Fin de semana de Acción de Gracias de 1966. Una densa capa de esmog envolvió Nueva York. Las autoridades sanitarias advirtieron a los residentes con afecciones respiratorias o cardíacas que permanecieran en casa, mientras el aire tóxico cubría la ciudad con una neblina.
Se puso a los residentes en alerta: las autoridades pidieron a la población que adoptara medidas voluntarias para reducir las emisiones.
Finalmente, tres días después, el 26 de noviembre, un frente frío disipó la contaminación.
Un estudio publicado ese mismo año estimó que el 10% de la población de la ciudad había sufrido algún tipo de efecto adverso en la salud como consecuencia del esmog; posteriormente se reconoció que también había habido muertes.
En aquel momento, este fue el tercer episodio importante de esmog que afectó a Nueva York. Pasó a formar parte de la memoria cultural y hoy se considera un punto de inflexión. La ciudad de Nueva York actualizó sus leyes sobre los niveles permitidos de contaminación atmosférica, y el presidente Lyndon B. Johnson aprobó posteriormente una legislación federal que se convertiría en la Ley de Calidad del Aire de 1967 y en la Ley de Aire Limpio de 1970.
Con grandes aeropuertos, taxis por doquier y una población de 8,6 millones, mantener estrictamente controlada la contaminación atmosférica en una ciudad como Nueva York será una lucha constante. Sin embargo, la Nueva York actual quiere demostrar que no ha olvidado las lecciones del pasado. Estas son algunas de las medidas que está tomando la ciudad para volverse más ecológica.
1. Las escuelas están eliminando la carne
Desde septiembre, los comedores escolares de la ciudad de Nueva York eliminarán la carne de sus menús un día a la semana. En 1.800 escuelas públicas, los estudiantes solo tendrán opciones vegetarianas los lunes, en un esfuerzo por mejorar la salud y reducir el consumo de carne.
La ganadería es uno de los principales contribuyentes a las emisiones de gases de efecto invernadero y representa el 14,5% de las emisiones mundiales causadas por los seres humanos. El ganado bovino, como especie, genera dos tercios de esas emisiones.
Las escuelas de Nueva York también cuentan con instalaciones de reciclaje para enseñar a los niños a separar los residuos alimentarios de otros tipos de basura, y han prohibido los platos de poliestireno en favor de los compostables.
2. Se rebela contra la «moda rápida»
Los diseñadores de moda de la ciudad están uniendo fuerzas para cambiar la actitud de usar y tirar respecto a la ropa, que se ha extendido con el auge de las copias baratas y de rápida producción de las prendas de pasarela. Make Fashion Circular, una iniciativa lanzada por la Fundación Ellen MacArthur, busca crear una economía circular de la moda en la que la ropa se fabrique con materiales renovables y se creen prendas nuevas a partir de las antiguas.
Cada año, la ciudad de Nueva York envía a los vertederos 200 millones de libras de ropa (el equivalente a más de 440 estatuas de la Libertad). En todo el mundo, el 73% de los materiales utilizados para fabricar ropa acaba en vertederos o se quema tras su uso, y menos del 1% de la ropa usada se reutiliza para fabricar prendas nuevas.
Marcas como ASOS, Gap y H&M colaborarán con el Departamento de Saneamiento de la ciudad de Nueva York y contribuirán a una red de más de 1.100 puntos de recogida repartidos por la ciudad, donde la gente podrá entregar ropa usada para darle una nueva vida.
3. Está dando más protagonismo a las energías renovables
En un esfuerzo por reforzar el compromiso de la ciudad con la energía limpia, el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, anunció una inversión de 1.400 millones de dólares para financiar proyectos de energía renovable que suministrarán electricidad a 430.000 hogares. El dinero —la mayor inversión individual de un estado en energías renovables en la historia de EE. UU.— se destinará a 26 iniciativas a gran escala, entre ellas 22 parques solares, tres parques eólicos y un proyecto hidroeléctrico.
La medida forma parte del plan del gobernador para cubrir el 50% de las necesidades energéticas de Nueva York con fuentes renovables para 2030.
Se espera que los proyectos estén en funcionamiento para 2022 y reduzcan las emisiones de carbono en 1,6 millones de toneladas métricas, el equivalente a retirar 340.000 coches de las carreteras. También crearán 40.000 empleos en el sector de la energía limpia para 2020.

4. Los conductores pagarán por la congestión
Por primera vez en el país, se establecerá un peaje por congestión para los conductores que circulen por la zona de Manhattan. Los coches que pasen por los controles electrónicos en las zonas más concurridas de la ciudad deberán pagar una tarifa.
Además de buscar reducir las emisiones al sacar coches de las carreteras, se espera que la iniciativa recaude miles de millones de dólares que se reinvertirán en el transporte público. El plan se anunció como parte del presupuesto de 2020, que también incluía propuestas para prohibir las bolsas de un solo uso.
Un puñado de otras ciudades internacionales aplica peajes similares, entre ellas Londres, Estocolmo, Oslo y Singapur. Desde la introducción del sistema de Londres en 2003, el volumen de tráfico en la zona de cobro ha disminuido aproximadamente en un tercio, mientras que el número de ciclistas ha aumentado considerablemente.






