno siga creciendo en las próximas décadas. El escenario del gráfico anterior supone un crecimiento del 32 por ciento del consumo mundial de carne de rumiantes entre 2010 y 2050, frente al 88 por ciento con la tendencia habitual. En EE. UU., a pesar de la disminución del consumo per cápita de carne de vacuno, la producción total de carne de vacuno se ha mantenido estable desde la década de 1970. La creciente demanda en mercados emergentes como China generará más oportunidades de exportación en los principales países productores de carne de vacuno, aunque desarrollar estos mercados requiere tiempo.
Además, las principales empresas cárnicas —entre ellas Tyson Foods, Cargill, Maple Leaf Foods y Perdue— están empezando a invertir en el mercado de proteínas alternativas, que crece con rapidez. Se posicionan de forma más amplia como «empresas de proteínas», mientras trabajan para reducir las emisiones de la producción de carne de vacuno en sus cadenas de suministro mediante mejores prácticas productivas.
Hacia un futuro alimentario sostenible
La carne de vacuno consume más recursos que la mayoría de los demás alimentos y tiene un impacto considerable en el clima. Un futuro alimentario sostenible requerirá una serie de estrategias desde la granja hasta el plato. Tanto los productores como los consumidores de alimentos tienen un papel que desempeñar para reducir las emisiones de la carne de vacuno a medida que la población mundial sigue creciendo. Y, mientras todos trabajamos en estrategias para frenar el cambio climático —ya sea en el sector agrícola, en el sector energético o en otros ámbitos—, es importante que nos basemos en la mejor información disponible para tomar decisiones.





